DOSSIER 9.2: De la presencia de Dionisio Cisneros en el Valle del Tuy

Por: Iván López Calero

 

      En contexto

      La segunda batalla librada en la sabana de Carabobo el 24 de junio de 1821 tuvo como resultado final la derrota del ejército español presente en ese campo y el afincamiento del proceso de la independencia de la Provincia de Venezuela iniciado en 1810, pero, lo que no se logró, fue reducir por completo la presencia de tropas realistas fieles al régimen monárquico español, ejército que adoptó como táctica de guerra la retirada y el acantonamiento en lugares fortificados y espacios selváticos poco explorados, como lo fueron Puerto Cabello, Coro, Maracaibo, los Llanos, o los Valles del Tuy, entre otros, esto con la intención de desarrollar una estrategia que permitiera consolidar las posiciones tomadas, articular y fortalecer una resistencia y entablar una guerra de guerrillas contra la naciente república en espera de auxilios que fueran enviados desde España o de las otras colonias aún controladas por el imperio, como lo eran entonces Cuba y Puerto Rico.

      No se trata de negar la transcendencia histórica de la Batalla de Carabobo, sino de reconocer que justamente a raíz del gran logro que significó en términos de lo conquistado y lo que significa aún para la historia venezolana, a su vez, también permite revisar el accionar de los agentes y personas, tanto militares como civiles, adeptas al régimen monárquico español presentes en Venezuela y sus participaciones en el proceso post Carabobo para recuperar la provincia en favor de la Corona Española, que duró algo más de una década de luchas, en su libro “Cesarismo Democrático” el escritor Laureano Vallenilla Lanz expresó sobre este hecho lo siguiente:

En Carabobo se conquistó a Caracas, pero la guerra, que ya tenía diez años continuó en el resto del país… Poblaciones enteras continuaron proclamando al rey de España hasta 1827, con la revolución de Agustín Bescanza, y el 29 con Arizábalo, en cuyos movimientos estaban comprometidos multitud de venezolanos… (Pág. 20)

      Desde ese momento de Carabobo  y durante algo más de una década se desarrollaron diversos intentos por mantener una lucha realista en contra de la naciente república, reflejadas en acciones militares y guerreristas conducidas por hombres que expresaban una especial adhesión al rey de España tales como el Mariscal Miguel de la Torre y el general Tomás Morales en Puerto Cabello hasta el año de 1823 cuando son vencidos, el ataque conducido por el Capitán de Navío Ángel Laborde y Navarro que desembocó en la batalla naval del Lago de Maracaibo ese mismo año del 23, los levantamientos de Antonio Ramos en los llanos y Alejo Mirabal, el surgimiento de los Güires de Manuel Ramírez y Juan Celestino Centeno entre los años de 1823 al 1827, demuestran que la guerra de Independencia no fue sellada en Carabobo y develan la intención de los partidarios del Rey español por mantener una esperanza de reconquista del territorio de la Provincia de Venezuela, que en muchos aspectos estuvo basada en la desestabilización del gobierno republicano, en la intromisión extranjera y en el terror impuesto a la población venezolana.

Batalla de Carabobo, Óleo de Martín Tovar y Tovar, año 1888 (Detalle)

      El faccioso y sus acciones en el Tuy

      Entre todos los nombres, de esas reacciones referidas resalta el nombre de Dionisio Cisneros personaje que destacó por ser extremadamente fiel al Rey de España y al sistema monárquico, que se mantuvo durante una década en una guerra total en contra de la naciente República en la Provincia de Venezuela, en procura y defensa de los Derechos de la Corona Española y de la religión católica, teniendo como principal teatro de sus operaciones al Valle del Tuy.

      Dionisio Ramón del Carmen Cisneros Guevara, nació en la población de Baruta el 8 de abril de 1793, fue hijo del mestizo Juan Antonio Cisneros y su madre fue una india llamada Paula Antonia Guevara, su fe de bautismo quedo registrada en el libro 6° de Bautizos, folio 244 ubicado en la Parroquia Nuestra Señora del Rosario de Baruta (dato tomado de Valderrama y Figuera) Cisneros de niño se crió en la población de Santa Lucía y luego de joven trabajó como arriero de recuas para un hombre llamado José García en Baruta,  llevando mercancías entre Caracas, los Valles del Tuy, los Valles de Aragua y el alto llano, lo cual le permitió adquirir en ese entonces un vasto conocimiento de los caminos y parajes de las regiones de los Mariches, la cadena montañosa del centro-norte y de la cordillera del interior del Valle del Tuy.

