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DOSSIER 5.2: Las abuelas cimarronas y la pedagogía de la ancestralidad

Por: Luisa Pérez Madríz.

     Las abuelas son las madres dos veces, un trozo de papelón con chorrito de limón, es la mano que palma con fuerza para corregir y la misma mano que elabora dulces para consentir. Las que nos inducen a imitarlas sin proponérselo. A veces creemos odiarlas y terminamos por amarlas mucho, mucho, mucho…

     Son las que sobreviven en los recuerdos. “El que no tuvo abuela se perdió lo mejor de la niñez” ¡Mis abuelas cimarronas ambas! Una, dulcita como el yuyo de cacao, consentidora, amorosa, campesina, a quién el campo le chupó todo el sudor y sus fuerzas; esa era Rosalía Pérez, negrita de ébano pulido, delgadita y ágil, de quién jamás recibimos mis hermanos y yo un maltrato verbal, ni siquiera una mirada de ira; tenía el don maravilloso de la paciencia.

     Mi otra, abuela materna era un general en jefe, crió 9 hijos y 7 nietos, entre ellos yo. Mi adorada Eulalia Madríz una bachaca que no creía en nadie y su norte era el bienestar y la unión de la familia. Mis abuelas, mis tías, mis viejísimas y chochas vecinas, todas sabias, nobles, hermosas, reinas del cumbe curiepero y barloventeño, formando y forjando la descendencia con sus conocimientos.

Abuelas Cimarronas de Origen Africano foto, Juan Padilla

     Lo doloroso de esta gran verdad es que descubres que esos conocimientos se titulan en el doctorado de la vida, lamentablemente ya no están, se fueron a ese plano, dejándonos solamente ese valioso legado que despectivamente muchos llaman BRUJERÍA y yo insisto que es ciencia.Si muchas de estas mujeres no sabían leer y escribir ¿Cómo tenían soluciones y remedios para todo? Si te dolía la barriga, sabían si era mala digestión, un guarapo de menta o de concha de naranja seca. Si eran gases: col y anís estrellado.

     Si eran parásitos: purgante de coco y piña y luego para recogerlos, se preparaba en una bolsita de tela, fregosa, lombricera y pasote; así no se regaban todos y buscaban salida; si por algún motivo esto llegaba a suceder, le untaban en las coyunturas o articulaciones ajo machacado para que no provoquen la temida “alferecía de lombrices”. Kerosene, asafétida y ajo, reviviendo más de un muchacho.

     ¡Ay de resfríos, pechos trancados y flema! Café cerrero con aceite de oliva en ayuno.

     Frotarnos con aceite alcanforado calientico con la llama de una vela en el pecho y en la espalda. Beber una cucharilla de aceite de corozo, manteca de raya o infundio de gallina, que feo olíamos pero nos curábamos. Así mismo guarapo de clavellina, flor amarilla, paraíso, reseda, cebolla morada, sábila, tártago y hasta leche de vaca o chiva. ¿Nos dolía la garganta? Limón, miel, arcilla, bicarbonato y unos tantos tocamientos y adiós amigdalitis. ¿Ronquera? Jugo de remolacha y clara de huevos, té de conchas de cebolla, comer un trozo de vela o masticar jengibre. Si le salía un acceso o furúnculo: concha de ajo, hojas de ají, también hojas de tabaco y en horas empieza a drenar y desaparece. Si tienes una visita indeseable y quieres que se retire rápidamente, volteas cobre, un plato, un vaso de agua detrás de la puerta de la calle y solucionado el problema. ¿Le duele un oído? Gotas de leche materna u hojas de brusca. ¿Problemas en la piel? Yerba mora, amor seco, flores de cautaro, se toman, o se dejan secar en el aire y luego se cubre el cuerpo con almidón de yuca. ¿Mal de ojo? Primero buscar quién ensalme y luego llevar 3 ramitas de distintas plantas que casi siempre son crucetilla del niño, brusca y ruda.

     Así mismo, para limpiar ambientes de malas influencias, se colocan ramas de eucalipto, bayrun y alcanfor en sitios estratégicos de la casa.

      Si las hojas de los árboles se voltean, lluvia segura. Le salen los primeros dientes al niño y se babea, un chupón de auyama de huesito. ¿Diarrea? Té de conchas de granada y toronjil, sopa de plátanos y yerbabuena. Si un niño le cuesta dormir, acostarlo o arroparlo con una prenda usada de la madre, su olor lo tranquiliza.. Las abuelas con sus manos y el conocimiento gastronómico de la supervivencia y la economía, sin neveras, ni microondas, ni hornos eléctricos o de gas. ¡Pero no se desperdiciaba nada! ¿Muchos cambures maduros? Cafungas, berenges y titis deshidratados. ¿Muchos mangos? Caratos, jaleas y dulces. ¿Muchos cambures verdes? Bollos, mal llamados desgraciados.

