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La festividad del 12 de octubre: Invención, reproducción y cambio

Por: Arturo Lev Álvarez

         Despertando de un sueño dogmático como diría Kant (aunque esperamos haber despertado hace tiempo y seguir despertando siempre de ciertos letargos), el presente 12 de octubre de 2014, no se pone en duda si fue o no Colón quien llego a lo que hoy es América para dar inicio a un proceso, primero mercantilista y luego de conquista y colonización, ya que esa duda supone la admisión de la idea de que lo que conocemos por América fue descubierta (tesis de Edmundo O’Gorman en “La invención de América”, de que lo que nace no es un descubrimiento sino toda una construcción o invención de algo llamado América, y acuñamos nosotros, haciendo progreso sobre los escombros del oprimido como lo piensa Walter Benjamín, haciendo notar que O’Gorman tiene una tesis eurocentrista, y por eso la acotación nuestra).

         Efectivamente, Colón viajó, exploró y falleció creyendo que había llegado a las Indias, detrás de su expedición hay toda una historia de proyectos e invenciones que dan con tal viaje que no fue el de descubrir un nuevo continente, por cierto, ya con territorios poblados, con cultura autóctona, originaria, con creencias y valores propios. Se parte entonces de que Colón ejecuto un acto muy diferente a lo que se impuso en las prácticas escolares, en las cuales se nos enseñaba como “día de la raza” en América para conmemorar el “descubrimiento de América” por aquello de unir en una festividad la unión de España y América (o Iberoamérica como nos llaman).

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DOSSIER 8.7: De Livia Gouverneur a Belinda Álvarez: Las mujeres en la lucha estudiantil

Por: Isaloren Quintero Bernal

Manifestación del 14 de febrero de 1936 en Caracas, portada del libro “Mujeres en tiempos de cambio”, de Iraida Vargas Arenas, año 2010.

Las mujeres antes de incorporarse a la lucha estudiantil estuvieron incorporadas a la lucha política y más aun han debido sortear la batalla contra la exclusión de una sociedad patriarcal y machista. Así, una de las conquistas de las mujeres venezolanas a la mitad del S. XX fue haber logrado incorporarse en el campo universitario. Blanco Guzmán, citado por Díaz Erika nos comenta:

Las opciones educativas en Venezuela para la mujer, a finales del siglo XIX, eran única y exclusivamente los estudios de primaria, los cuales eran de carácter obligatorio para todos los venezolanos (i).

Que tengamos que referir en la historia a la primera mujer que participó en partidos políticos, la primera mujer que ingreso a las filas universitarias, la primera mujer que incursionó en las ciencias, en el periodismo, que logro tal y cual cosa, no es más que la evidencia que la participación de la mujer en cualquier escenario que trascendiera los muros de la casa, ya era visto o asumido como un hecho extraordinario, lo cual da cuenta del profundo machismo de nuestras sociedades en las que el mundo se construía solo con, por y para los hombres.

Una huella histórica conseguimos en el discurso de cierre de Sara Bendahanalen 1939, en ocasión de su acto de graduación de médica en la Universidad Central de Venezuela:

¿Qué más se necesita para no sonreír alegremente ni siquiera ante este triunfo? No que el orgullo se apodere de mi espíritu, ¡oh, no!, y lo considere como triunfo científico, más sí como triunfo extraordinario sobre el medio, los prejuicios, la envidia, las circunstancias que me han rodeado (…) Los tiempos han cambiado con suma rapidez. Se familiarizó el varón con la presencia de Eva en las aulas y hoy en todas las facultades cursan estudios numerosas estudiantes mujeres, alegrándonos anticipar que en el año próximo finalizarán sus estudios médicos dos inteligentes compatriotas nuestras”(ii) (Negrillas nuestras). Sigue leyendo

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DOSSIER 8.6: Insurgencia Estudiantil Tuyera

Anécdota por Jesús “Chuo” García.

El pueblo es una escopeta a punto de disparar
Alí Primera

De niño al salir de la escuela cuando iba camino a casa siempre me llamó la atención entre la algarabía y las carreras, observar una pinta sobre un muro donde se leía “un ser sin estudios es un policía”. Con el paso del tiempo tomarían fuerzas esas palabras entre mis reflexiones y mi accionar a fuerza de vida.

Por el año 92 me hice militante de la UJR, Unión de Jóvenes Revolucionarios, en medio de una Venezuela convulsionada seguida del sacudón histórico del Caracazo (1989), apenas salíamos de la clandestinidad dado a que recientemente se desmovilizaba el último frente guerrillero en el país, el FAS, Frente Américo Silva. Nuestra consigna para ese entonces era “el frente se desmoviliza más no se pacifica” los intentos de golpes y las medidas hambreadoras impuestas por el gobierno no dejaban otro camino que la lucha de calle, nuevas consignas hacían hablar las paredes “se acercan tiempos de revolución”, “rescatemos la patria del caos” y otra “muere un estudiante nacen mil combatientes”.

