DOSSIER 7.5: Yo entreviste a Mauricio

Por: Juan Alberto Paz (Juber)

 Publicado originalmente en el diario, “El Periódico de Ocumare”, Año I. Nº 7, 2da quincena de mayo de 1980, página Nº 2.

       Era una mañana fría del mes de Mayo donde a Valles del Tuy desde los cielos caía como un almíbar, una 1 lluvia pertinaz de Norte a Sur lo cual daba lugar a que nuestro principal río fuera casi navegable, ¡Oh que hermoso panorama!, Ocumarito, La Guamita, el cauce de sus aguas eran alentadoras, se veían las garzas contemplando con ternura el azul de los pozos, la neblina estaba a ras de la tierra empapando con su aliento nuestra vida cotidiana.

El poeta Juan Alberto Paz

     En aquella mañana quise inspirar un poema a través de esta gran naturaleza, para ello tomé el rumbo este de Ocumare del Tuy hacia las vías de Quiripital por una carretera de tierra, y ante el bullicio de turpiales, arrendajos, gonzalitos, guacharacas y paraulatas, con sus cantos embelesaban mi espíritu que como bardo vive enamorado de lo hermoso del Valle que me vio nacer.

     Veía a mi lado una espesa vegetación, un suave olor a espiga de maíz, vitalizaban mi mente, tablones de caña dulce lista para ir al trapiche, daban matiz al caerle el sol, como si fueran nidos de oro y plata, al cruzar el río de Súcuta, calmé la sed con sus cristalinas aguas; pero al caminar como una hora vi a la izquierda un peñón que se alzaba en un copo de árboles, lo cual llamo mucho mi atención y de la nada surgió un lugareño al cual después de los saludos correspondientes pregunte:

– ¿Qué significa aquel Peñón en aquella fronda? Y este me respondió:
– Hombre, allí vive “Mauricio” que pa` más señas es un “encantao”
– ¿Cómo es posible? Me dije.

      Me despedí del campesino y me fui hacia la cueva a constatar lo que acababa de oír. En efecto llegue a la puerta de la misma, vi a un hombre blanco, flaco, de regular tamaño, con una mochila al hombro como quien iba de salida, y sí iba para el pueblo, le di los buenos días, y aquel hombre desconfiado, receloso, ve a su alrededor, frunce el entrecejo, baja la vista como buscando lejanas meditaciones, pero al fin alza la mirada hacia mí, y me responde:

-Buenos días, amigo, pasa.

      Le respondo a su saludo, y le digo:

– El propósito de mi visita es hacerle una entrevista en torno a Ud. con el mundo desconocido.
– Ya lo sabía.
– ¿Qué? ¿Cómo lo sabía?
– Bueno, ciertos poderes.

      Quede estupefacto pero fui adelante con mi entrevista y la primera pregunta fue:

