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La festividad del 12 de octubre: Invención, reproducción y cambio

Por: Arturo Lev Álvarez

         Despertando de un sueño dogmático como diría Kant (aunque esperamos haber despertado hace tiempo y seguir despertando siempre de ciertos letargos), el presente 12 de octubre de 2014, no se pone en duda si fue o no Colón quien llego a lo que hoy es América para dar inicio a un proceso, primero mercantilista y luego de conquista y colonización, ya que esa duda supone la admisión de la idea de que lo que conocemos por América fue descubierta (tesis de Edmundo O’Gorman en “La invención de América”, de que lo que nace no es un descubrimiento sino toda una construcción o invención de algo llamado América, y acuñamos nosotros, haciendo progreso sobre los escombros del oprimido como lo piensa Walter Benjamín, haciendo notar que O’Gorman tiene una tesis eurocentrista, y por eso la acotación nuestra).

         Efectivamente, Colón viajó, exploró y falleció creyendo que había llegado a las Indias, detrás de su expedición hay toda una historia de proyectos e invenciones que dan con tal viaje que no fue el de descubrir un nuevo continente, por cierto, ya con territorios poblados, con cultura autóctona, originaria, con creencias y valores propios. Se parte entonces de que Colón ejecuto un acto muy diferente a lo que se impuso en las prácticas escolares, en las cuales se nos enseñaba como “día de la raza” en América para conmemorar el “descubrimiento de América” por aquello de unir en una festividad la unión de España y América (o Iberoamérica como nos llaman).

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DOSSIER 8.5: Notas sobre la Insurgencia estudiantil en Ocumare del Tuy: Un planteo desde la memoria 1989 -1992

Por: Arturo Lev Álvarez

Intrôdûcere

En cuarenta años de democracia representativa en Venezuela (1958-1998) se vivió un proceso continuista de violencia política “anticomunista” en el discurso y acción política, como imposición desde la política exterior estadounidense después de la Segunda Guerra Mundial, haciendo del “estado de excepción”(1) la regla contra la insurgencia de la sociedad venezolana, tanto de manera física como ideológica (simbólico) en sus medidas de fuerza para el control de mujeres y hombres que conforman la república.

Ese continuismo viene dado no sólo de las políticas implementadas en la dictadura del General Marcos Pérez Jiménez (1952-1958) con apoyo del gobierno de los Estados Unidos de América(2), sino desde inicios del siglo XX, durante la dictadura de 27 años de Juan Vicente Gómez (1908-1935), y en la llamada “transición” de López Contreras (1936-1941), destinados a “(…) contrarrestar la influencia del marxismo-leninismo por diversos medios entre los cuales se contaba la represión policíaca y las formulas legales para sancionar a los ciudadanos venezolanos o extranjeros que ingresaran al territorio venezolano las doctrinas antes dichas” (2014: 34)(3). Prueba de ello fue la Ley Lara de junio de 1936 que perseguía la finalidad de controlar manifestaciones de la oposición y reprimirlas de ser necesario, con derecho a “capturar” a los revoltosos políticos y expulsarlos del territorio.

Movilización del 14 de febrero de 1936 desde la U.C.V. hasta Miraflores en protestas contra el continuismo Gomecista. año 1936

Entre esos gobiernos que enfrentaron a los primeros hombres y mujeres con ideas y discursos anarquistas, socialistas, socialdemócratas y comunistas, con nuevas formas de organización diferenciadas del siglo XIX (formación moderna de los partidos políticos), y, por otra parte, los gobiernos de la “democracia representativa pactada”, hay un hilo conductor, que es el discurso “anticomunista” impuesto en ambas épocas y amparados por la política exterior estadounidense en algunos casos, donde el “otro”, que se opone al poder soberano estatal dominante, se encuentra automáticamente fuera del orden político-jurídico establecido, y es convertido en un enemigo del Estado y del pueblo, es allí donde las medidas de fuerza se tornan legitimas, además del trabajo propagandístico desde el Estado para obtener una “subjetividad normalizada y legitimante” del poder soberano estatal. Sigue leyendo

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