      De la procedencia de Cisneros nos dice José Domingo Díaz, en su obra “Recuerdos sobre la rebelión de Caracas”, (publicada por primera vez en España en 1829), lo siguiente:

Este era un vecino natural del pueblo de Baruta, distante tres leguas de ella, arriero de profesión, de una conducta irreprensible, de una claridad de entendimiento poco común, de un valor sin término, y de una fidelidad heroica. (Pág. 316)

      Existen pocos datos de la actividad y de los cargos que desempeñó Cisneros durante el proceso de la independencia, y todos los registros apuntan a que tomó las armas en favor de la causa realista el año de 1820, en su Autobiografía José Antonio Páez refiere: “un indio llamado José Dionisio Cisneros, que había sido sargento del ejército español, y servido en sus filas por mucho tiempo” y en su obra José Domingo Díaz refiriéndose  a este hecho apunta que:

Entró en 1820 a servir voluntariamente de soldado de caballería en la columna que fue deshecha por Bermúdez en el pueblo de Santa Lucía, agregándose después de aquella derrota a la división del brigadier Pereira. (Pág. 316)

Paisaje Tuyero, óleo de José Ygnacio Guzmán, 2015

      En este apunte Díaz hace alusión a la Batalla de Santa Lucía del Tuy librada el 28 de mayo de 1821 en el sitio de Macuto, entre el ejército republicano comandado por José Francisco Bermúdez y el ejército realista comandado por el Coronel José Pereira, luego de esta, Cisneros al saber de la noticia de Carabobo, se separa del Batallón a la orden del coronel Pereira y se va a las montañas, acompañado de otros de sus compañeros de armas, iniciando así una resistencia que durará por espacio de algo más de una década.

      A partir de ese momento Cisneros y otros de sus compañeros de armas, entre indios, mulatos, zambos y alguno que otro blanco de orilla, se internan en la espesura de las selvas de la cordillera del interior en los Valles del Tuy, crean una resistencia, que no solo hostigó a las autoridades republicanas, sino que se encargó de atacar sistemáticamente a las principales haciendas y centros de producción agrícolas de los cantones o poblaciones cercanas a Caracas, especialmente a las del Tuy y Barlovento, porque eran su principal fuente de abastecimiento de alimentos y otros rubros como carbón y leñas, Páez en su autobiografía expresó:

Por espacio de once años estuvo recorriendo los valles del Tuy hasta las inmediaciones de Caracas, cometiendo impunemente todo género de tropelías; pues atrincherado con los suyos en los montes y vericuetos inaccesibles, se defendía con ventaja de las fuerzas que se enviaban contra él. (Pág. 165)

  Ataques sistemáticos de rápida entrada y salida a las poblaciones del Tuy, caracterizaron la práctica de guerra de Cisneros, algunas de esas acciones fueron conducidas directamente por él o por otros miembros de su facción que se hacían pasar por su persona, como el caso de su primo hermano Gerónimo Cisneros,  que condujo una acción contra el pueblo de Charallave el 26 de octubre de 1821, el cual entró al pueblo gritando ¡Viva el Rey! Y saqueando la población. En algunos casos los ataques fueron simultáneos en distintos poblados, haciendo creer a sus habitantes que se trataba de Dionisio.

      En una nota escrita por Simón Bolívar refiriéndose a las acciones de Cisneros en el Tuy citada por Miguel Izard se puede apreciar:

…en la parte más fértil de Venezuela, en el rico Valle del Tuy, las principales haciendas han sido abandonadas por sus propietarios temerosos del famoso ladrón Cisneros, quien durante los últimos cuatro años ha desafiado las fuerzas del ejecutivo, y al presente, ante los propios ojos del presidente, comete toda suerte de depredaciones a diez millas apenas de Caracas…

    El día 23 de mayo de 1822 Cisneros nuevamente asaltó al pueblo de Charallave entrando a las 7 de la noche, robando la oficina del estanco de tabaco y asesinando a un hombre llamado Miguel Moreno, y llevándose 10 armas de fuego, entre fusiles y Carabinas, partiendo luego por el Camino de Caracas por los lados de la hacienda de los Alvarenga.

