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DOSSIER 8.6: Insurgencia Estudiantil Tuyera

Anécdota por Jesús “Chuo” García.

El pueblo es una escopeta a punto de disparar
Alí Primera

De niño al salir de la escuela cuando iba camino a casa siempre me llamó la atención entre la algarabía y las carreras, observar una pinta sobre un muro donde se leía “un ser sin estudios es un policía”. Con el paso del tiempo tomarían fuerzas esas palabras entre mis reflexiones y mi accionar a fuerza de vida.

Por el año 92 me hice militante de la UJR, Unión de Jóvenes Revolucionarios, en medio de una Venezuela convulsionada seguida del sacudón histórico del Caracazo (1989), apenas salíamos de la clandestinidad dado a que recientemente se desmovilizaba el último frente guerrillero en el país, el FAS, Frente Américo Silva. Nuestra consigna para ese entonces era “el frente se desmoviliza más no se pacifica” los intentos de golpes y las medidas hambreadoras impuestas por el gobierno no dejaban otro camino que la lucha de calle, nuevas consignas hacían hablar las paredes “se acercan tiempos de revolución”, “rescatemos la patria del caos” y otra “muere un estudiante nacen mil combatientes”.

Los años noventa fueron una década marcada por la persecución y la muerte en un inútil intento por callar la voz rebelde del movimiento estudiantil. Era común el allanamiento y la búsqueda de la concha (lugar donde esconderse), dejar la diversión característica de esta edad y cambiar hasta de nombre, la adrenalina se sentía en los jueves revolucionarios en la Universidad Central de Venezuela, ocultar el rostro bajo la capucha, la pinta de murales durante la noche, la Coordinadora Regional Estudiantil de Educación Simón Bolívar, se buscaban formas de organización que siempre llevaban a la acción de calle como demostración de fuerza y descontento ante el gobierno asesino de turno. Cada caído era una puñalada que alimentaba la rabia combativa de quienes creíamos en un cambio de rumbo para la historia del país, Jessica Díaz, Belinda Álvarez, Yarwin Capote, Richard López entre otros; engrosaban la amarga lista de más de cincuenta estudiantes asesinados y desaparecidos en la pseudo democracia que malvivíamos para ese entonces.

Con el pasar del tiempo aquella imagen que guarde de niño de aquel muro y aquella consigna, se convirtieron en una realidad vivida en carne propia. Por el año 96 no cesaba la represión y la cacería por parte de los aparatos represivos del Estado, por ese mismo tiempo se me detuvo en mi pueblo, Ocumare del Tuy; ese día había una manifestación en la cual no participaba ya que hacía poco que salía de la escuela de artes, y mis funciones políticas se limitaban a la propaganda y al accionar cultural. Fui detenido de manera sorpresiva por la policía del Estado Miranda (Brigada Especial) sometido a largas horas de interrogatorio y tortura, gas lacrimógeno sobre el rostro y la cabeza sumergida en una poceta, así como los golpes propinados por los “valientes funcionarios” quienes se despojaron del uniforme, un paseo por diferentes espacios desolados y la constante amenaza de muerte y desaparición. Me trasladaron al comando de la DISIP, policía política para ese entonces con recurrentes amenazas sobre un traslado al (DIM) Departamento de Inteligencia Militar, hecho que no se concreto dado a que familiares y compañeros se enteraron de mi detención y accionaron con sectores de derechos humanos y otros contactos.

Con el paso del tiempo no abandone la lucha y siempre hice de ella un bastión para mi poesía. En el año 2011 comencé a facilitar procesos de aprendizajes en la UNES, Universidad Nacional Experimental de la Seguridad, como cosa irónica en el Helicoide lo que fue la sede principal de la antigua DISIP el mismo espacio que visité en esa amarga época. En cuatro años como docente en esa casa de estudio siempre dejé para la reflexión lo que representó aquella pinta y lo que representa hoy formar un nuevo modelo policial.

Hoy, cuando vemos en nuestro país el renacer de unas protestas estudiantiles, ataviados con equipos y sofisticada parafernalia, extraviados en el show mediático y en una agenda política que dictan otros intereses, reivindico las acciones de calle genuina de mis compañeros de lucha, la misma que acompaña hoy al fragor de la revolución los pueblos de nuestra América, y desde aquí desde el Valle del Tuy nos hacemos testigos y participes de esa memoria colectiva.

