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Editorial Revista Matria Nº 9

      Nosotros luchamos porque la memoria de nuestros pueblos no se pierda. Hemos venido aquí a demostrarnos a nosotros mismos que valemos como herederos de una cultura ancestral Quiriquire, Tomuza, Mariche, que tal vez hayamos perdido totalmente en el tiempo, como si nos hubieran arrancado de los brazos de nuestros padres para dejarnos abandonados en una vastedad desértica, pero que no por eso nos dejamos vencer por quienes nos oprimieron y aún nos oprimen hoy en día. Es posible que no sepamos hacerlo de la mejor manera, que no manejemos los medios más apropiados para liberarnos del desarraigo que nos cancela los sueños y los transmuta en mercancía, inmediatez y pacatería, pero hacemos nuestro mejor esfuerzo por que el tuyero se conozca a sí mismo, de donde viene, qué tierra pisa, qué aire respira. La ciencia nos podrá enseñar de qué está compuesta la naturaleza, pero sólo la cultura nos ayuda a saber qué hacer con ese conocimiento. Sigue leyendo

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Revista Matria Nº 9

      El Grupo de investigación histórico – cultural de los valles del Tuy MATRIA, es un colectivo nacido de las inquietudes de un grupo de amigos de esta región del estado Bolivariano de Miranda, con intereses afines por la historia regional y local  y que desde hace ya algunos años se han venido desempeñando en distintas actividades, grupos, colectivos o de forma individual en pro de la investigación, compilación, escritura y difusión de la historia regional y local y las distintas manifestaciones culturales del Valle del Tuy.

      La REVISTA MATRIA tiene el reto de crear un vínculo entre el lector, sus recuerdos y la revista, por medio de artículos de investigación relacionados con lo más cercano al tuyero, es decir, sus orígenes, sus poblados, sus haciendas, sus medios de comunicación, sus comercios, centros de distracción, parques, gente, la esquina, el barrio, la poesía, sus edificaciones, la iglesia… la MATRIA.

Revista Matria Nº 9

Editorial.

      Nosotros luchamos porque la memoria de nuestros pueblos no se pierda. Hemos venido aquí a demostrarnos a nosotros mismos que valemos como herederos de una cultura ancestral Quiriquire, Tomuza, Mariche, que tal vez hayamos perdido totalmente en el tiempo, como si nos hubieran arrancado de los brazos de nuestros padres para dejarnos abandonados en una vastedad desértica, pero que no por eso nos dejamos vencer por quienes nos oprimieron y aún nos oprimen hoy en día. Es posible que no sepamos hacerlo de la mejor manera, que no manejemos los medios más apropiados para liberarnos del desarraigo que nos cancela los sueños y los transmuta en mercancía, inmediatez y pacatería, pero hacemos nuestro mejor esfuerzo por que el tuyero se conozca a sí mismo, de donde viene, qué tierra pisa, qué aire respira. La ciencia nos podrá enseñar de qué está compuesta la naturaleza, pero sólo la cultura nos ayuda a saber qué hacer con ese conocimiento.

      En el caso que nos cita acá, algunos han entendido qué vía debemos tomar para, entonces, reinventarnos así sea de la nada, convertir lo impuesto y destructor en disposición creadora, fabricar las más hermosas vasijas con el barro que arrastramos y nos ha hecho pesado el caminar durante siglos. El teatro, el joropo, la literatura, el puro juego de la imaginación, son herramientas fundamentales para defenderse anímicamente del sufrimiento heredado de nuestros antepasados, sobreponernos victoriosos de la derrota histórica sufrida por nuestra indigenidad.

      Una derrota ante todo ideológica, cuyo fenómeno principal en estos valles tuyeros se llamó Dionisio Cisneros, un indio que, sin proponérselo, renegó de sí mismo, desarraigado completamente en una tierra cuyos abuelos defendieron pero que ya se había vuelto ajena, maniatada, arrebatada y totalmente colonizada. Ya no eran Quiriquires, ni Tomuzas, ni Mariches, ahora eran blancos, pardos, negros, mulatos, zambos… ¿Quiénes eran ellos? Para él una otredad insignificante. Arremetió entonces contra todo y todos, aferrado a una fe destructora que acabó con sus orígenes y no le dejó otra cosa que el deseo ciego e irrazonado de la venganza y la crueldad como modo de vida. Pero supo, en todo caso, asegurarse un lugar en la historia. Dicen que hay sólo dos maneras de entrar en la Historia, con mayúscula. Una es por las buenas (el poder de crear), la otra es por las malas (el poder de destruir). Cisneros entró por las malas, y supo hacerlo bien… y a la larga nosotros como que, sin darnos cuenta, también… Con Matria seguimos siendo unos insubordinados, unos sediciosos antisistema, pero hacemos lo posible por frenar esta expoliación autoinfligida por la mezquindad de nuestra ignorancia.

