Archivo de la etiqueta: la libranza misteriosa de simón bolívar

Un domingo verde

Por: Edgar Rivero

     “Un domingo verde se asomó por la ventana, con olor a viaje, con el olor del sancocho entre familiares, día de recorrer estos Valles eternos de mi infancia en el carro de papá, el frescor de la mañana acariciando mi cara con sutileza y ante mis ojos, un paisaje que se muestra con todo su esplendor lleno de una vegetación hermosa y huellas de historias gloriosas.”

Embalse del Lagartijo, Yare,  Valles del Tuy

Embalse del Lagartijo, Yare, Valles del Tuy,  foto de Gladys Zambrano.

     Aún recuerdo como cada domingo nos llevaban a esos parajes que el Valle del Tuy a veces suele esconder entre sus caminos, vía San Francisco de Yare nos desviábamos hacia Tocorón rumbo al Parque El Lagartijo a pasar un buen domingo en familia y nosotros claro, disfrutando de la piscina, para mi esas rutas que van desde Tocorón hacia Ocumare del Tuy tienen algo de mágico, son caminos que muy pocas personas conocen ya que la mayoría transitan siempre las vías principales, es como ver la cara más rural del Tuy. A veces podiamos desviarnos hacia La Aguada cerca también de Yare, donde tenemos familiares.

     Siempre que pasábamos por Yare a mi padre se le oía decir que ¡todo ese valle había sido del Libertador Simón Bolívar! lo decía con mucho orgullo como buen tuyero que era, lo que creo que mi viejo no sabía era que los Bolívar eran dueños de casi todo los Valles del Tuy y de un poco más allá.

     Mi viejo creía mucho en curanderos, a veces solíamos ir hacia Las Ollas un asentamiento campesino entre Ocumare y Cúa, vía a El Rodeo si mal no recuerdo, la carretera era de tierra e íbamos siempre en Jeep, después de un largo trecho de donde se podía ver pequeñas cascadas y quebradas, subíamos por unas escaleras esculpidas en tierra hasta llegar a una casa de bahareque donde vivía el curandero, a veces cuando llovía, mi primo y yo hacíamos diques y jugábamos con el agua de lluvia que llenaba los surcos que estaban alrededor de dicha casa, luego subíamos un cerrito más arriba y almorzábamos pan con jamón y queso que mi madre preparaba.

     Cuando pasábamos por Las Mercedes de Cúa, mi padre decía: “por aquí se voltio una carreta llena de negros” y por supuesto que uno se sorprendía de lo que decía y más cuando veías que la mayoría de los pobladores de ese lugar, son afrodecendientes, lo cierto es que por esos predios existía una hacienda llamada “El Murciélago” y el dueño de dicha hacienda en época colonial era tratante negrero, compraba negros y luego los revendía.

     Otra ruta era cuando íbamos hacia San Casimiro o hacia Camatagua, ambas poblaciones del Edo Aragua, a veces tomaba la ruta que va desde Ocumare hacia la Colonia Mendoza y de allí nuevamente tomábamos la ruta hacia Aragua, nos deteníamos siempre a comprar chicharrón, pero luego de comprarlo nos deteníamos más adelante a la orilla de la carretera en algún sitio tranquilo para comer en paz sin mucho alboroto.

     Una vez de regreso de los valles aragüeños por allá en el año de 1984, yo estaba con el empeño de que se detuvieran en un sitio donde decían que se aparecía la Virgen, se detuvieron sin muchas ganas, cruzamos un tronco para poder atravesar el río (si mal no recuerdo, había un tronco y si no es así perdonen, de vez en cuando la memoria nos hace una mala jugada) y así subir hacia la explanada donde había una humilde capilla improvisada y al lado izquierdo una imagen de la Virgen de Lourdes y una hermosa cascada de donde la gente se lavaba y bebía agua, mis viejos se hicieron muy asiduos al hoy Santuario de la Virgen Reconciliadora de los Pueblos.

     De vuelta a casa, al atardecer, al pasar nuevamente por San Francisco de Yare, mi padre decía orgulloso: ¡Simón Bolívar no nació en Caracas, nació en Yare!

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Anécdotas del Tuy

La libranza misteriosa de Simón Bolívar, elucubraciones en torno a un conflicto cortesano.

Por: Alejandro Cardozo Uzcátegui

Dr. en Historia Universidad del País Vasco.

    Poco o nada sabemos de Bolívar desde su llegada en 1802 a Caracas hasta una carta de protesta a finales de ese año. En el calor de la investigación hemos encontrado en el Archivo General de Indias, en Sevilla, una colección documental donde aparece una operación económica de Simón Bolívar en 1802, una libranza «de veinte mil pesos fuertes en plata ú oro». Llama poderosamente la atención la cantidad de dinero que Bolívar gira y manda a «pagar en la Tesorería de Cádiz a la Orden del Excelentísimo Señor Ministro de Hacienda de España e Yndias… en plata ú oro y no en Vales Reales». Se pague en «plata ú oro» y «no en vales reales», es decir que sea en efectivo, en metálico y no en algo muy similar a los actuales bonos de la deuda pública.

     Veinte mil pesos equivalía a 540 kilogramos de plata en monedas, nada menos que más de media tonelada de plata. Para hacernos la idea: una buena hacienda de cacao producía una renta media anual de cinco mil pesos fuertes, es decir, Bolívar, de un plumazo, estaba girando un capital equivalente a cuatro años de producción sostenida de una hacienda de cacao en plena capacidad. En nuestra investigación tenemos una carta del célebre Intendente de Caracas, Francisco de Saavedra, donde informaba al Consejo de Indias que era difícil encontrar una familia de ricos mantuanos caraqueños que lograra reunir 30.000 pesos fuertes.

    Este documento es una libranza que Bolívar gira desde Caracas. Podríamos hacer una similitud con los cheques de hoy. Fue firmado por Baltasar Padrón, administrador general de la Renta del Tabaco (que en este caso fungiría como banco emisor del “cheque”) y autorizado por el intendente de entonces, Antonio López Quintana. La libranza puntualiza que sea Nicolás de Sarachaga del Comercio de Bilbao el beneficiario del dinero (un renombrado comerciante de la villa bilbaína de la época, cuyo capital oscilaba los 100.000 pesos fuertes). El secretario del Despacho Universal de Hacienda de España e Indias, Miguel Cayetano Soler, autorizaba el trámite final del pago a nombre de Sarachaga, al quien le llegaría el monto en metálico, en «plata ú oro». La Real Renta del Tabaco aprobó el “préstamo” o el giro a Bolívar, y se hizo efectivo en la Tesorería de Cádiz. Sigue leyendo

Deja un comentario

Archivado bajo Otras Matrias, Otras Historias