– ¿Tiene familiares en los Valles del Tuy?
– Sí tengo, o mejor dicho tuve, recuerdo que eran de apellido Soto, pero esos, a esta hora, hace como 500 años que desaparecieron de la faz de la tierra.
– ¿Cómo hizo usted, para encantarse?
– Tendría yo como 12 años, mis padres me mandaban todas las mañanas a llenar una tapara de agua en una corriente que desemboca al río Lagartijo en el perímetro de “Los Palmares” y cuando llegaba al pozo veía desembarazarse una enorme serpiente pero al caer en el agua se transformaba en una hermosa mujer de ojos azules, piel blanca, como el mismo copo de las nieves, alta, delgada, pelo amarillo, que más bien parecía oro, de sus labios, de su boca parecía que salía la ternura de las rosas, aquel ser me hablaba de mundos diferentes al que me rodeaba, de una vida sin altos, ni bajos, una vida de penumbras silenciosas pero en sonoras variedades dentro de las aguas, así, que aquella Diosa me fue endulzando y un día recuerdo que allí me llegó la tarde, después la noche, abrazado a ella me zambullí en el agua y jamás volví a saber de mis padres, porque según parece me tuvo aquel ser encerrado por miles de años hasta hoy que por minutos, tengo poder para salir al lado opuesto, ese que tú tienes y por eso es que me puedes hacer esta entrevista.
– ¿Es verdad eso que dicen que cuando usted, va al pueblo lo que compra es aguardiente y tabaco en ramas o sea tabaco de mascar y que jamás compra sal? ¿Es usted bebedor y fumador?
– No soy bebedor ni fumador, sal no cabe dentro de mi formación debido a que pertenezco única y exclusivamente al reino de las aguas, por el otro en relación al tabaco y aguardiente es para calmar las furias de ánimas que deambulen por el universo debido a que fueron malos en vida y no tuvieron cabida ni en el infierno mucho menos en el cielo por ello cuando se me acercan les rocío aguardiente y con el humo del tabaco los ahuyento, dentro de esas almas está uno que anduvo cuando las guerras independentistas por allí, el cual era un asesino que mataba y se comía a sus víctimas, ese llevaba por apellido Cisneros, por ese motivo es que compro aguardiente y tabaco en ramas.
– Cuentan que una vez a usted, en una de sus idas al pueblo por sospecha lo hicieron preso y estando en la jefatura dijo: “Sí no me ponen libre al término de la distancia se va a hundir este pueblo en aguas”, como en efecto, empezó a llover y llover y ya las aguas llegaban a las ventanas de las casas y al ponerlo libre cesó de llover, ¿qué hay de cierto en esto?
– Sí me hicieron preso por sospecha, pero es debido a que ya empieza en el mundo que tú vives a hacer su asomo la maldad y ten entendido al correr de 20 siglos las células de esta gran naturaleza se irán cortando, las aguas serán putrefactas, no habrá selva, no se oirá el canto de las aves porque el hombre se convertirá en un devastador de mis reinos para saciar su ambición, pero en esa época el don de las aguas me protegieron y si no me ponen libre desde ese mismo instante ese pueblo, Ocumare se hubiera hundido ante el ímpetu de mis compañeras aguas.
– Alguien ha dicho que Ud., tiene relación con San Diego de Alcalá que hay de cierto en eso?
No hay tal acercamiento, somos criaturas distintas él está en el trono del universo, yo estoy en el pedestal de la belleza, en el universo corretean la ironía y la esperanza, yo soy el símbolo de la creación.
– ¿Qué es eso de que Ud. es el símbolo de la creación y San Diego de Alcalá está en el trono del Universo, Creación y Universo no es la misma cosa?
– No señor, sin mí no hay aguas, no hay frondas, no hay bosque, no hay ríos, porque yo encarno la ternura, el día que los caínes me venzan, o mejor dicho me hagan ir de aquí, verás un mundo estéril pero siempre será un mundo en medio de un antro de falsedades.
– Se dice que Ud. tiene contacto con la cueva de Ña Plácida en “La Magdalena”, ¿es cierto eso?
– Sí, con esa y otras de los Valles del Tuy, me comunico por medio de la gravedad terrestre, sin que ningún viviente se dé cuenta de mis andanza.
– ¿Tiene usted enemigos?
– Sí los tengo.
– Todos aquellos que quieren destruir los bosques, las aguas para saciar sus apetencias personales, esos son mis contrarios, si destruyen el reino vegetal que es la alfombra de mi vida tendré que irme de aquí, como te dije antes amigo.
– ¿Cómo sería ese viaje o sea su despedida?
– Caerán recios aguaceros, crecerán todas las vertientes en medio de la oscuridad de la noche, pasaré cabalgando en las espumas de las embravecidas aguas.
– Antes de irme voy a contarle algo de mi vida, una vez en una estancia campesina llamada “La Palma” más arriba de “La Siempreviva” Cúa, tendría yo unos 14 años, en un fundo llamado “La Mesa”, estaba con mi padre en las faenas agrícolas, de repente vino un aguacero, él se fue a escampar en un rancho, y yo me fui hacia un zanjón, pero vea Ud. lo que pasó, surge un ventarrón como ciclón, tumbando “Mijaos y Jabillos” cuyas ramas se estrellaban a mi lado, creí morir, cerré los ojos y dije: ¡Virgen del Carmen, sálvame!, cuando abrí los ojos estaba en lo alto de un cerro, sano y salvo, y sepa que había que subir una pendiente y espesos gamelotes, no me puedo imaginar cómo hice esa operación para salvarme.

      Otra vez, en una tarde cayendo al río “Ocumarito” del Páramo Agua Amarilla me zumbaron piedras de lado y lado sin tocarme ninguna, otras veces he oído voces que seres de otros mundos me vendrán a buscar en platillo volador para que les cante a los seres ignotas de esos planetas ¿Qué significa eso en mí, podría darme una explicación?

– No te podría dar con exactitud una respuesta real, pero pueda que sí en el soplo de tu vida hay algo sobrenatural esas voces e imagines que tú dices se te han acercado son las musas que por las venas y en tu sangre vuelan sin cesar hasta hallar el sitio preferido, y si no tuvieres esa dicha no hubiera sido posible jamás llegar hasta mis reinos.