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DOSSIER 8.3: Breve Testimonio

Por: Ximena Benítez 

Represión por la Policía Metropolitana a las protestas estudiantiles de Caracas, año 1990.Represión por la Policía Metropolitana a las protestas estudiantiles de Caracas, año 1990.

      Estudié en el liceo Pérez Bonalde de Ocumare del Tuy entre los años de 1986 y 1989. En esos años en nuestro liceo no había movimiento estudiantil organizado, éramos muchachos despiertos, informados, pero no se había constituido movimiento estudiantil. La policía actuaba en contra de los liceos como por una orden que venía emanada desde las autoridades y era por los sucesos de Mérida o Caracas, donde si habían movimientos estudiantiles constituidos exigiendo el medio pasaje por ejemplo, varios mártires hubo en esos años, cuando habían protestas por esas muertes en Caracas o en Mérida mandaban a la policía a reprimirnos en el Pérez Bonalde y en el Fray Manuel Aleson de manera brutal.

Anuncios de prensa en Venezuela, año 1990.

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Titulares de la prensa en Venezuela, año 1990.

      En el año del Caracazo hasta nos lanzaron bombas lacrimógenas dentro del liceo, recuerdo perfectamente el día del 27 de febrero. Luego ese año mis padres hicieron todo lo que pudieron para cambiarnos a mi hermano y a mí a un colegio privado (El Mara), para que termináramos el bachillerato de lo fuerte que fue el 89.

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La estación Santa Teresa del Ferrocarril Central de Venezuela

Por: Iván López Calero

Ferrocarril Central de Venezuela. Estación Santa Teresa. KM 60. Fotografía tomada de Memoria del Ministerio de Obras Públicas. 1919 Tomo 1, Biblioteca Nacional de Venezuela.Ferrocarril Central de Venezuela. Estación Santa Teresa. KM 60. Fotografía tomada de Memoria del Ministerio de Obras Públicas. 1919 Tomo 1, Biblioteca Nacional de Venezuela.

La anécdota

       El año de 1976 mis padres decidieron mudarse de Caracas a vivir en Santa Teresa del Tuy, ya establecidos y al poco tiempo de vivir allí empecé a escuchar expresiones como; eso queda por la estación, o llegando a la estación doblas a… también podías oír decir, en el estadio cerca de la estación y por radio era común que los locutores expresarán; en el sector La Estación…, esas expresiones o comentarios de los mayores llamaban mi atención y yo me empecé a preguntar ¿Qué estación? ¿Una estación de qué? ¿Dónde queda esa estación? Al poco tiempo le pregunté a mi padre Paulino “Iván” López y a mi tío José Miguel Calero -que trabajó de camionero muchos años- ¿qué era eso de la estación y dónde quedaba? y ellos me explicaron, cada uno a su manera, que se trataba de una antigua estación de ferrocarriles en la parte noreste de Santa Teresa del Tuy y que la gente del pueblo se acostumbró a llamar sencillamente la estación o sector la estación, en referencia a la antigua dependencia ferroviaria.

        Conocí la estación y la idea de un tren en el Tuy me parecía extraño, hoy algo bucólico de tiempos pasados, pero que extrañamente cada vez que oía hablar de la estación imaginaba el recorrido del tren por los diversos parajes del Valle del Tuy, como si lo hubiese vivido. Con el paso del tiempo en diversos paseos familiares a los cuales mi padre nos llevaba en su carro por la región del Tuy, pude observar otras estaciones, una en San Francisco de Yare y las ruinas de otra -hoy ya desaparecida- en el sector Aponte cerca de la hacienda La Guadalupe en Ocumare del Tuy, pero también en las orillas de la carretera en algunos sectores se podían ver las vías de la línea, en especial en la carretera entre Santa Lucía a Mariche y sobre el curso del río Guaire, esto me parecía fabuloso pues era como hacer paleontología y descubrir el fósil de un mega animal ya extinto. Sigue leyendo

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Juan España Delgado

Por: Isaac morales Fernández

        Nació en la población de Cúa el 5 de noviembre de 1878, hijo de José María España e Isabel Delgado. Estudió su primaria en Cúa, en la Escuela Unitaria con el maestro Poeta Juan Espana DelgadoDávila. En 1896, cuando el joven tiene dieciocho años, decide trasladarse a El Valle, en las zonas aledañas a Caracas. Para ese entonces era muy común que la gente del Tuy que quería vivir cerca de Caracas, se mudara a esa Parroquia, por entonces sólo un caserío.