      Una de las acciones más sangrientas realizada por la famosa facción guerrillera, se llevó a cabo el día 10 de septiembre de 1822, sobre el cuartel de milicias en Santa Lucía donde: “Cisneros, junto con 67 guerrilleros sorprendió al cuartel de Santa Lucía y asesinó a 19 soldados después de rendidos” (tomado de Valderrama y Figuera, Pág. 25)

    Esto siguió sucediendo hasta el año de 1831, con mayor o menor intensidad, dependiendo de las persecuciones o acciones que realizara el gobierno de la República en pro de la captura de los facciosos, y que en muchas de las ocasiones también actuaron de forma tanto o más perjudicial para el pueblo tuyero que el mismo Cisneros y su partida de soldados realistas, José Domingo Díaz se refirió a este hecho con la siguiente nota: El gobierno de Caracas sospechaba de la mayor parte de los habitantes de esta ciudad, y fueron muchos presos, ocupados sus bienes y expulsados. (Pág. 333)

      Y es que el gobierno republicano tenía toda la razón de sospechar, ya que eran varios los colaboradores “clandestinos” que prestaban sus auxilios financieros, materiales y morales a la facción, creando así un complejo entramado de apoyo a la causa de reconquista del territorio centrada en el accionar del llamado “Último Realista”. El ferviente realista caraqueño José Domingo Díaz, muchos años después lo reveló en sus memorias al expresar lo siguiente sobre ese hecho:

Jamás fueron atacados, porque ellos solos y algunos buenos americanos de Caracas y Puerto Cabello eran dueños del secreto de su posición; pero además siempre fueron despreciados los frecuentes indultos y ofrecimientos del gobierno de la rebelión. (Pág. 263)

      Este pasaje de Díaz no solo revela el apoyo interno que recibía la facción, demuestra además que el accionar de Dionisio Cisneros no era un hecho de bandoleros aislados, sino que estaban conectados a elementos externos, representantes de la corona española, todos enlazados por un plan de reconquista del territorio venezolano en favor de Fernando VII, otro hecho que revela las conexiones internas de apoyo a Cisneros, fue el robo realizado a una encomienda de remesas enviadas desde Caracas para Altagracia de Orituco, a través de las montañas de Guatopo, donde el día 22 de julio de 1827 a las 11 de la mañana fueron asaltados los encomendados entre las cabeceras del río Lagartijo y la Quebrada de Mesia, despojándolos de un cargamento de 2 mil pesos, este asalto levantó muchas sospechas sobre las comandancias de Charallave y la Sabana de Ocumare del Tuy, porque nunca se informó de las salidas, nunca se cumplieron las medidas de seguridad regulares para tal traslado de dinero, por lo cual no se contó con una escolta adecuada, al jefe político de Charallave se le habían enviado ordenes de preparar una partida de 25 milicianos que sirviera de escolta a la encomienda y este nunca dio cumplimiento a esa orden, además al llegar a Charallave el Teniente visitador de Altagracia de Orituco, Vicencio Camero, dijo en publicó y en alta voz que llevaba un cargamento de dinero.

      En los días posteriores al robo se logró capturar a un indio llamado José Flores el cual en un interrogatorio que se le aplicó el día 28 de julio declaró que: ese día había escuchado por los lados de la quebrada de Mesia unos disparos, y al instante apareció Cisneros con 50 hombres armados y traían tres cargas de dinero, en seis cajones montados en seis mulas. Que el dinero lo repartió entre sus hombres, incluyendo a Ramón Peña y Lorenzo López, miembros de las milicias de Ocumare del Tuy que venían custodiando la carga.

      Finalmente el día 17 de noviembre de 1831 el General José Antonio Páez se reúne con Dionisio Cisneros en la Montaña de El Lagartijo, en el Cantón de la Sabana de Ocumare (hoy Ocumare del Tuy) y logra la pacificación del último realista, reconociendo su grado de Coronel y cediendo a las peticiones de este. Del encuentro ocurrido entre Páez y Cisneros, el Coronel Edward Stopford, que para ese momento ejercía el cargo de comandante de la “Columna de Operaciones contra Cisneros”, en una carta enviada al cónsul de Gran Bretaña en Venezuela Sir Robert Ker Porter, le escribió:

“…Cisneros no quería venir aquí, así que fuimos nosotros a él, la escena era verdaderamente pintoresca sus hombres estaban todos en armas vestidos de ropas estrafalarias pero militares… Si yo hubiese visto antes a Cisneros (pero que esto quede entre nosotros) nunca hubiera propuesto una entrevista con él. Su cara es la imagen del pesar y la sangre singularmente reunidos…”

Sir Robert Ker Porter 1777 Inglaterra – 1842 Rusia. Agregado Diplomático Británico en Venezuela entre 1825 a 1842.