Al terminar me dijo:

– ¡Vete!, que la furia de los andantes que antes te hable se me acercan y tú no resistes el embate de esos malvados seres.

      Enseguida como por encanto mismo aquel hombre desapareció, pero dejó en mi carpeta la entrevista que hoy presento a mis lectores, una entrevista real acaecida en “El Peñón” que hoy he titulado Mi entrevista con Mauricio.

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DOSSIER 7.4: Mauricio

Por: Isaac Morales Fernández

(Basado en un cuento popular tuyero)

      El niño abraza a su madre, pero es un abrazo extraño. La temperatura del niño es extraña, es un poco fría. La madre llora con confusión, pasa la mano por su rostro con énfasis, le pregunta dónde ha estado. Lo ve pálido. Su mirada tiene algo.

    Cada vez que su madre lo enviaba a buscar agua en el río, él sentía unas ganas tremendas de entrar en la cueva. La entrada tiene la forma de una hermosa mujer con un largo vestido negro. Atrás quedó el pueblo y su algarabía inentendible. Mauricio siempre se ha sentido incómodo entre el gentío, por ello adentrarse en el monte ha sido desde muy pequeño su mayor divertimento, y siempre tuvo deseos de entrar en la cueva. Sube el peñasco con dificultad pero con firmeza. Finalmente está en la entrada. Escucha los ruidos que hacen los murciélagos mientras duermen.

      La madre introduce al niño rápidamente en la casa. MImagen de Mauricioauricio le dice que estaba estudiando. La madre lo acusa de mentiroso mientras atraviesan la puerta. Una vez en el cuarto del jovencito, su madre empieza a quitarle las ropas sucias de pantano y polvo. En los pantalones tiene múltiples cadillos que le quedaron adheridos a la ropa desde hace tres días ya. ¿Por qué cada vez que te mando a buscar agua te metes para el monte? ¿Cuántas veces tengo que decirte que no lo hagas?

      El hombre está demasiado mal vestido y harapiento como para no llamar la atención de los policías, quienes en seguida le ordenan colocar las manos contra la pared y lo revisan. El hombre accede dócil y sin decir palabra. No carga ningún tipo de documento que lo identifique, y eso, sumado a que lleva un puñal tallado en madera y amarrado con bejuco a una vaina que lleva metida en el desteñido pantalón, hace que lo metan a la camioneta de inmediato. Sabe que ha caído en una redada por primera vez en su vida, justo como lo había planeado.

      La cueva es oscura, pero la luz matutina le da de frente a la entrada, así que se ilumina un poco el interior hasta varios metros. El piso es resbaladizo y bastante atropellado, a veces parece hundirse. Los murciélagos se inquietan ante la pequeña presencia. Algún animal rastrero o dos pasan rápidamente huyendo de los pequeños pies. O tal vez acercándose. Un murmullo circunda. Todo hace eco en la caverna. Todo parece una voz, una columna de aire, una corriente subterránea de agua, un cuchicheo de roedores, unos pasos tal vez los de él mismo. Todo reverbera.

      La madre baña al niño y le sigue preguntando dónde estaba. Por la explicación, su madre entiende: la cueva de El Peñón. Allá no se debe ir. ¿Por qué? No se debe ir. Punto. No vuelvas a ir para allá. Es peligroso. Hay muchos cuentos. Es más, tienes terminantemente prohibido irte a jugar para el monte otra vez. Buscaré yo misma el agua, ni modo. La madre le habla pausadamente; no lo regaña, le suplica. Sin embargo, Mauricio también suplica que no le hablen tan duro.

     El hedor de la cueva es por el guano, el estiércol de esos ratones alados. Mauricio lo entiende sobre todo al tropezar y caer, caída amortiguada por las manos al final de los brazos rectos y resistentes. Siempre ha sido un niño fuerte. Y siempre la curiosidad, la curiosidad. Mauricio se incorpora, y sigue avanzando mientras restriega sus manos del pantalón.

      A medida que entra, hay menos luz. Parte del murmullo es una corriente de agua subterránea en medio de un túnel de mármol gris veteado.

