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Historia de la literatura en el municipio Independencia (parte II)

Por: Isaac Morales Fernández

Nacido en Las Labranzas, Estado Mérida, en enero de 1954, pero residenciado en Santa Teresa del Tuy desde 2001, el poeta Julio Valderrey (pseudónimo de Julio Ramón Flores), también ha constituido una figura emblemática de las letras tereseñas. De formación académica en el Instituto Pedagógico de Caracas, en Castellano, Literatura y Latín, ha publicado los poemarios Greda y Papeles de ocio en los ochenta, y en los noventa y lo que va de siglo XXI ha publicado Libro de vida, El corazón está seco, Castaño y Los días perdidos (estos dos últimos escritos en Santa Teresa del Tuy). También publicó en 1995 el libro Llaves de la poesía. Material para talleres. A partir de un taller de poesía que impartiera en 2001 aquí, y un taller de narrativa impartido por el escritor Julián Márquez, Valderrey comenzó una incansable labor con la formación del Grupo Literario ¿al vacío…? de Santa Teresa del Tuy y la revista literaria homónima que hasta la fecha mantiene sus publicaciones. También a Julio Valderrey se debe la llegada del Sistema Nacional de Imprentas Regionales y el 4to Festival Mundial de Poesía Subsede Miranda, ambas cosas a Santa Teresa del Tuy y en 2007.

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Juan Martínez: Arpisto de joropo tuyero

Por: Jesús Castro

Maestro Juan Martínez, Foto: Jesús Castro, año 2015

Nació el 24 de Julio de 1.930 en Cambural de Cataure Edo Aragua, siendo sus Padres Hermenegildo García y Manuela Martínez. Tiene actualmente 43 años residenciado en la calle los cedros de Quebrada de Cúa en el Municipio Rafael Urdaneta, Edo Miranda. Sus Inicios fueron con la Guitarra la cual aprendió a tocar de Nicolás Ascanio a la edad de catorce (14) años. Durante mucho tiempo, amenizo bailes tocando la Guitarra, en Quiripital, Cambural, la Democracia en Ocumare del Tuy. Inicia el toque del arpa a los veinte (20) años de edad, perfeccionándolo posteriormente con el apoyo del gran arpisto de la época como era Pedro José Sarmiento, apodado Pedro Piringa. Sigue leyendo

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De aviones, juegos y aparecidos

Por: Edgar Rivero

El primer vuelo en Caracas, Fotografía de Jesús María Chirinos, año 1912. imagen tomada de El Cojo Ilustrado.

De niño solía avistar los aviones que sobre volaban los cielos de mi pueblo, Santa Teresa del Tuy, era una de mis grandes distracciones de chico (aún no he perdido esa distracción), los observaba con mucha atención, sobre todo las avionetas que hacían piruetas, incluso hasta llegué a ver biplanos, esas aeronaves que me recordaban mucho a las historias de la 1ra Guerra Mundial donde sobresalía el famoso Barón Rojo (Manfred Von Richthofen).

El último combate del Barón Rojo, imagen tomada de http://www.jetcero.com

Mi familia viajaba frecuentemente los fines de semana hacía Ocumare del Tuy, esto porque tenemos muchos familiares en esa zona, íbamos sobre todo a Santa Bárbara, parroquia perteneciente al Municipio Lander y hacía La Mata, caserío ubicado vía Cúa, mis padres se reunían con los familiares y visitaban a viejas amistades, algo que no puedo olvidar era ese olor característico nada más al llegar a la encrucijada de Ocumare, el olor que embriaga al visitante, el del Ron Pampero, luego y hacia la derecha nuestro destino. Sigue leyendo

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Emma Soler, Emma Cumbre.

Por: Iván López Calero

          Ignacia Villasana nació en la población tuyera de Cúa, el 08 de julio de 1868, nombre que, al comenzar su carrera como actriz de teatro, cambiará por el de Emma Soler, de acuerdo a sugerencia que le hiciera el periodista y empresario Gabriel Aramburo, fundador de la Compañía Infantil Venezolana, la primera en su género, formada, de acuerdo a lo divulgado por el historiador Carlos Salas, “por niños menores de quince años”, encontrándose entre ellos Ignacia Villasana, con esta compañía cada diciembre interpretaba “nacimientos” en la Plaza La Pastora de Caracas, con los que alcanzaron bastantes éxitos por su precocidad artística.

          De la empresa arriba señalada también formó parte el gran músico José Ángel Montero, autor de la ópera “Virginia”. Cuando corría el año de 1880, en Caracas se conocían los llamados teatros de aficionados. En las carteleras de estas modestas instituciones, comenzará a figurar el nombre de la jovencita Ignacia Villasana.