      Cisneros desde ese entonces no fue más calificado de bandolero o faccioso, siendo incluso que el 23 de marzo de 1832 el Senado y la Cámara de Representantes reunidos en sesión en el Congreso de la República, aprobaron el Decreto emitido por el presidente Páez el 22 de noviembre de 1831, que aceptaba la sumisión de Dionisio Cisneros, y donde se acordaba reconocerlo como coronel de la República de Venezuela, además de dar amnistía para cada uno de sus soldados y el reconocimiento de sus grados.

      Posteriormente a Cisneros se le concedieron tierras y propiedades en el Valle del Tuy llegando incluso con el tiempo a ejercer cargos de poder en la región, poco a poco y bajo la protección de Páez, comenzó a realizar nuevamente tropelías contra hacendados y los pueblos tuyeros, cometiendo asesinados por antojo y/o con la intención de apoderarse de tierras u otro capricho que se le antojara. Páez en su Autobiografía expuso sobre ese particular lo siguiente:

…hice que se le cedieran terrenos en el Tuy para que los cultivara con sus antiguos compañeros. Como el hombre no había conocido otra ley que su voluntad y la violencia, no dejó de cometer algunas tropelías, que yo le disimulé… A toda observación que se le hacía cuando violaba alguna ley, con­testaba que él no se había presentado al Gobierno ni á la República sino á su compadre; que él era para la ley (de su com­padre y para ninguna otra). Así decía el coronel Stopford encargado por algún tiempo de su persecución: “La liga que nos une en el día con Cisneros es sola y exclusivamente la persona de V.E., y faltando esta no hemos conseguido nada. Ni respeta nuestro Gobierno ni sus leyes, como él mismo lo da á entender en todas direcciones”. (pág. 173)

Gral. José Antonio Páez, Venezuela 1790 – EE.UU. 1873.

      Este accionar de Cisneros vino a suponer para los Valles del Tuy la profundización del desmontaje de la actividad productiva de la región y la salida de los pocos hacendados de la misma, que tal vez hubiesen podido iniciar un proceso de recuperación de la región, en el periodo de la post guerra de independencia, y de sus acciones guerreristas, que lamentablemente retardo esa recuperación hasta las primeras décadas del siglo XX, pero no con la fuerza necesaria para hacer de la región del Tuy un espacio significativamente productivo en materia agrícola y pecuaria como lo había sido hasta finales del siglo XVIII.

En conclusión

      Todo este accionar durante el proceso de la independencia de Venezuela hasta 1821, con sus numerosas batallas y luego en el proceso del establecimiento de la nueva república hasta 1830, sumándose luego la inestabilidad de las facciones realistas, de ataques sorpresivos a las poblaciones por bandas armadas de ladrones, la represión ejercida por el gobierno republicano en su esfuerzo por mantener el orden, trajeron como consecuencia el desgaste y desolación de gran parte de los pueblos de Venezuela, el decaimiento, abandono y desaparición de los centros de producción agrícolas, pecuarios, artesanales y de agricultura tradicionales, creando una crisis económica, de seguridad social y de descontento generalizado que aunado a las promesas no cumplidas a tiempo por la naciente república, forzaban a los pobladores a crear un rechazo al proceso republicano, y por ende la adhesión, en algunos casos ciega, a los reductos monárquicos presentes aún en los distintos ámbitos de poder nacionales.

