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DOSSIER 8.7: De Livia Gouverneur a Belinda Álvarez: Las mujeres en la lucha estudiantil

Por: Isaloren Quintero Bernal

Manifestación del 14 de febrero de 1936 en Caracas, portada del libro “Mujeres en tiempos de cambio”, de Iraida Vargas Arenas, año 2010.

      Las mujeres antes de incorporarse a la lucha estudiantil estuvieron incorporadas a la lucha política y más aun han debido sortear la batalla contra la exclusión de una sociedad patriarcal y machista. Así, una de las conquistas de las mujeres venezolanas a la mitad del S. XX fue haber logrado incorporarse en el campo universitario. Blanco Guzmán, citado por Díaz Erika nos comenta:

Las opciones educativas en Venezuela para la mujer, a finales del siglo XIX, eran única y exclusivamente los estudios de primaria, los cuales eran de carácter obligatorio para todos los venezolanos (i).

      Que tengamos que referir en la historia a la primera mujer que participó en partidos políticos, la primera mujer que ingreso a las filas universitarias, la primera mujer que incursionó en las ciencias, en el periodismo, que logro tal y cual cosa, no es más que la evidencia que la participación de la mujer en cualquier escenario que trascendiera los muros de la casa, ya era visto o asumido como un hecho extraordinario, lo cual da cuenta del profundo machismo de nuestras sociedades en las que el mundo se construía solo con, por y para los hombres.

      Una huella histórica conseguimos en el discurso de cierre de Sara Bendahanalen 1939, en ocasión de su acto de graduación de médica en la Universidad Central de Venezuela:

¿Qué más se necesita para no sonreír alegremente ni siquiera ante este triunfo? No que el orgullo se apodere de mi espíritu, ¡oh, no!, y lo considere como triunfo científico, más sí como triunfo extraordinario sobre el medio, los prejuicios, la envidia, las circunstancias que me han rodeado (…) Los tiempos han cambiado con suma rapidez. Se familiarizó el varón con la presencia de Eva en las aulas y hoy en todas las facultades cursan estudios numerosas estudiantes mujeres, alegrándonos anticipar que en el año próximo finalizarán sus estudios médicos dos inteligentes compatriotas nuestras”(ii) (Negrillas nuestras). Sigue leyendo

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Argentina: esculturas y memoria histórica en disputa

Por: Julian Lautaro

@julianlautaro

     En los últimos años hay un incipiente resurgir de monumentos escultóricos en el espacio público, que acompaña un creciente debate sobre nuestra historia. El artista plástico Andrés Zerneri (Argentina, 1972) es uno de los protagonistas de esta dinámica. Sus obras han logrado una amplia repercusión, y exponen realidades silenciadas y/o perseguidas por la historiografía tradicional, expresan referentes, esperanzas y banderas históricas de las clases subalternas. Zerneri define su arte comprometido con tres conceptos fundamentales: la resignificación del bronce, nuestra identidad latinoamericana y la autogestión.

Artista plástico argentino Andrés Zerneri, en un galpón de la antigua ESMA Escuela de Mecánica de la Armada,  foto de Manuel Ruíz Durán, 2013

     La resignificación del bronce implica usar con otro sentido el mismo metal que las clases dominantes emplearon para imponer los próceres y mitos fundacionales del naciente Estado argentino, conformado a fines del siglo XIX sobre la sangre del pueblo trabajador. La patria elitista, conservadora-liberal, pro-imperialista honró a los responsables: de los exterminios contra los pueblos originarios, de “abonar la tierra” con sangre de gauchos, de la guerra de Triple Infamia que arrasó al Paraguay, de la represión y fusilamiento de obreros. Sigue leyendo

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DOSSIER 5.2: Las abuelas cimarronas y la pedagogía de la ancestralidad

Por: Luisa Pérez Madríz.