        Allí inauguró Juan España una humilde pulpería ese mismo año: Bodega “La Equitativa”. Pronto la personalidad de Juan España comenzó a atraer a los jóvenes bohemios de la capital, quienes comenzaron a frecuentar cada vez la pulpería de este afable poeta llegado de los Valles del Tuy, de Cúa específicamente, tierra hasta entonces apenas imaginada por la mayoría de los caraqueños a través de la obra narrativa de Rómulo Gallegos (principalmente en La trepadora, de 1925, ambientada en las tierras de Charallave y Cúa). En esa pulpería se hizo amigo de Francisco Pimentel “Job Pim”, Luis Manuel Urbaneja Achelpohl, Pedro Mancera, Ramón González, Tomás Rodríguez, Andrés Eloy Blanco, Rómulo Gallegos, y no dejarían de visitarlo alguna vez Pedro-Emilio Coll, Udón Pérez y tantos otros. Francisco Pimentel “Job Pim” le escribe esta estampa que nos da un buen acercamiento imaginario a cómo vivía Juan España: Sigue leyendo

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Mauricio (Poemario de Francisco Cádiz)

RM.Portada del poemario Mauricio de Francisco Cádiz

      Francisco Cádiz nace en Yare el 9 de enero de 1943 decimista y rimador que ha dedicado casi toda su obra a la Leyenda de Mauricio, siendo este un personaje mágico icónico de los Valles del Tuy, el Sistema Nacional de Imprentas Regionales sede Miranda ha publicado el año 2012 su Poemario “Mauricio” compuesto por 22 poemas dedicados al mítico personaje, Cádiz describe la leyenda de Mauricio con las palabras siguientes:

      La leyenda tuyera de Mauricio, el encanto, data de siglo y medio aproximadamente, porque personas ya fallecidas como mi abuela y otras que a estas alturas tuvieran ciento veinticinco años, hablaban ya de esta historia. Ella decía que Mauricio fue detenido por intriga, que compraba casi todos los artículos menos sal y que él le advirtió al jefe civil que si no lo ponía lo más pronto en libertad, él sería responsable de lo que pudiera pasar, y estando toda la mañana y parte de la tarde con buen tiempo, cerca de las tres de la tarde empezó a oscurecer, y dicen que hubo rayos, truenos y centellas en el pueblo de Ocumare del Tuy, epicentro de esta leyenda. El jefe civil, viendo lo que estaba pasando, exclamó “¡suelten a ese hombre porque nos vamos a ahogar!”, y dicen que al momento de salir, el diluvio cesó. Él se suponía, al igual que los aldeanos y residentes, que el preso era el encanto de Mauricio. Por averiguaciones que he hecho, la primera información fue que Mauricio venía con arreo de mulas cargadas, y al pisar el río, desapareció con la carga y los animales y no lo volvieron a ver sino mucho tiempo después, un día que regresó al pueblo a comprar. Otros dicen que se fue a bañar al pozo de La Guamita y encontró a una mujer muy linda que lo invito a que se bañaran juntos. Ella le estiró la mano, entraron al pozo y allí desapareció.

      La idea de esta introducción es para que sepan de este encanto conocido en todos los Valles del Tuy. A él se refieren las poesías de este libro, mismo que dedico a todos los pueblos del Tuy, en especial a Ocumare.

     Francisco Cádiz es portador de Patrimonio Inmaterial por el municipio Simón Bolívar del Estado Bolivariano de Miranda.

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La fotografía de la Hacienda Marín en la población de Cúa

Por: Iván López Calero

      Si bien la intención con este artículo es el de describir la fotografía o imagen gráfica que se presenta junto al mismo, se hace necesario referir primero a ustedes una breve crónica de esta importante Hacienda que estuvo ubicada en los ejidos de la actual población de Cúa, Valle del Tuy, del Estado Bolivariano de Miranda, en Venezuela. El trapiche de dicha hacienda se encontraba ubicado en la rivera norte del Río Tuy, a la altura de lo que hoy es la zona industrial Marín, esto con el fin de brindarles la mayor suma de elementos para facilitar la comprensión del contexto de la imagen a describir.

Hacienda Marín en Cúa, propiedad del Sr. Carlos Hernáiz, Foto tomada del Cojo Ilustrado del 1 de Noviembre de 1894Hacienda Marín en Cúa, propiedad del Sr. Carlos Hernáiz, Foto tomada del Cojo Ilustrado del 1 de Noviembre de 1894.