     Es encerrado junto a otros dos hombres sospechosos que fueron capturados juntos a una cuadra de donde lo agarraron a él, por el sector El Chaparral. Los dos tipos, comunicándose sólo con gestos (el hombre está de espaldas a ellos viendo por la ventanilla hacia las montañas) planifican acciones en su contra que comenzarán con un simple interrogatorio intimidante para ganarse el respeto de ese desconocido con cara de loco. No son los únicos que planifican interrogarlo por motivos parecidos: el director de la policía distrital y dos oficiales serán quienes intentarán interrogarlo.

      La madre sirve el desayuno a su hijo luego de su primera noche con él de vuelta. Mauricio, más que extrañar la arepa con mantequilla y queso rallado con el vaso de jugo de naranja, extraña el murmullo de los murciélagos que conversan con el agua subterránea, los pasos. Y quiere conocer la voz de mujer. A la madre le angustia darse cuenta de que su hijo no es el mismo, su conducta alegre y revoltosa se ha tornado meditativa y contemplativa. La madre decide llevarlo a un doctor. Termina de comer y vístete que vamos al doctor. ¿Para qué, mamá? Ya tengo doce años, no necesito vacunas. Además, no me da tiempo. Su madre lo ve extrañada. ¿Cómo que no te da tiempo? ¿Por qué? ¿Qué tienes que hacer?

      Los dos oficiales acuden corriendo al llamado de los reos. Quieren entregarse definitivamente y delatar todos sus crímenes. Anoche asaltaron a una señora cerca por el vivero que está bajando hacia el terminal de pasajeros y, como ella opuso resistencia, la mataron y arrojaron al río que pasa por debajo del puente a pocos metros en la misma calle. Sólo piden que los saquen de allí. Los policías advierten que el hombre desaliñado sigue viendo por la ventana desde que lo metieron allí hace ya seis horas. Los tipos sacan las manos por las rendijas para que los esposen de una vez, en señal de confianza. Los policías, sorprendidos y extrañados, esposan a los reos, abren la celda y los sacan directo al despacho del director de la policía distrital para escuchar su declaración y procesarlos.

Cascada Cola de Caballo, en la Güamita, Ocumare del Tuy, óleo de Ygnacio Guzmán Meneses.Cascada Cola de Caballo, en la Güamita, Ocumare del Tuy, óleo de Ygnacio Guzmán Meneses.

      Ya no se ve nada en la profundidad de la cueva. El piso es a veces movedizo y a veces quebradizo. Mauricio busca el origen del sonido, a la vez que intenta diferenciar un sonido de otro. Tropieza nuevamente con algo y cae, pero esta vez se ha herido el pie derecho. Siente un gran dolor pero, sabiendo que nadie lo oirá, no llora, sino que queda en silencio y respira profundo para calmarse. Está sentado sobre el guano que ya no es tan espeso como al principio de la cueva. Hay un sonido que empieza a destacarse por sobre los demás. Es rítmico y monótono, como un roce lento de tablas húmedas. Parece acercarse desde el fondo de la cueva. Los ojos de Mauricio ya están acostumbrados a la oscuridad, pero aún así no puede divisar nada hacia el sitio por donde oye el ruido. Se queda muy quieto y en silencio con el oído atento durante varios minutos. Todo hace eco en la cueva. ¿Es una serpiente?

      Tengo que volver, mamá. Para cuidar el monte… las matas y los animales… La madre lo observa atónita y furiosa. ¿Volver al monte? ¿Tú estás loco, chico? Claro que no. Te acabo de decir que tienes terminantemente prohibido irte a jugar al monte y ¿es lo primero que me dices que vas a hacer? Te dije que vamos al doctor y punto. Tienes rasguños por todo el cuerpo, un tremendo morado en un tobillo, y tienes tres días sin comer. Tú no sabes si agarraste una infección metido en ese monte, y más en esa cueva. ¿Quién sabe cuántos animales hay ahí dentro? Hazme el favor y te vistes. Yo me voy a bañar y cuando salga quiero verte vestido. Yo ya te puse la ropa que te vas a poner sobre la cama. La madre, efectivamente fue bañarse sin dejar de pensar en lo que le acababa de decir Mauricio y en su comportamiento extraño. Se bañaba rápidamente cuando oyó la voz de su hijo desde fuera. ¿Y mi papá no ha venido? Pasándose el jabón, la madre responde: tú sabes cómo es ese trabajo de tu papá. Él ni siquiera sabe todavía que estuviste perdido tres días. Pero a él le gusta es manejar su pedazo de gandola y andar pasando trabajo en un chinchorro lleno de grasa todas las noches, a expensas de que lo asalten y lo medio maten. El otro día andaba asustado porque dizque le pareció ver a la sayona o un espanto de mujer parecido por la carretera de Oriente.

