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El patriarcado y sus perversiones

Por: Isaloren Quintero Bernal

     En ocasiones he sentido que el patriarcado es un ¡sistema perfecto! Son esos momentos en los que una siente que la lucha va por un lado y los avances estructurales por otro. El patriarcado es un sistema que ha logrado mantenerse por miles de años gracias a sus conexiones, engranajes y mecanismos con otros sistemas, como el capitalista por ejemplo.

     Patriarca proviene de la palabra griega árjo que significa ‘mandar’ y pater que significa ‘padre’. No cabe duda que el mandato del padre se instalo de manera omnipresente en la vida de todo ser humano y sobre todo en la vida de las humanas, quienes sometidas a procesos de socialización patriarcal reproducen el patriarcado y sus propias perversiones.

      Una de estas perversiones, quizás la más eficiente de todas, es hacer y mantener la creencia que entre mujeres nada funciona. Frases como: “las mujeres son conflictivas o chismosas”; “las mujeres no pueden ser amigas”; “reunión de mujeres, pelea en puerta”; y así infinitas expresiones de descalificación y desvalorización de los vínculos y afectos entre mujeres que no solo reflejan prejuicios y estereotipos de género, sino que tienen una delineada y clara intención, mantener a las mujeres extraviadas como género humano, separadas entre sí y de sí mismas, porque una es en la vivencia con la otra y la otra en el reflejo de lo que somos todas. Sigue leyendo

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La revolución mexicana. Transformación y legado del estado mexicano moderno

Por: Antonio Delgado

     La revolución mexicana fue un tumultuoso y peculiar movimiento político y social que sacudió los cimientos de la sociedad azteca. Dicho acontecimiento, que se remontaba a varios siglos de incubación, encontró en la postrimería del siglo XIX y en los albores del siglo XX el momento preciso para su estallido. México fue escenario de un inédito cambio político, económico y social, que sin duda, influyó sobremanera en la transformación del Estado y por ende, marcó un hito en la historia mundial en general, y de América Latina en particular. A su vez, la revolución mexicana puede catalogarse como un hecho trascendental latinoamericano por las características que adquirió y dado también por la situación en la que se encontraba México en comparación con el resto de los países latinoamericanos.

    Durante la primera década del siglo XX, México presentaba una situación muy distinta a la de los demás países de la región, sobre todo, los ubicados en Centroamérica y en los Andes: un gobierno dictatorial, una muy desequilibrada distribución de la propiedad territorial agraria, y un notable crecimiento económico que contribuyó al desarrollo urbanístico e industrial de la nación con la consecuente aparición de una incipiente clase media y proletaria. La combinación de estos tres elementos, hizo de México, un país con condiciones explosivas revolucionarias.

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Francisco (Pancho) Villa y sus Dorados, imagen tomada de Wikimedia Commons.

I. La crisis del porfiriato. Genuflexión hacia los inversionistas extranjeros y mano dura hacia los connacionales.

     Porfirio Díaz nacido en 1830, tomó el poder a raíz del triunfo de la Rebelión de Tuxtepec en 1876, y su prolongado régimen se extendió hasta 1910. La primera etapa de su gobierno estuvo definida por un período de ascenso y consolidación en el poder (1876-1890), en el que imperó el lema de “orden y progreso”, se apoyó en el sector militar y logró la pacificación del país y el control del ejército, con lo que se obtuvo cierta estabilidad política, a través de prácticas conciliatorias e incluyentes, aunque también acudió a la represión de sus enemigos y adversarios. En el ámbito internacional contó con el reconocimiento del gobierno estadounidense y se restablecieron las relaciones diplomáticas con Francia e Inglaterra. La segunda etapa (1890-1904), se distinguió por el perfeccionamiento del control político, apoyado por sus partidarios “científicos” y “reyistas” y un destacado crecimiento económico: saneamiento de la hacienda pública, reducción de gastos militares, renegociación de la deuda externa, modernización de los códigos minero y comercial, creación de bancos modernos y tendido de vías ferroviarias, líneas telefónicas y telegráficas. Arribaron al país inversiones extranjeras norteamericanas y europeas, obras de infraestructura y se modernizó la agricultura y los cultivos de exportación. Fue un período definido con el lema “poca política y mucha administración”. Sigue leyendo

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El General Francisco Tosta García.