     Las abuelas son las madres dos veces, un trozo de papelón con chorrito de limón, es la mano que palma con fuerza para corregir y la misma mano que elabora dulces para consentir. Las que nos inducen a imitarlas sin proponérselo. A veces creemos odiarlas y terminamos por amarlas mucho, mucho, mucho…

     Son las que sobreviven en los recuerdos. “El que no tuvo abuela se perdió lo mejor de la niñez” ¡Mis abuelas cimarronas ambas! Una, dulcita como el yuyo de cacao, consentidora, amorosa, campesina, a quién el campo le chupó todo el sudor y sus fuerzas; esa era Rosalía Pérez, negrita de ébano pulido, delgadita y ágil, de quién jamás recibimos mis hermanos y yo un maltrato verbal, ni siquiera una mirada de ira; tenía el don maravilloso de la paciencia.

     Mi otra, abuela materna era un general en jefe, crió 9 hijos y 7 nietos, entre ellos yo. Mi adorada Eulalia Madríz una bachaca que no creía en nadie y su norte era el bienestar y la unión de la familia. Mis abuelas, mis tías, mis viejísimas y chochas vecinas, todas sabias, nobles, hermosas, reinas del cumbe curiepero y barloventeño, formando y forjando la descendencia con sus conocimientos.

Abuelas Cimarronas de Origen Africano foto, Juan Padilla

     Lo doloroso de esta gran verdad es que descubres que esos conocimientos se titulan en el doctorado de la vida, lamentablemente ya no están, se fueron a ese plano, dejándonos solamente ese valioso legado que despectivamente muchos llaman BRUJERÍA y yo insisto que es ciencia.Si muchas de estas mujeres no sabían leer y escribir ¿Cómo tenían soluciones y remedios para todo? Si te dolía la barriga, sabían si era mala digestión, un guarapo de menta o de concha de naranja seca. Si eran gases: col y anís estrellado.

     Si eran parásitos: purgante de coco y piña y luego para recogerlos, se preparaba en una bolsita de tela, fregosa, lombricera y pasote; así no se regaban todos y buscaban salida; si por algún motivo esto llegaba a suceder, le untaban en las coyunturas o articulaciones ajo machacado para que no provoquen la temida “alferecía de lombrices”. Kerosene, asafétida y ajo, reviviendo más de un muchacho.

     ¡Ay de resfríos, pechos trancados y flema! Café cerrero con aceite de oliva en ayuno.

     Frotarnos con aceite alcanforado calientico con la llama de una vela en el pecho y en la espalda. Beber una cucharilla de aceite de corozo, manteca de raya o infundio de gallina, que feo olíamos pero nos curábamos. Así mismo guarapo de clavellina, flor amarilla, paraíso, reseda, cebolla morada, sábila, tártago y hasta leche de vaca o chiva. ¿Nos dolía la garganta? Limón, miel, arcilla, bicarbonato y unos tantos tocamientos y adiós amigdalitis. ¿Ronquera? Jugo de remolacha y clara de huevos, té de conchas de cebolla, comer un trozo de vela o masticar jengibre. Si le salía un acceso o furúnculo: concha de ajo, hojas de ají, también hojas de tabaco y en horas empieza a drenar y desaparece. Si tienes una visita indeseable y quieres que se retire rápidamente, volteas cobre, un plato, un vaso de agua detrás de la puerta de la calle y solucionado el problema. ¿Le duele un oído? Gotas de leche materna u hojas de brusca. ¿Problemas en la piel? Yerba mora, amor seco, flores de cautaro, se toman, o se dejan secar en el aire y luego se cubre el cuerpo con almidón de yuca. ¿Mal de ojo? Primero buscar quién ensalme y luego llevar 3 ramitas de distintas plantas que casi siempre son crucetilla del niño, brusca y ruda.

     Así mismo, para limpiar ambientes de malas influencias, se colocan ramas de eucalipto, bayrun y alcanfor en sitios estratégicos de la casa.