      Mauricio recuerda que en el pueblo cuentan sobre una leyenda de un niño que murió hace mucho tiempo en los montes de Charallave. Era hijo de un rico hacendado del siglo XIX y había aprendido desde muy pequeño a ser amante del dinero. Sabía que su padre escondía enormes cantidades de dinero en diferentes partes de su gran hacienda, y que uno de esos lugares era en el interior de la famosa cueva de Plácida. El niño de trece años había querido apropiarse de uno de los baúles de su padre, y se metió en la cueva para no volver nunca más.

      Mucho tiempo después hallaron un cadáver de un niño en medio del monte en la orilla del río Caiza y supusieron de inmediato que se trataba del hijo del hacendado, que ya era un anciano de noventa y dos años y la noticia lo había matado de un infarto. Mauricio se siente entonces identificado con esa leyenda y repentinamente le aqueja una gran tristeza. No puede evitar llorar al saberse imposibilitado de caminar en el interior de una cueva en la que no puede ver nada. Pero no sólo es eso lo que le hace llorar. El ruido monótono está cada vez más cerca y ya puede incluso sentir su vibración original a pocos metros. ¿Son pasos?

?

Cueva del Peñón o Cueva de Mauricio en Ocumare del Tuy

      La madre salió al pequeño tiempo del baño y se asomó en el cuarto de Mauricio. La ropa no estaba, efectivamente se la había puesto. Pero los zapatos sí estaban. ¡¿Mauricio, qué zapatos te pusiste?! ¡Mauricio, te hice una pregunta! No estaba en el cuarto de ella, no estaba en la sala, no estaba en la cocina. ¡Mauricio! ¡Mauricio! En el patio trasero tampoco estaba, ni en el lavandero. Al salir a la puerta delantera encontró en la viga horizontal de la reja una moneda de plata muy vieja. La madre agarró la moneda extrañada y la vio de cerca. Tenía de fecha 1853. Abrió la reja y salió al patio delantero. Mauricio se había ido. Preguntó a algunos vecinos, pero fue en vano, nadie lo vio. La madre decidió organizar una búsqueda con algunos vecinos y con la policía. Un total de treinta y dos personas se adentraron en la espesa selva tuyera durante varios días, algunos entraron sólo pocos metros en la cueva con linternas, llamando a Mauricio, y todo fue en vano. A un mes de la búsqueda lo dieron por muerto y así siguió la vida normal en el pueblo. La madre no se resignó, así que luego de asesorarse bien, y ya contando con la ayuda de su esposo, contrataron a un especialista, el espeleólogo Simón Ugarte para que se adentrara en la cueva y lo buscara. Pero Mauricio nunca fue encontrado.

      Una antigua lámpara de kerosén iluminó la cara de Mauricio repentinamente. ¡¿Quién está ahí?! El niño se sobresaltó. La voz ronca y ajada volvió a preguntar y Mauricio se atrevió a responder con su nombre. Qué casualidad… ¿Y qué te trae por aquí? Nada, señor. Yo sólo estaba conociendo la cueva… estudiando… Nadie se interna en esta cueva a investigar… a menos que tú lo traigas. ¿Te vendrán a buscar? No sé, señor. Bueno, creo que sí. Mi mamá a lo mejor. Ya veo… Mauricio es también tu nombre, ¿no? Entonces es a ti a quien he esperado durante estos largos años… Llevo setenta y tres años aquí, muchachito, y sé que la cueva habla. Cuando el murmullo se defina, verás que tiene una hermosa voz femenina que seguramente te hablará a ti cuando yo me vaya. Por eso, ahora sé que es tu turno Mauricio. ¿Mi turno? Tu guardia, Mauricio. Yo también me extravié como tú cuando era un niño y, al igual que tú conmigo, yo me topé con un viejo en esta oscuridad, y me dijo exactamente lo que yo te estoy diciendo ahora. Pero eso sí, antes te daré la oportunidad de ir a hacer lo que yo no pude: despedirte de tu familia. El viejo en ningún momento se dejó ver la cara.

      Es tu turno. El policía abre la celda y el indocumentado sale tranquilamente. Recorre con paciencia el pasillo y es llevado hasta la sala de interrogatorios. Pero no responde a ninguna de las preguntas más básicas. Sólo ve el movimiento que hace con sus propias manos sobre la mesa, acariciando la madera. Mira, pendejo, te estamos buscando en todos los archivos fotográficos y dactilares y vamos a saber quién eres tú. El hombre por fin habla: lo único que les voy a decir es que si no me dejan salir de una vez va a comenzar a llover interminablemente en Ocumare y el pueblo se inundará hoy mismo.