      En fin, lo tuyero es hoy una cultura invicta a fuerza de derrotas, y no decaeremos jamás en el intento por abrir los cerebros vacilantes para arrojarles semillas de musgo y helechos guatopeños, y así crear las condiciones necesarias para que florezca de nuevo el orgulloso Roso Blanco en el jardín de nuestra canción y nuestra selva de tinta.

Isaac Morales Fernández

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Revista Matria Nº 7

     El Grupo de investigación histórico – cultural de los valles del Tuy MATRIA, es un colectivo nacido de las inquietudes de un grupo de amigos de esta región del estado Bolivariano de Miranda, con intereses afines por la historia regional y local  y que desde hace ya algunos años se han venido desempeñando en distintas actividades, grupos, colectivos o de forma individual en pro de la investigación, compilación, escritura y difusión de la historia regional y local y las distintas manifestaciones culturales del Valle del Tuy.

       La REVISTA MATRIA tiene el reto de crear un vínculo entre el lector, sus recuerdos y la revista, por medio de artículos de investigación relacionados con lo más cercano al tuyero, es decir, sus orígenes, sus poblados, sus haciendas, sus medios de comunicación, sus comercios, centros de distracción, parques, gente, la esquina, el barrio, la poesía, sus edificaciones, la iglesia… la MATRIA.

Revista Matria Nº 7

Editorial.

       El clamor de la Tierra se hace ímpetu en los espíritus rumorosos entre el ramaje que pendúla bajo la borrasca. Parpadea una luz y en breve una deidad lanza un feroz gruñido, vibra la ira divina. La roca viscosa de humedad perpetua abre su vientre para mostrar una insistente cabellera blanca espumosa, o tal vez es un sayal, el ojo no sabe si ella desemboca o emerge, pero sin duda es una silueta femenina que llama y clama, invoca y convoca.

    Los primeros que habitaron esta tierra tuyera sin duda habrán tenido alguna epifanía allí. Una historia relatada con poesía y pasión, tal y como lo demuestran las teorías literarias, se transforma en leyenda, adquiere carácter ancestral, sagrado, es donde los contemporáneos -con sus palabrejas técnicas pero útiles para lo específico- avizoran la hermenéutica. Esto implica una tradicionalidad oral. Cuando una leyenda comienza a trascender hacia lo simbólico, lo arquetipal, la moraleja, la leyenda se transforma en mito. La historia engendra a la leyenda por la literatura oral, y en otras centenas de años, la leyenda engendra al mito por la literatura escrita. Y así terminamos hablando, en el Tuy, inevitablemente de Mauricio, el “Encantado”. Un personaje real y ficticio a la vez, porque si algo es natural en toda cultura es el imaginario sobrenatural, y si creamos un silogismo, algo sobrenatural es natural que nazca en toda cultura. Lo irreal, cuando no es impuesto (como la Iglesia) por nadie sino por el imaginario popular mismo (las originales ecclesiae), se convierte en real en la experiencia individual de todo habitante de esa cultura, y entonces todo significa algo.

     En Matria quisimos ver así, para esta edición, a la leyenda en vías de mito de Mauricio, que como toda leyenda colonial venezolana, tiene posible o probablemente su origen en la literatura oral indígena, así como se sabe hoy, por ejemplo, que el llamado Silbón nace del dios maligno Oddosha de los aborígenes del sur de Venezuela.

     En un principio literatura, arte e historia eran lo mismo… Hoy se hace necesario volver a ese origen donde la palabra y el imaginario lo podían todo y no existía el dinero. La Tierra nos llama y nos convoca, y se hace tarde.

Isaac Morales Fernández

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