    Para ello debemos remontarnos al año de 1577 cuando se logra la pacificación del “Valle de la Nueva Salamanca” (hoy Valles del Tuy) por acciones de Garcí González Da Silva y Francisco Infante (a los cuales se les concedió el territorio por real Cédula como encomenderos) y de Sancho García conquistador que logra capturar y asesinar a los caciques Guacima, Acuareyapa y Apacuana, esta última, valiente mujer Quiriquire que opuso feroz resistencia a la conquista del valle. Sigue leyendo

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¿Qué es Julio Valderrey?

Por: Isaac Morales Fernández

      Muchos dicen que Julio Valderrey es un poeta. Y tienen razón, pero sin saberlo. En su caso no hay título superior… pero ¿qué hace que Julio Valderrey sea un poeta? Sin duda, su poesía, su obra, sus versos que hablan de amores perdidos, de noches quebrantadas, de fragores y fuegos altos y bajos, de vueltas de boxeo y flores crepusculares.
       Pero no sólo eso hace que Julio Valderrey sea un poeta en el sentido más amplio. Muchos “autoayudistas” quieren ser poetas para ser mejores julio-valderrey-retrato-a-lapiz-realizado-por-el-artista-plastico-carlos-bravo-2012seres humanos, yo cada día estoy más convencido de que Julio, mi padre Julio, es un ser humano para ser un mejor poeta (como debe ser). Y es que Julio hace como verdad suya, y universal a la vez, aquella afirmación tajante de Oscar Díaz Punceles: “la poesía es una forma de conocimiento (…) el conocimiento poético se contrapone al conocimiento racional”. Y lo mismo hace con esa bella expresión de Valverde citando a Proust: “la literatura pues no sirve para nada y, sin embargo, para quien la disfruta es, como dice el mismo Proust, ‘la verdadera vida’, la posesión más honda de sus días y de su mundo”.

     Si hay dos frases o ideas que definen el pensamiento poético de nuestro poeta, son estas dos: la poesía como forma de conocimiento y la idea de la poesía como aquello que no sirve para nada pero que, sin embargo, es la Verdad, con V mayúscula intencional y atorrante, duélale a quien le duela. Y estas son cosas de él que sólo se entienden cuándo se ha sido su discípulo y a la vez se ha disfrutado y sufrido a su lado cualquier cantidad de vivencias, experiencias y ocurrencias… tales y tan únicas en su estilo que el poeta, este ser humano que resulta de ser poeta, le hacen merecedor del apodo “Julito”. Por aquello de “¿Y quién hizo tal cosa?” -el grupo ¿al vacío…? está lleno de momentos como este en la oficina de la imprenta donde pervivimos y sobreexistimos-, “Eso fue Julio”… “¡Julito! ¡Tenía que ser Julito!”… En este sentido, los mendrugos de servilleta dejados en cualquier parte (sobre un escritorio, la computadora, un libro, una caja, en el piso, dentro de un vaso sucio, etc.), son parte de sus modus vivendi y operandi también. No dudemos ni un segundo que la idea que subyace bajo el apodo de “Julito” es un inmenso cariño, una gran admiración y una comprensión y aceptación totales gracias a que algunos le hemos leído hasta la carta astral a Julio. Y todo esto sirva para concluir inequívocamente la idea inicial de este párrafo.img_0004
      Inequívocamente, pues, Julio es un poeta, y no hay nada por encima de ello. Por encima del ser humano biológico, el homo sapiens, hay una cualidad extrataxonómica que es el homo poeticus, y a ese estrato se llega cuando se ha vivido en, por y para la poesía. Hay una bella estampa que hace de él el poeta William Osuna en la sección “Voces de la Calle” de la revista A plena voz, y destaca algo que, cuando lo leí recién publicado, me conmovió tremendamente: el talento escondido que tiene este poeta merideño para realizar artesanalmente nacimientos con palillos de fósforos o cerillos. Me conmovió especialmente que William Osuna destacara esto casi al principio de su texto porque, de hecho, uno de los recuerdos más bonitos (y de esta palabra cursi me jacto en este momento) que tengo es de la vez que Julio le regaló a mi mamá una de sus creaciones artesanales. Mi mamá, que colecciona nacimientos miniatura para adornar en diciembre, tiene por costumbre colocarlos todos de adorno (o más bien yo diría de exhibición) en la época navideña. Cierta vez Julio llegó a la casa de mi mamá y los vio y en seguida le ofreció el nacimiento de fósforos que, a los pocos días, le llevó.
      Un cartón pequeño, forrado de musgos de esos que venden también para la época, y los personajes de la escena todos hechos con los simples y sencillos palillos de papel encerado con cabeza de pólvora roja… No hacen falta brazos, sólo las expresiones que se manifiestan con el simple doblés de un palillo. Eso no lo hace un artesano.