      ¡Vaya, finalmente has hablado y para decir tremendo disparate! Los policías, ante la peculiar respuesta, concluyen que el hombre está loco. Que con razón andaba “armado” con un puñal de madera y vistiendo ropa andrajosa. El director da la orden de que lo lleven a la celda y reporta el caso al psicólogo del comando estadal para que venga a examinarlo. Al meterlo de nuevo en la celda, el hombre pronuncia: está lloviendo ya.

      En efecto, está lloviendo, pero para los policías es toda una gran estupidez porque desde la ventanilla de la celda se puede ver la lluvia. Allí lo dejan todo el día y la noche, mientras él decide acostarse a dormir y esperar. Al mediodía del día siguiente, lo despiertan. Aún llueve. Le dicen que puede irse, que está bien, que le creen, que toda la parte baja de Ocumare está inundada y sólo el casco del pueblo permanece a salvo por ahora.

      Él les dice que inmediatamente salga cesará el aguacero. Ya en la puerta de la comisaría, el director no resiste la tentación de hacerle una pregunta basada en puras suposiciones, y para muchos (dado lo rápido que ruedan los chismes y leyendas), en supercherías. ¿Tú eres el hijo de la señora Soto, la que mataron anoche los dos tipos que atrapamos a una cuadra de donde te atrapamos a ti, verdad? ¿Tú desapareciste hace veinticinco años y te llamas Mauricio?

       Ojalá me llamara así, hace mucho que perdí mi nombre, realmente ya no sé cómo me llamo. El hombre se fue tranquilo y a la media hora ya todas las aguas se habían calmado.

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DOSSIER 7.3: Mauricio: el encanto de Ocumare

Por: Juan de Dios Sánchez †

Artículo tomado del diario La voz del Viernes 22 de Septiembre de 1995.

     Dicen que, sin falta ni torpeza, ni duda ni retardo, Mauricio cuida las torrentes de las aguas, los árboles y las aves de todos los Valles del Tuy.

     Va por todos los caminos, protegido de los dioses llevando su justicia pura y simple en defensa de la grandeza misma de la Naturaleza. Se le ve, hombre pequeño y fuerte, acompañado de un cuatro sonoro y afinado, recorriendo los caminos que rodean a Ocumare, yendo a sitios alejados y permaneciendo, al lado de animales en problemas largos días.

Mauricio el encanto de Ocumare, talla realizada en gres, obra de Ygnacio José Guzmán, 2014.

Mauricio el encanto de Ocumare, talla realizada en gres, obra de Ygnacio José Guzmán, 2014.

     Ayudado por bellas ondinas, habitantes de cuevas misteriosas y dotado de poderes globales, Mauricio es un gran defensor de las cosas naturales de los poblados del Tuy siendo raíz de una magnifica verdad, un encanto puro, de cosas buenas, sencillas y profundas, sin intereses extraños a su eterna bondad de cuidador de las cosas más puras de la Naturaleza.

     Leyenda tiene por miles, episodios donde se mezclan conversaciones con dioses del Olimpo y animales salvajes, se repiten con alegría por ríos y caminos de Miranda. Narraciones donde confunden a los malvados y ayudan a los buenos son las delicias de las noches campesinas donde Mauricio se alza como un defensor de la paz y del equilibrio natural. Sigue leyendo

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DOSSIER 7.2: El encanto de Mauricio en la cueva del Peñón

Por: Manuel Vicente Monasterios

Detalle de la portada del libro "Mauricio" del Poeta Francisco Cadiz, adaptación de Isaac Morales, año 2012.Detalle de la portada del libro “Mauricio” del Poeta Francisco Cadiz, adaptación de Isaac Morales, año 2012.

     Para ingresar al mundo de los encantos, debemos vencer el universo racionalista o el prejuicio materialista que responde a la idea que solo existe en el mundo que se ve, el que podemos percibir por los sentidos. Sin embargo en todas las culturas y civilizaciones el mito y la leyenda han sido sustento importante en la explicación de los fenómenos herméticos y el hombre siempre ha creído en la existencia de un mundo paralelo donde seres de diversa naturaleza han convivido con lo humano y han influido en sus acciones. Sin embargo el racionalismo ha buscado de borrar de la memoria colectiva la dimensión cósmica, ese mundo paralelo al humano donde se mueven los ángeles, los duendes, los gnomos, las hadas, los demonios y los encantos.

