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DOSSIER 9.3: Dionisio Cisneros en la literatura tuyera

Por: Isaac Morales Fernández

Wild scenes in South America; or Life in the Llanos of  Venezuela, Londres, 1863. tomada de Ramón Páez.

      Dionisio Cisneros nació cerca de lo que es hoy el Municipio Paz Castillo, al norte, en una hacienda baruteña, a finales del siglo XVIII. Descendiente de indios, era un manumiso que abrazó la causa realista a cambio de los ofrecimientos de los aristócratas criollos, seguidores y beneficiarios aún de la monarquía española. Comienza a aparecer en la historia en 1820 con el rango de Sargento, comandando tropas a favor del Rey, asediando las comunidades tuyeras que querían la liberación de la corona española. Desde los valles tuyeros, hasta las tierras del norte de Guárico, pasando por todo el centro y sur de Aragua, el indio Cisneros pasó arrasando, asesinando, robando y aterrorizando durante los días de la Guerra de Independencia y algún tiempo más.

      Es José Antonio Páez quien logra “apaciguar” a Cisneros luego de haber tomado como rehén a su hijo. Después vendrían los tiempos de La Cosiata, la separación de Colombia, la presidencia de facto de Páez, la traición a Bolívar y el fallecimiento de este ya en 1830. Algunos años después Páez y su nuevo protegido Cisneros se han unido a la oligarquía que gobierna el país. Ahora compadres ambos, pues Páez ha bautizado al hijo de Cisneros, se unen para sofocar la revolución reformista liderada por Santiago Mariño y José Tadeo Monagas. Más adelante, derrocado el gobierno conservador de José María Vargas, Páez, alejado de la coyuntura pero siempre detrás de todos los hilos de la política nacional, siempre seguido por Cisneros, se une a la candidatura de Carlos Soublette para las elecciones de 1835.

      Todo este contexto de belicosidad, la Venezuela “cuero seco” (por el decir de Páez de que Venezuela parecía un cuero seco, que al pisarlo por un lado se levantaba por el otro), sirvió de contexto sangriento para que Cisneros siguiera siendo el bandolero de siempre, pero ahora protegidas sus crueldades por el gobierno oligarca. Al surgimiento de la insurrección campesina en 1846, y de Ezequiel Zamora como militante liberal en respaldo a la candidatura de Antonio Leocadio Guzmán, Cisneros sigue en sus funciones militares y es enviado a combatir contra Zamora en Carabobo. Renuente a ser un simple mandadero obediente, comete crímenes de guerra contra campesinos y hacendados por igual. Páez se ha convertido en un avezado y astuto político y finalmente se distancia de Cisneros, quitándole su protección. Cisneros se intenta rebelar y es finalmente sometido, enjuiciado y fusilado en 1847. Sigue leyendo

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La fotografía de la Hacienda Marín en la población de Cúa

Por: Iván López Calero

      Si bien la intención con este artículo es el de describir la fotografía o imagen gráfica que se presenta junto al mismo, se hace necesario referir primero a ustedes una breve crónica de esta importante Hacienda que estuvo ubicada en los ejidos de la actual población de Cúa, Valle del Tuy, del Estado Bolivariano de Miranda, en Venezuela. El trapiche de dicha hacienda se encontraba ubicado en la rivera norte del Río Tuy, a la altura de lo que hoy es la zona industrial Marín, esto con el fin de brindarles la mayor suma de elementos para facilitar la comprensión del contexto de la imagen a describir.

Hacienda Marín en Cúa, propiedad del Sr. Carlos Hernáiz, Foto tomada del Cojo Ilustrado del 1 de Noviembre de 1894Hacienda Marín en Cúa, propiedad del Sr. Carlos Hernáiz, Foto tomada del Cojo Ilustrado del 1 de Noviembre de 1894.

    Para ello debemos remontarnos al año de 1577 cuando se logra la pacificación del “Valle de la Nueva Salamanca” (hoy Valles del Tuy) por acciones de Garcí González Da Silva y Francisco Infante (a los cuales se les concedió el territorio por real Cédula como encomenderos) y de Sancho García conquistador que logra capturar y asesinar a los caciques Guacima, Acuareyapa y Apacuana, esta última, valiente mujer Quiriquire que opuso feroz resistencia a la conquista del valle. Sigue leyendo

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DOSSIER 7.5: Yo entreviste a Mauricio

Por: Juan Alberto Paz (Juber)

 Publicado originalmente en el diario, “El Periódico de Ocumare”, Año I. Nº 7, 2da quincena de mayo de 1980, página Nº 2.

       Era una mañana fría del mes de Mayo donde a Valles del Tuy desde los cielos caía como un almíbar, una 1 lluvia pertinaz de Norte a Sur lo cual daba lugar a que nuestro principal río fuera casi navegable, ¡Oh que hermoso panorama!, Ocumarito, La Guamita, el cauce de sus aguas eran alentadoras, se veían las garzas contemplando con ternura el azul de los pozos, la neblina estaba a ras de la tierra empapando con su aliento nuestra vida cotidiana.

El poeta Juan Alberto Paz

     En aquella mañana quise inspirar un poema a través de esta gran naturaleza, para ello tomé el rumbo este de Ocumare del Tuy hacia las vías de Quiripital por una carretera de tierra, y ante el bullicio de turpiales, arrendajos, gonzalitos, guacharacas y paraulatas, con sus cantos embelesaban mi espíritu que como bardo vive enamorado de lo hermoso del Valle que me vio nacer.

     Veía a mi lado una espesa vegetación, un suave olor a espiga de maíz, vitalizaban mi mente, tablones de caña dulce lista para ir al trapiche, daban matiz al caerle el sol, como si fueran nidos de oro y plata, al cruzar el río de Súcuta, calmé la sed con sus cristalinas aguas; pero al caminar como una hora vi a la izquierda un peñón que se alzaba en un copo de árboles, lo cual llamo mucho mi atención y de la nada surgió un lugareño al cual después de los saludos correspondientes pregunte:

– ¿Qué significa aquel Peñón en aquella fronda? Y este me respondió:
– Hombre, allí vive “Mauricio” que pa` más señas es un “encantao”
– ¿Cómo es posible? Me dije.

      Me despedí del campesino y me fui hacia la cueva a constatar lo que acababa de oír. En efecto llegue a la puerta de la misma, vi a un hombre blanco, flaco, de regular tamaño, con una mochila al hombro como quien iba de salida, y sí iba para el pueblo, le di los buenos días, y aquel hombre desconfiado, receloso, ve a su alrededor, frunce el entrecejo, baja la vista como buscando lejanas meditaciones, pero al fin alza la mirada hacia mí, y me responde: Sigue leyendo

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