Por: Iván López.

      Nace en Charallave, Edo. Miranda, el 1º de Enero de 1846. Político, diplomático, militar venezolano y candidato presidencial. Se destacó también como escritor costumbrista, periodista, novelista, historiador y miembro numerario de la Academia Nacional de la Historia. Fueron sus padres Alejandro Tosta, comerciante, y Manuela García, vía esta por la cual se encuentra emparentado con el General Ezequiel Zamora como primohermano. Habiendo nacido en Charallave, pasó su infancia en Caracas. Sus cualidades y conocimientos humanísticos que desarrolló a través de su vida los adquirió de forma autodidacta. Amigo y partidario de Antonio Guzmán Blanco, entró con él a Caracas en abril de 1870. Fue Diputado por el estado Guárico (1880), gobernador del Distrito Federal en julio de 1880, luego fue el organizador del estado Guzmán Blanco (1881) y el jefe de las Milicias del Distrito Federal (1881). Luego fue presidente de la Cámara de Diputados en las sesiones de 1882, 1883, 1884, 1885 y 1886, así como presidente del recién creado estado Guzmán Blanco (1883) y diputado por el Distrito Federal (1886). Presidente de la comisión de Diputados para la constitución del Congreso (1888), apoya la candidatura presidencial del general Joaquín Crespo, siendo apresado el 21 de junio y permaneciendo 2 meses en La Rotunda.

Francisco Tosta García, Imagen tomada del Cojo Ilustrado Nº 69 del 1 de Noviembre de 1894

      Perseguido por su amistad con Juan Pablo Rojas Paúl, es puesto preso. Tras su liberación decide mantenerse alejado de la vida pública desde 1888 hasta 1892. Después del triunfo de la Revolución Legalista en 1893, fue electo diputado por el Gran Estado Los Andes a la Asamblea Nacional Constituyente, en la que actuó como secretario. Enviado extraordinario y ministro plenipotenciario de Venezuela en los Países Bajos (1894), siendo que para ese año gracias a sus gestiones y a las de su secretario el Dr. Nicolás Veloz Goiticoa logra restablecer las relaciones diplomáticas el 20 de agosto firmando en La Haya un protocolo junto al representante del gobierno neerlandés. Posteriormente fue gobernador del Distrito Federal (1895) y ministro de Fomento (1896). Candidato a la presidencia de la República (1897), figuró como senador de la oposición durante la presidencia de Ignacio Andrade (1898).

      En 1901 fue representante del estado Miranda en la Asamblea Nacional Constituyente y vicepresidente de la misma. Senador por Carabobo (1904); fue representante de Venezuela en el Congreso Bolivariano reunido en Caracas en 1911 y miembro del Consejo de Gobierno (1913). Los últimos años de su vida los dedicó a la Academia Nacional de la Historia de la que fue electo individuo de número en 1906 y en la cual se incorpora el 25 de marzo de ese mismo año. Su trabajo de incorporación versó sobre El Congreso de Panamá. Como periodista, fue redactor de La Causa Nacional en 1889, en compañía de Eduardo Blanco y de El Pabellón Amarillo (Caracas) en 1878. También escribió zarzuelas tales como: Don Pantaleón y El Oro de Bascona, arreglada a la escena española. Como escritor utilizó el seudónimo de “K Lendas”. Dejó importantes obras como escritor costumbrista. Autor de los Episodios venezolanos influido por los Episodios nacionales de Benito Pérez Galdós, dividido en dos series de seis tomos destacando El 19 de Abril, La Patria Boba, Los orientales, La guerra a Muerte, Los años terribles y Carabobo, entre otros. En total escribió varias novelas: Don Secundino en París, Jacobilla, Leyendas patrióticas y Memorias de un Vividor, ambientada esta última en los avatares de la Guerra Federal.

      Muere en Caracas, a los 75 años de edad el 10 de Noviembre de 1921.

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