     No es cuestión de afirmar o negar la existencia de estos seres, es aceptar que estas leyendas llenan las lagunas de la historia, que sería de Grecia y de Roma sin su mitología, de la Europa medieval sin la noche de San Juan, el solsticio de verano con la magia del fuego purificador, el cual se nos presenta en Venezuela mestizo, de la mano del negro, bailando al compás del “culo e puya” del tambor redondo. María Lionza el mito de los montes de Sorte en el Estado Yaracuy, el Anima del Pica-Pica en las cercanías de Santa María de Ipire en el Estado Guárico, el folclor venezolano está lleno de leyendas hermosas.

     Hemos querido recrear la leyenda del Encanto del Peñón, en Ocumare del Tuy, Mauricio el muchacho encantado por la Ninfa Potámides protectora de las aguas de los ríos, de los bosques, de la naturaleza. Hoy más que nunca la irracionalidad se ha encargado de destruir nuestras florestas. El Río Tuy agoniza y la indiferencia de la gente complica su futuro y compromete al planeta. El espíritu protector de la madre naturaleza simbolizado en la leyenda de Mauricio tiene mucho trabajo en estos valles, donde la deforestación, el crimen ecológico y la impunidad se dan la mano. Se recrea esta leyenda como una contribución para que los tuyeros nos reconciliemos con el medio ambiente tan golpeado en los últimos años. Sigue leyendo

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DOSSIER 7.1: De leyendas y mitos a crónicas e historias

Por: Iván López Calero

    En la mayoría de los pueblos o comunidades del planeta existen cuentos, mitos o leyendas surgidas tal vez de hechos reales, históricos o producto de la fantasía colectiva o de algunos de los pobladores de esos lugares, que se repiten de generación en generación y que en ocasiones llenan de asombro y credulidad a sus pobladores, dando un sitial de marcada importancia a lo transmitido o incluso dotándolo de un aura mágica que fomenta a su vez temores, rechazos o cultos a esos hechos, personajes o entornos geográficos.

     Si se busca un referente de hechos, personajes y espacios que han asumido esas características antes citadas, se puede tomar la mitología nórdica, la romana o la misma griega, donde en regiones bien demarcadas y partiendo de conjuntos de seres definidos como dioses y semidioses entre otros, han influido (ya de forma positiva o negativa, según los casos) en las poblaciones y generaciones posteriores al surgimiento de esos mitos, creando cultos, religiones, temores y transformándose al mismo tiempo en la crónica y en la historia de esos pueblos e incluso de los países, fijando costumbres, tradiciones, ritos entre otros, construyendo así hasta la identidad misma del país, llegando en algunos casos estas a ser usadas para provecho económico de la región, producto de la comercialización turística y de mercados de tales historias, crónicas, leyendas o mitologías. 

Atlas sosteniendo al Mundo - Obra de Boris Vallejo, año 1986Atlas sosteniendo al Mundo – Obra de Boris Vallejo, año 1986 Sigue leyendo

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Editorial Revista Matria Nº 7

Por: Isaac Morales Fernández

      El clamor de la Tierra se hace ímpetu en los espíritus rumorosos entre el ramaje que pendúla bajo la borrasca. Parpadea una luz y en breve una deidad lanza un feroz gruñido, vibra la ira divina. La roca viscosa de humedad perpetua abre su vientre para mostrar una insistente cabellera blanca espumosa, o tal vez es un sayal, el ojo no sabe si ella desemboca o emerge, pero sin duda es una silueta femenina que llama y clama, invoca y convoca.

      Los primeros que habitaron esta tierra tuyera sin duda habrán tenido alguna epifanía allí. Una historia relatada con poesía y pasión, tal y como lo demuestran las teorías literarias, se transforma en leyenda, adquiere carácter ancestral, sagrado, es donde los contemporáneos -con sus palabrejas técnicas pero útiles para lo específico- avizoran la hermenéutica. Esto implica una tradicionalidad oral. Cuando una leyenda comienza a trascender hacia lo simbólico, lo arquetipal, la moraleja, la leyenda se transforma en mito. La historia engendra a la leyenda por la literatura oral, y en otras centenas de años, la leyenda engendra al mito por la literatura escrita. Y así terminamos hablando, en el Tuy, inevitablemente de Mauricio, el “Encantado”. Un personaje real y ficticio a la vez, porque si algo es natural en toda cultura es el imaginario sobrenatural, y si creamos un silogismo, algo sobrenatural es natural que nazca en toda cultura. Lo irreal, cuando no es impuesto (como la Iglesia) por nadie sino por el imaginario popular mismo (las originales ecclesiae), se convierte en real en la experiencia individual de todo habitante de esa cultura, y entonces todo significa algo.

