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El niño y la bruja

Por: Edgar Rivero

     El olor del café recién hecho se entremezclaba con los sueños de aquel pequeñuelo que yacía envuelto entre las cobijas dando vueltas sin sentido, se había acostado muy cansado la noche anterior por las correrías y asustado, porque su padre había encontrado una mapanare en el gallinero matándola de un certero machetazo, la noche se vestía de un negro intenso y solo la luz de una vela que sostenía su hermano podía alumbrar a su padre que con la respiración entrecortada, un corazón dando tumbos y un sudor frío, pasaba el susto. Habían salido a buscar huevos para la cena.

– ¡Cristofué! ¡Cristofué!

Antero abre los ojos impresionados y se levanta corriendo hacia la ventana que daba al cuarto y en la cima de un tamarindo logra ver al ave que lo acaba de despertar.

– ¡Cristofué! ¡Cristofué!
– ¡Anterooo! A levantarse pa’ que le lleve el desayuno a su taita y a su hermano.
– ¡ Ya me desperté ma’!
– ¡Cristofué! Cristofué! Sigue leyendo

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La Escapada

Por: Edgar Rivero

     Tendría 12 años cuando mis padres partieron al Edo. Táchira de viaje, mi padre era ese tipo de persona muy estricta y sobre protectora y por lo tanto eran muy pocos los permisos que me otorgaba, solía yo ver a mi primo jugar en la calle y de regreso a la casa me relataba sus aventuras, un día me contó sobre cómo fue a pescar a la montaña con los amigos de la cuadra, yo lo escuchaba con esa envidia pasmosa que suelen tener los jóvenes “sometidos” y me invitó para la próxima aventura, la pregunta era ¿Cómo iba a salir sin el permiso de mi padre?

Selva Tropical, imagen tomada de www.bloglemu.blogspot.comSelva Tropical
imagen tomada de http://www.bloglemu.blogspot.com

     Aprovechando la ausencia de ambos, resolví aventurarme con mi primo y nuestros compañeros, ya que mis padres regresaban el Domingo por la noche, decidimos partir el Sábado hacia la quebrada “El Negro”, muy temprano nos despertamos, preparamos todo para la pesca y partimos, confieso que tenía cierta congoja porque era la primera vez que salía de mi hogar sin permiso, nos fuimos a pie desde el centro de Santa Teresa del Tuy, y surcando calles y avenidas nos detuvimos a comprar pan en la Avenida Lamas, luego cruzando el puente que va hacia Altagracia de Orituco nos desviamos a la derecha y un poco antes de llegar al parque “Quebrada de Agua” , ingresamos a la montaña por un caminíto improvisado.

     Guatopo nos mostraba sus encantos y nos daba su bienvenida entre esa vegetación exuberante que siempre suele tener, se abría ante mí una belleza inimaginable y sentía una agradable libertad, por así decirlo, un poco después llegamos a la quebrada e íbamos caminando por sus orillas, el agua era cristalina y se podía ver entre sus corrientes los peces, las pobres sardinas que íbamos a pescar.

      Novato al fin, poco a poco me fui adaptando a la pesca y lo que pescábamos lo metíamos en una lata de leche “La Campiña”, de vez en cuando veíamos a algún campesino que salía de los muchos parajes que tiene el parque nacional y cada vez nos adentrábamos más arriba donde la quebrada era más virgen, nos metíamos en los pozos, movíamos las piedras, divisamos bagres de río, cangrejos, tortugas y toda clase de aves.

     Ya de tarde nos disponíamos volver al pueblo bajando nuevamente por la quebrada por donde habíamos llegado, despidiéndonos de sus aguas, y con el premio de la aventura entre los brazos: la lata de leche con las sardinas. El cielo se torno obscuro y las gotas no se hicieron esperar, empezaron a caer duramente contra la tierra y contra nuestra humanidad, llovía torrencialmente y el caudal de la quebrada empezó a elevarse y sus aguas antes claras tomaron un color marrón y de repente para asombro de nosotros entre la turbia agua salió un pez grande con muchos matices de colores, muy bello, nos miramos las caras de sorpresa y se escucho de alguien decir: ¡es el encanto de la quebrada!. Y sin más que decir, arrancamos a correr vertiente abajo, la montaña parecía querer tragarnos entre su espesura y entre la carrera, la lata llena de sardinas se nos cayó en algún pozo, y nuestras victimas escaparon felices entre la corriente.

      Al fin, la salida, la carretera, el pueblo, el cansancio, sin las sardinas pero con la alegría de vivir una aventura inédita, ¿y el encantado? ¡Sabrá Dios compañero!

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El anima sola, el silencio…

Por: Manuel Vicente Monasterios.

Revista Matria Nº 6

     Este cuento se ubica en el triste año de 1814, Boves, Rosete, Antoñanza, Zuazola, personajes que despiertan el monstruo del odio, la sangre corre y se destruye la primera República. Esta es una interpretación libre del origen de la leyenda del Ánima Sola.

El anima sola

     Amaneció lloviendo, toda la noche fue un solo aguacero, las quebradas están desbordadas, el zanjón del paso del cementerio está tan lleno que la furia de las aguas rebosa el recién inaugurado Puente Castro. Es lunes y Doña María tiene que cumplir la promesa hecha mucho tiempo atrás, cuando los muertos se enterraban hacia la loma del viento, años en que la peste del vomito negro hacía estragos y muchas veces los “difuntos” se ponían de pie cuando sentían en la cara la primera pala de tierra y este hecho macabro cambiaba la toponimia: de “loma del viento” a “muerto parao”, además del susto y la carrera de los enterradores.

     Es lunes y Doña María tiene que ir al cementerio para rezar los 20 rosarios que exigen las Benditas Ánimas, las que no han logrado llegar al cielo, porque sus pecados, aunque menores, resultan un grave impedimento, solo rezando el rosario, ordenando misas y prendiendo velas con esa intención salvadora, las ánimas podrán descansar en paz. Solo la oración tiene el poder para sacar las ánimas del Purgatorio. No importan los obstáculos, bien sea que llueva, truene o tiemble la tierra, la promesa hay que cumplirla para evitar la condenación eterna, !A las ánimas hay que cumplirle¡. Sigue leyendo

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