      De allí el accionar de individuos como Dionisio Cisneros, que en principio, tanto su alzamiento como su facción, fueron catalogadas como hechos de bandoleros o facciosos, esto como consecuencia del ataque a los pueblos, el hostigamiento a los hacendados y centros productivos, el robo de encomiendas y remesas del gobierno en los caminos entre Caracas y el Tuy, pero que, hoy a la luz de los documentos y los escritos revisados de personas aliadas a Cisneros en ese momento, como José Domingo Díaz y José Antonio Arizábalo, se ha revelado que su forma de actuar era apegada a un plan con el conocimiento de crear desabastecimiento sistemático a Caracas, con el fin de crear desestabilización económica, además de descontento entre la población en contra del proceso republicano, y así lograr sumar apoyo y adeptos a su causa de reconquista del territorio venezolano en beneficio de la Corona de España.

      El impacto de la figura de Dionisio Cisneros en el Tuy, maximizada a lo largo del tiempo por la fábula y las leyendas, aún está latente en la región, en los cuentos de los ancianos que asocian a Cisneros como el padre de Mauricio, un afamado encantado del Tuy, con una inmensa fortuna enterrada en el pueblo de la Magdalena o en el cerro del Lagartijo, incluso en el llamado Cerro el Amarillo, ubicado en el municipio Paz Castillo, a su parte más alta aún hoy se le conoce con el nombre de “El Alto de Cisneros”, acompañado de los relatos, de que en ese lugar, Cisneros tenía ubicado su principal y más seguro de sus campamentos.

      Cierto es que, no todo fue fábula o leyenda y que aún en las narraciones hechas por los ancianos, referentes a las tropelías y asesinatos de Cisneros, al ser escuchadas, se puede ver en las expresiones de los oyentes, el terror y la casi certeza de que en algún momento de la narración, emergerá de la Selva de Guatopo el Atila del Tuy con su horda de desarrapados realistas a traer nuevamente la desolación y la muerte a la región.

Fuentes Consultadas

Testimonios

  • Díaz, José Domingo, “Recuerdos sobre la rebelión de Caracas” Fundación Biblioteca Ayacucho y Banco Central de Venezuela, Colección Claves políticas de América Nº 9, Editorial Arte, Caracas, Venezuela, 2012, 364 pp.
  • Páez, José Antonio, “Autobiografía del general José Antonio Páez” reproducción facsimilar del original, Ministerio de Educación Nacional, Dirección de Cultura, Editorial de H. R. Elliot & Co, Inc, Tomo II, New York, EE.UU, 1946, 632 pp.

Bibliografía   

  • Acevedo Gómez, Marjorie, (Compiladora) “José Antonio Páez, Repertorio Documental” Academia Nacional de la Historia, Graficas Franco, S.R.L., Caracas, Venezuela, 1997, 550 pp.
  • Berrueta Jorge y Arismendi Álvaro,“La fiel guerrilla del rey, el accionar guerrillero en la provincia de Caracas como factor determinante en los planes de reconquista española (1821 – 1831)” Ministerio del poder popular para la Cultura, Colección Bicentenario,Tipografía Chacao C.A., Caracas, Venezuela, 2011, 158 pp.
  • De Lacroix, Luis Perú, “Diario de Bucaramanga” Fundación Editorial El perro y la rana, Caracas, Venezuela, 1ª reimpresión, 2006, 212 pp.
  • Esteves González, Edgar, “Batallas de Venezuela 1810 – 1824”, Editorial Los Libros del Nacional, Industria Gráfica integral C.A. Caracas, Venezuela, 2004, 224 pp.
  • Navas Morales, Santiago, “Anécdotas y gente de Santa Lucía” Publicaciones del ejecutivo del Estado Miranda, Los Teques, Venezuela, 2ª edición, 1992, 199 pp.
  • Rojas, Aura, “Insumisión Popular 1830 – 1848” Fundación Centro Nacional de la Historia, Caracas, Venezuela, Primera Edición, 2009, 344 pp.
  • Valderrama Vanezca, Dayana y Figuera Ernesto, “Descontentos, leales e intransigentes” Fundación Centro Nacional de la Historia, Colección Monografías, Caracas, Venezuela, 1ª reimpresión, Printanet C.A. 2011, 174 pp.
  • Vallenilla Lanz, Laureano “Cesarismo Democrático y otros textos” Fundación Biblioteca Ayacucho, Volumen CLXIV, Talleres Anauco Ediciones C.A. Caracas, Venezuela, 1991, 429 pp.
  • Varios Autores, “El Estado Miranda, su tierra y sus hombres” Ediciones del Banco Miranda, Editorial Sucre, Caracas, Venezuela, 1959, 380 pp.
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