        En Matria quisimos ver así, para esta edición, a la leyenda en vías de mito de Mauricio, que como toda leyenda colonial venezolana, tiene posible o probablemente su origen en la literatura oral indígena, así como se sabe hoy, por ejemplo, que el llamado Silbón nace del dios maligno Oddosha de los aborígenes del sur de Venezuela.

     En un principio literatura, arte e historia eran lo mismo… Hoy se hace necesario volver a ese origen donde la palabra y el imaginario lo podían todo y no existía el dinero. La Tierra nos llama y nos convoca, y se hace tarde.

I.M.F

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La Escapada

Por: Edgar Rivero

     Tendría 12 años cuando mis padres partieron al Edo. Táchira de viaje, mi padre era ese tipo de persona muy estricta y sobre protectora y por lo tanto eran muy pocos los permisos que me otorgaba, solía yo ver a mi primo jugar en la calle y de regreso a la casa me relataba sus aventuras, un día me contó sobre cómo fue a pescar a la montaña con los amigos de la cuadra, yo lo escuchaba con esa envidia pasmosa que suelen tener los jóvenes “sometidos” y me invitó para la próxima aventura, la pregunta era ¿Cómo iba a salir sin el permiso de mi padre?

Selva Tropical, imagen tomada de www.bloglemu.blogspot.comSelva Tropical
imagen tomada de http://www.bloglemu.blogspot.com

     Aprovechando la ausencia de ambos, resolví aventurarme con mi primo y nuestros compañeros, ya que mis padres regresaban el Domingo por la noche, decidimos partir el Sábado hacia la quebrada “El Negro”, muy temprano nos despertamos, preparamos todo para la pesca y partimos, confieso que tenía cierta congoja porque era la primera vez que salía de mi hogar sin permiso, nos fuimos a pie desde el centro de Santa Teresa del Tuy, y surcando calles y avenidas nos detuvimos a comprar pan en la Avenida Lamas, luego cruzando el puente que va hacia Altagracia de Orituco nos desviamos a la derecha y un poco antes de llegar al parque “Quebrada de Agua” , ingresamos a la montaña por un caminíto improvisado.

     Guatopo nos mostraba sus encantos y nos daba su bienvenida entre esa vegetación exuberante que siempre suele tener, se abría ante mí una belleza inimaginable y sentía una agradable libertad, por así decirlo, un poco después llegamos a la quebrada e íbamos caminando por sus orillas, el agua era cristalina y se podía ver entre sus corrientes los peces, las pobres sardinas que íbamos a pescar.

      Novato al fin, poco a poco me fui adaptando a la pesca y lo que pescábamos lo metíamos en una lata de leche “La Campiña”, de vez en cuando veíamos a algún campesino que salía de los muchos parajes que tiene el parque nacional y cada vez nos adentrábamos más arriba donde la quebrada era más virgen, nos metíamos en los pozos, movíamos las piedras, divisamos bagres de río, cangrejos, tortugas y toda clase de aves.

     Ya de tarde nos disponíamos volver al pueblo bajando nuevamente por la quebrada por donde habíamos llegado, despidiéndonos de sus aguas, y con el premio de la aventura entre los brazos: la lata de leche con las sardinas. El cielo se torno obscuro y las gotas no se hicieron esperar, empezaron a caer duramente contra la tierra y contra nuestra humanidad, llovía torrencialmente y el caudal de la quebrada empezó a elevarse y sus aguas antes claras tomaron un color marrón y de repente para asombro de nosotros entre la turbia agua salió un pez grande con muchos matices de colores, muy bello, nos miramos las caras de sorpresa y se escucho de alguien decir: ¡es el encanto de la quebrada!. Y sin más que decir, arrancamos a correr vertiente abajo, la montaña parecía querer tragarnos entre su espesura y entre la carrera, la lata llena de sardinas se nos cayó en algún pozo, y nuestras victimas escaparon felices entre la corriente.

      Al fin, la salida, la carretera, el pueblo, el cansancio, sin las sardinas pero con la alegría de vivir una aventura inédita, ¿y el encantado? ¡Sabrá Dios compañero!

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