      Eso lo hace un poeta, valgan ambas expresiones en los dos sentidos en que pueden leerse.

    Y aún podemos agregar la que me parece es la principal cualirazos,dad de Julio Valderrey: la capacidad de mimetizarse como personaje literario, de mutar en personaje de ficción, algo que sus amigos no pueden dejar de ver y apreciar en él. Nada más célebre que la simpática y ocurrente caricatura escrita que hace de él Gonzalo Fragui en sus Ebriedades o en sus Poeterías. En ellas, el poeta Valderrey hace gala de su indiscutible talento para la bebida y la alegría de la vida, y además cumple a la perfección roles de personaje de ficción como cualquier otro personaje de cualquier Garmendia, o de cualquier Onetti, o de cualquier Salinger. Y digo esto porque, a pesar de que Julio mantiene y sostiene que él jamás ha amanecido “entresacado” debajo de una litera, uno al leer esa Poetería de Fragui, no puede evitar pensar -o decir- “Poeta, yo de usted no lo dudo y casi creo cualquier cosa” para luego reír explayadamente a pesar de la incomodidad y aceptación de Julio ante el “chalequeo”. Julio pues, transmuta perfectamente entre los personajes de una obra literaria porque ha trascendido de lo meramente humano, es decir, lo meramente racional.
      A Julio también se le ha visto deambular entre los versos de mi profesora y poeta Gabriela Kizer, siempre bebiendo. Nuestro amigo guionista y narrador best-seller Jen Martínez Martínez lo dibujó escrituralmente tirado en el piso de una tasca gritando versos dPortada del poemario "Libro de Vida" de julio Valderrey.esde la alucinación. Afortunadamente (para Julio) Jen no ha podido llevar tal texto a la pantalla, pero cuando lo haga varios tendremos que huir de la ira poética del afectado.
      Sostenida y empecinada es la labor -si a eso se le puede llamar labor- que está haciendo mi hermano Leonardo Delgado con sus Tuyedades. Motivado por los “esfragos” que ha causado el mentado Gonzalo a la literatura venezolana, Leonardo tiene tiempo publicando en nuestra revista ¿al vacío…? anécdotas y mediasverdades o mediasmentiras, o abiertas calumnias amistosas a Julio Valderrey -y a varios escritores incautos-. En estas Tuyedades se ha visto a nuestro poeta en las más variopintas locuras y situaciones irrisorias, en donde queda muy en alto -y en alta dobleintención también- su gentilicio merideño, como aquella en que concluye, como el mejor personaje de ficción que hubiera podido construir Leonardo Delgado: “Es que yo no soy chino, yo soy es gocho”, aseveración producto de la imposibilidad de echar salsa de soya correctamente al chopsuey de una chica invitada.

      Mucha más seria y con esto terminamos el “chalequeo”, es la apreciación que haceportada del Libro "Los días perdidos" de julio Valderrey de su obra Gabriel Jiménez Emán en su libro El espejo de tinta, en donde ubica generacional y estéticamente a Julio Valderrey dentro del grupo de poetas influenciados por la generación beat. Es una apreciación acertada por cuanto que, precisamente, el propio Julio ha admitido su especial admiración por estos poetas norteamericanos (Ginsberg, Kerouac, Ferlinghetti, Burroughs, etc.).

      ¿Qué más podemos decir para hacer una “radiografía” de Julio?: salsero- salsómano con ínfulas de malandro viejo y soñador hippie bonachón; revolucionario y apegado a la causa de Castro, el Che y Chávez; pendenciero empedernido; pintor acuarelista de gran talento; conversador amplio y fiel seguidor del pensamiento de Ludovico Silva y Georges Politzer; alumno y respetuoso lector de Montejo, Barroeta, El Chino Valera Mora y Rafael José Muñoz (sólo por nombrar poetas venezolanos); bueno y fiel amigo, aún mejor padre a pesar de no haber tenido la dicha de haber engendrado hijos luego de sus tres matrimonios fallidos, ocasional pero buen deportista; en fin: un poeta sin ninguna pose -a pesar del innegable e innegado ego y ¿qué artista no lo tiene?-, un poeta humano más que un humano poeta.

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