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DOSSIER 9.5: Cisneros, la ira de dios en el Tuy (Relato Histórico)

Por Edgar Rivero

     Despuntaba una nueva mañana en el Valle del Tuy, una brisa suave, fresca, jugueteaba con los árboles, el Sol acariciaba con sus rayos sutilmente a aquel muchacho que yacía tumbado en el lodo he iba secando sus ropas, sus cabellos, sus recuerdos, estaba inerte, cansado, adolorido, poco a poco fue abriendo sus ojos hacia un cielo cada vez más azul y ve a lo lejos una bandada de zamuros revoloteando en círculos, al voltear la mirada, se topa con dos ojos que lo observaban fijamente ya sin vida, el muchacho se para bruscamente y ve a algunos compañeros caídos, otros amarrados a los árboles, rendidos, pasando el susto y con la certeza de que nacieron nuevamente. Las mulas ya no estaban, mucho menos la carga y las pocas armas que tenían, no recordaba mucho, una carcajada sonora, un indio fornido acercándose y un fuerte golpe en la cabeza.

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      Hace semanas atrás habían partido de Caicara del Orinoco rumbo a Caracas, treinta burros y mulas junto a un grupo de 50 hombres aproximadamente, llevando un cargamento de oro perteneciente al General Elías Acosta, dicho oro iba camuflado entre el pescado salado que se llevaba a la capital para venderlo durante la Semana Santa. El General Acosta no quería vender su oro  a los compradores de la zona pues le parecía injusto el precio que ofrecían, así que lo fue acumulando en Cabruta, hasta que decidió enviarlo no por el Orinoco ya que le parecía peligroso, envió a sus hombres por las Mercedes del Llano, pasando por San Rafael de Orituco hasta llegar a San Casimiro para luego caer en el camino que va hacia a Cúa, justamente casi llegando a esta población al anochecer y bajo un diluvio que ahogaba las penas ajenas, fueron emboscados por 150 hombres, muy pocos ofrecieron resistencia. Sigue leyendo

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DOSSIER 7.4: Mauricio

Por: Isaac Morales Fernández

(Basado en un cuento popular tuyero)

      El niño abraza a su madre, pero es un abrazo extraño. La temperatura del niño es extraña, es un poco fría. La madre llora con confusión, pasa la mano por su rostro con énfasis, le pregunta dónde ha estado. Lo ve pálido. Su mirada tiene algo.

    Cada vez que su madre lo enviaba a buscar agua en el río, él sentía unas ganas tremendas de entrar en la cueva. La entrada tiene la forma de una hermosa mujer con un largo vestido negro. Atrás quedó el pueblo y su algarabía inentendible. Mauricio siempre se ha sentido incómodo entre el gentío, por ello adentrarse en el monte ha sido desde muy pequeño su mayor divertimento, y siempre tuvo deseos de entrar en la cueva. Sube el peñasco con dificultad pero con firmeza. Finalmente está en la entrada. Escucha los ruidos que hacen los murciélagos mientras duermen.

      La madre introduce al niño rápidamente en la casa. MImagen de Mauricioauricio le dice que estaba estudiando. La madre lo acusa de mentiroso mientras atraviesan la puerta. Una vez en el cuarto del jovencito, su madre empieza a quitarle las ropas sucias de pantano y polvo. En los pantalones tiene múltiples cadillos que le quedaron adheridos a la ropa desde hace tres días ya. ¿Por qué cada vez que te mando a buscar agua te metes para el monte? ¿Cuántas veces tengo que decirte que no lo hagas?

      El hombre está demasiado mal vestido y harapiento como para no llamar la atención de los policías, quienes en seguida le ordenan colocar las manos contra la pared y lo revisan. El hombre accede dócil y sin decir palabra. No carga ningún tipo de documento que lo identifique, y eso, sumado a que lleva un puñal tallado en madera y amarrado con bejuco a una vaina que lleva metida en el desteñido pantalón, hace que lo metan a la camioneta de inmediato. Sabe que ha caído en una redada por primera vez en su vida, justo como lo había planeado. Sigue leyendo

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