           Don Carlos Salas, en su bien documentado trabajo “Historia del Teatro en Caracas”, muestra una imagen de cuerpo entero de Emma Soler y nos dice: “Empezó actuando en las plazas públicas y en los teatros de corral, donde eran representados cuadros vivos y Nacimientos”. Durante el año de 1887 se le verá al lado del gran actor Teófilo Leal (amigo de Ignacia desde su Infancia), actuando con la Compañía Americana, en 1889, salieron contratados Emma y Teófilo para Maracaibo, con Don Enrique Terradas y Gutiérrez. En Maracaibo se separaron, yéndose Teófilo en la Compañía de Gerardo López del Castillo, para Centro América y Buenos Aires, hasta 1913, cuando regresa para trabajar de nuevo con Emma y Emilita Montes, en el desaparecido Teatro Caracas. Y ella en su condición de actriz y asumiendo roles de empresaria se va en compañía de los actores venezolanos, Guillermo Bolívar y Manuel Vicente Pellicer, a realiza una gira artística por El Llano y Los Andes venezolanos, la cual tiene un resultado triunfal. En la capital zuliana Emma Soler actuó en obras escritas por el poeta Udón Pérez. En esa histórica ciudad, a Emma Soler la elevan a la condición de primera dama del teatro nacional y la comienzan a llamar por un segundo seudónimo el de “Emma Cumbre”. Sigue leyendo

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Editorial Revista Matria Nº 9

        Nosotros luchamos porque la memoria de nuestros pueblos no se pierda. Hemos venido aquí a demostrarnos a nosotros mismos que valemos como herederos de una cultura ancestral Quiriquire, Tomuza, Mariche, que tal vez hayamos perdido totalmente en el tiempo, como si nos hubieran arrancado de los brazos de nuestros padres para dejarnos abandonados en una vastedad desértica, pero que no por eso nos dejamos vencer por quienes nos oprimieron y aún nos oprimen hoy en día. Es posible que no sepamos hacerlo de la mejor manera, que no manejemos los medios más apropiados para liberarnos del desarraigo que nos cancela los sueños y los transmuta en mercancía, inmediatez y pacatería, pero hacemos nuestro mejor esfuerzo por que el tuyero se conozca a sí mismo, de donde viene, qué tierra pisa, qué aire respira. La ciencia nos podrá enseñar de qué está compuesta la naturaleza, pero sólo la cultura nos ayuda a saber qué hacer con ese conocimiento. Sigue leyendo

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El niño y la bruja

Por: Edgar Rivero

         El olor del café recién hecho se entremezclaba con los sueños de aquel pequeñuelo que yacía envuelto entre las cobijas dando vueltas sin sentido, se había acostado muy cansado la noche anterior por las correrías y asustado, porque su padre había encontrado una mapanare en el gallinero matándola de un certero machetazo, la noche se vestía de un negro intenso y solo la luz de una vela que sostenía su hermano podía alumbrar a su padre que con la respiración entrecortada, un corazón dando tumbos y un sudor frío, pasaba el susto. Habían salido a buscar huevos para la cena.

– ¡Cristofué! ¡Cristofué!

Antero abre los ojos impresionados y se levanta corriendo hacia la ventana que daba al cuarto y en la cima de un tamarindo logra ver al ave que lo acaba de despertar.

– ¡Cristofué! ¡Cristofué!
– ¡Anterooo! A levantarse pa’ que le lleve el desayuno a su taita y a su hermano.
– ¡ Ya me desperté ma’!
– ¡Cristofué! Cristofué! Sigue leyendo

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Del amor juvenil a la militancia estudiantil: Pégale Candela.

Por: Alejandra Szeplaki

         ¿Como era el ser estudiante en Caracas? Era madrugar, tomar el metro, tomar un carríto destartalado con salsa a todo volumen, que los autobuseros no te aceptaran en su unidad porque “pagabas la mitad del pasaje” y que pocos chóferes de autobús que te recogían de la calle, al montarte te decían: “los estudiantes no ocupan los asientos sino que van de pie”. Era escuchar o ver por la Tv que: “…unos ‘estudiantes revoltosos’ murieron a manos de la policía…”, para conocer luego que por esos “revoltosos” se tuviera el privilegio de un boleto azul del metro o que con presentar tu carnet del liceo, pagaras la mitad del boleto del autobús.

Alejandra Szeplaki, cineasta y documentalista venezolana

        También era ir al liceo donde lo que me enseñaban carecía de todo interés, con unos profesores aburridos, represivos, acomplejados y que “pagaban” con sus estudiantes todo tipo de frustraciones personales amparados en su pequeña cuota de poder. Dinámicas sociales marcadas por la competencia en el salón, por la carrera de muchos por encajar, burlándose de los más débiles, allí entraba, a su vez, la etiqueta de apto y no apto entre los que presentaban la “Prueba de actitud académica”. Era la época donde las conversaciones giraban en torno a las tiendas nuevas de CCCT y lo increíble que era entrar a Wall Street con una cédula de una prima que ya tenía 18 años.

        Tardes de hastío en una ciudad que tenía muy poco que ofrecer a la gente joven -acaso aún eso no ha cambiado mucho-, una ciudad donde las tiendas vendían “ropa de vieja”, un país donde el concepto de Tv., un domingo en la noche era: Primer Plano con Marcel Granier, un programa con Alfredo Peña, otro señor de mil años llamado Pedro Berrueta o ver el refrito de “favoritos del monitor hípico con la voz de Alí Khan”. Días mirando el techo del cuarto, escuchando la única radio decente “radio difusora Venezuela”, pensando que el mundo no podía ser eso. Un país donde ser joven era un castigo y donde no existía posibilidad alguna de conexión con otros o sentirte parte de algo. Un país negado para la juventud. Sigue leyendo

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