Los años noventa fueron una década marcada por la persecución y la muerte en un inútil intento por callar la voz rebelde del movimiento estudiantil. Era común el allanamiento y la búsqueda de la concha (lugar donde esconderse), dejar la diversión característica de esta edad y cambiar hasta de nombre, la adrenalina se sentía en los jueves revolucionarios en la Universidad Central de Venezuela, ocultar el rostro bajo la capucha, la pinta de murales durante la noche, la Coordinadora Regional Estudiantil de Educación Simón Bolívar, se buscaban formas de organización que siempre llevaban a la acción de calle como demostración de fuerza y descontento ante el gobierno asesino de turno. Cada caído era una puñalada que alimentaba la rabia combativa de quienes creíamos en un cambio de rumbo para la historia del país, Jessica Díaz, Belinda Álvarez, Yarwin Capote, Richard López entre otros; engrosaban la amarga lista de más de cincuenta estudiantes asesinados y desaparecidos en la pseudo democracia que malvivíamos para ese entonces.

Con el pasar del tiempo aquella imagen que guarde de niño de aquel muro y aquella consigna, se convirtieron en una realidad vivida en carne propia. Por el año 96 no cesaba la represión y la cacería por parte de los aparatos represivos del Estado, por ese mismo tiempo se me detuvo en mi pueblo, Ocumare del Tuy; ese día había una manifestación en la cual no participaba ya que hacía poco que salía de la escuela de artes, y mis funciones políticas se limitaban a la propaganda y al accionar cultural. Fui detenido de manera sorpresiva por la policía del Estado Miranda (Brigada Especial) sometido a largas horas de interrogatorio y tortura, gas lacrimógeno sobre el rostro y la cabeza sumergida en una poceta, así como los golpes propinados por los “valientes funcionarios” quienes se despojaron del uniforme, un paseo por diferentes espacios desolados y la constante amenaza de muerte y desaparición. Me trasladaron al comando de la DISIP, policía política para ese entonces con recurrentes amenazas sobre un traslado al (DIM) Departamento de Inteligencia Militar, hecho que no se concreto dado a que familiares y compañeros se enteraron de mi detención y accionaron con sectores de derechos humanos y otros contactos.

Con el paso del tiempo no abandone la lucha y siempre hice de ella un bastión para mi poesía. En el año 2011 comencé a facilitar procesos de aprendizajes en la UNES, Universidad Nacional Experimental de la Seguridad, como cosa irónica en el Helicoide lo que fue la sede principal de la antigua DISIP el mismo espacio que visité en esa amarga época. En cuatro años como docente en esa casa de estudio siempre dejé para la reflexión lo que representó aquella pinta y lo que representa hoy formar un nuevo modelo policial.

Hoy, cuando vemos en nuestro país el renacer de unas protestas estudiantiles, ataviados con equipos y sofisticada parafernalia, extraviados en el show mediático y en una agenda política que dictan otros intereses, reivindico las acciones de calle genuina de mis compañeros de lucha, la misma que acompaña hoy al fragor de la revolución los pueblos de nuestra América, y desde aquí desde el Valle del Tuy nos hacemos testigos y participes de esa memoria colectiva.

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Editorial Revista Matria Nº 8

        Finalizamos por este año 2014 con una edición enmarcada en las fechas históricas de noviembre, alusivas a las luchas estudiantiles, esos escenarios donde se han forjado siempre los grandes transformadores de la realidad, los principales impulsores de la nueva sociedad, los soñadores de juventud eternamente erigida contra los poderes opresores del establishment mundial. Para el Colectivo Matria y sus más consuetudinarios allegados, es una gran oportunidad de comenzar a reconstruir esa historia en nuestra tierra tuyera, que data de varias décadas ya y que muy poco ha sido reseñada por los cronistas e historiadores de la región, una historia que yace solapada en las viejas páginas de los periódicos locales, en la memoria de algunos antiguos estudiantes revolucionarios, hoy convertidos en trabajadores profesionales al servicio del pueblo en el marco de una revolución que aún puja por darse una forma definida pero que sin duda está protagonizada, actualmente, por muchos de esos jóvenes de los setenta, ochenta y noventa que enarbolaron las banderas de la rebelión popular, de la reivindicación de eso que llamamos comúnmente “el futuro de Venezuela”, y que poco a poco fueron conformándose en lo que debemos ser hoy: ejemplo.
        Los profesionales de hoy, que alguna vez hicieron una incipiente revolución, una pre-revolución desde sus modestas trincheras, deben ser ejemplo de vida para los estudiantes que están actualmente formándose en los liceos y universidades y que aún tienen batallas por librar, aún tienen contradicciones que enfrentar, porque aún hay un imperio que derrotar, una burguesía estatal por destruir, pero con la consciencia de que en la época de Livia Gouverneur y más reciente en la época de Belinda Álvarez, los estudiantes aquí eran humillados, perseguidos, masacrados, desaparecidos, hoy en día en este proceso de transformación, los estudiantes son escuchados, atendidos, y principalmente: sensibilizados a la organización, al alistamiento en la lucha, al despertar de la consciencia. Los estudiantes de ayer son los maestros de hoy y no nos referimos sólo a los que trabajan en el aparato educativo.
        En tiempos de revolución debemos tomar consciencia de que todos los roles que cumplimos en la sociedad, hasta el más rebelde como el del músico punk o el más contestatario como el del escritor: todos debemos ser maestros de ética para las generaciones que vienen. Y que este año 2015 toda la patria sea una escuela y las escuelas sean la vida misma, la calle, la comunidad, los campos, las montañas, los mares y el horizonte en constante expansión como el universo mismo. Sigue leyendo

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