      Si las hojas de los árboles se voltean, lluvia segura. Le salen los primeros dientes al niño y se babea, un chupón de auyama de huesito. ¿Diarrea? Té de conchas de granada y toronjil, sopa de plátanos y yerbabuena. Si un niño le cuesta dormir, acostarlo o arroparlo con una prenda usada de la madre, su olor lo tranquiliza.. Las abuelas con sus manos y el conocimiento gastronómico de la supervivencia y la economía, sin neveras, ni microondas, ni hornos eléctricos o de gas. ¡Pero no se desperdiciaba nada! ¿Muchos cambures maduros? Cafungas, berenges y titis deshidratados. ¿Muchos mangos? Caratos, jaleas y dulces. ¿Muchos cambures verdes? Bollos, mal llamados desgraciados.

     Secar pescados salados al sol, para luego degustarlos en salsa de ají. Tejer palmas y preparar altares diversos. Pelar topochos y plátanos verdes sin mancharse las manos. Ablandar carne con pitos de lechosa. Técnicas de elaboración de alimentos y dulces como Martinica, pan de horno. Preparar cacería.
¿Un repelente para zancudos y jejenes en las tardes húmedas? Aceite de coco con malojillo.

Abuelas en faenas diarias imagen de placomunidad.elpais.com

    Las abuelas con sus cantos para dormirnos, donde hasta versos de fulías o tonadas de tambor cambiaban de códigos con el fin de arrullarnos, o con el himno nacional. Cada vez que nacía un niño se sembraba una mata de coco, que era su responsabilidad cuidarla al crecer. A la hora de parir, estas aguerridas cimarronas aún con dolores de parto, lavaban, dejaban todo en orden y se iban a los conucos transportando en sus cabezas inmensos canastos cargados de cocos, topochos, ocumos, aguacate, uno que otro mango o cacao en baba, con la finalidad de aflojarse el muchacho. Cuantos nacieron en el medio de un conuco, teniendo como sábanas hojas de guanasna y el corte del ombligo realizado con un machete. Nuestras abuelas y madres conservaban su silueta por mucho tiempo, ya que se purgaban, hacían dieta para recién parida, le daban de mamar a sus hijos y hasta los ajenos, creando así el vínculo de hermanos de leche y superaban la cuarentena con sus lavados de yanten, bejuco de cadena u otros. La voz de la abuela era la última palabra. Era ley sembrando valores:

* Lo ajeno no se toca
* Respeta a los mayores.
* Cuida y protege a tus hermanos.
* Uno se arropa hasta donde le alcanza la cobija.
* La sangre se agua pero no se sale.
* El que le tira a su familia se arruina.
* Ruin es el pájaro que ensucia su nido.
* ¡Comparte y siempre tendrás!
* En la boca del mentiroso lo cierto se hace dudoso.
* No maltrates los árboles, las hojas son sus cabellos.
¿Cómo aprendíamos? Por imitación. Aprendiendo viendo, aprendiendo haciéndolo.

     Reproducir valores y actitudes, entendían que los niños son como el cemento fresco: cualquier impresión deja sus huellas. Hasta una pela cantada tenía su razón de ser. Nuestras abuelas, las de mi época no decían groserías ni las permitían. ¿Qué pasa ahora? ¡Los jóvenes pronuncian una palabra y siete groserías! De igual manera los jovencitos y los no tan jóvenes arrinconan a las abuelas como trastos inservibles, las usan de cachifas o las atormentan con ruidos que no es música para sus oídos y sus gustos, las injurian, las vejan, las maltratan muchas veces con la venia de la indiferencia de los padres y les niegan el valor que tienen. De volver a nacer pediría ser quién soy para sentirme bendecida por mis abuelas afro y sus enseñanzas. Soy lo que soy por ellas, que me enseñaron a ser cimarrona sin saberlo.

     Recuerdo frases como:

* El que no tiene nalgas no busca taburete.
* Búsquese a sus iguales.
* Quiébrale los agallones a esa niña.
* Usted no es topocho sin sal.
* Con el pendejo ni a misa, porque llega saludando.
* Eres tú y no te pareces a nadie.
* No pida, ¡deje la maña!
* ¿Más grande que tú? ¡La luna!

     Descansen en paz todas las abuelas ancestrales y que vivan siempre en nuestras mentes y corazones. Quién tuvo la dicha de compartir con su abuela y no lo disfrutó y apreció, tenía a Dios en sus manos y no lo reconoció.

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