     Secar pescados salados al sol, para luego degustarlos en salsa de ají. Tejer palmas y preparar altares diversos. Pelar topochos y plátanos verdes sin mancharse las manos. Ablandar carne con pitos de lechosa. Técnicas de elaboración de alimentos y dulces como Martinica, pan de horno. Preparar cacería.
¿Un repelente para zancudos y jejenes en las tardes húmedas? Aceite de coco con malojillo.

Abuelas en faenas diarias imagen de placomunidad.elpais.com

    Las abuelas con sus cantos para dormirnos, donde hasta versos de fulías o tonadas de tambor cambiaban de códigos con el fin de arrullarnos, o con el himno nacional. Cada vez que nacía un niño se sembraba una mata de coco, que era su responsabilidad cuidarla al crecer. A la hora de parir, estas aguerridas cimarronas aún con dolores de parto, lavaban, dejaban todo en orden y se iban a los conucos transportando en sus cabezas inmensos canastos cargados de cocos, topochos, ocumos, aguacate, uno que otro mango o cacao en baba, con la finalidad de aflojarse el muchacho. Cuantos nacieron en el medio de un conuco, teniendo como sábanas hojas de guanasna y el corte del ombligo realizado con un machete. Nuestras abuelas y madres conservaban su silueta por mucho tiempo, ya que se purgaban, hacían dieta para recién parida, le daban de mamar a sus hijos y hasta los ajenos, creando así el vínculo de hermanos de leche y superaban la cuarentena con sus lavados de yanten, bejuco de cadena u otros. La voz de la abuela era la última palabra. Era ley sembrando valores:

* Lo ajeno no se toca
* Respeta a los mayores.
* Cuida y protege a tus hermanos.
* Uno se arropa hasta donde le alcanza la cobija.
* La sangre se agua pero no se sale.
* El que le tira a su familia se arruina.
* Ruin es el pájaro que ensucia su nido.
* ¡Comparte y siempre tendrás!
* En la boca del mentiroso lo cierto se hace dudoso.
* No maltrates los árboles, las hojas son sus cabellos.
¿Cómo aprendíamos? Por imitación. Aprendiendo viendo, aprendiendo haciéndolo.

     Reproducir valores y actitudes, entendían que los niños son como el cemento fresco: cualquier impresión deja sus huellas. Hasta una pela cantada tenía su razón de ser. Nuestras abuelas, las de mi época no decían groserías ni las permitían. ¿Qué pasa ahora? ¡Los jóvenes pronuncian una palabra y siete groserías! De igual manera los jovencitos y los no tan jóvenes arrinconan a las abuelas como trastos inservibles, las usan de cachifas o las atormentan con ruidos que no es música para sus oídos y sus gustos, las injurian, las vejan, las maltratan muchas veces con la venia de la indiferencia de los padres y les niegan el valor que tienen. De volver a nacer pediría ser quién soy para sentirme bendecida por mis abuelas afro y sus enseñanzas. Soy lo que soy por ellas, que me enseñaron a ser cimarrona sin saberlo.

     Recuerdo frases como:

* El que no tiene nalgas no busca taburete.
* Búsquese a sus iguales.
* Quiébrale los agallones a esa niña.
* Usted no es topocho sin sal.
* Con el pendejo ni a misa, porque llega saludando.
* Eres tú y no te pareces a nadie.
* No pida, ¡deje la maña!
* ¿Más grande que tú? ¡La luna!

     Descansen en paz todas las abuelas ancestrales y que vivan siempre en nuestras mentes y corazones. Quién tuvo la dicha de compartir con su abuela y no lo disfrutó y apreció, tenía a Dios en sus manos y no lo reconoció.

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DOSSIER 5.1: Contamos con la Matria

Por: Diana Ovalles Márquez 

     Hoy tenemos patria, repiten a diario los ecos mediáticos que nos traen la voz de Chávez en su última alocución, cuando pidió “desde su corazón”, no extraviar el proyecto político de la segunda independencia: “Hoy tenemos la patria más viva que nunca, ardiendo en llama sagrada, en fuego sagrado”, dijo. Pero ¿Qué es la patria?

     El mensaje sin destino de Mario Briceño Iragorry nos hablaba de su angustia por la patria, porque “nuestro empeño de olvidar y de improvisar ha sido la causa primordial de que el país no haya logrado la madurez que reclaman los pueblos para sentirse señores de sí mismos. ¿No nos quejamos diariamente de la falta de responsabilidad con que obran quienes asumen cargos directivos sin poseer la idoneidad requerida?”, afirmaba el autor trujillano hace más de medio siglo. Sigue leyendo

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La festividad de San Juan y su representación en el Tuy

Por: Andrés  García.

Baile de tambor, acrílico sobre madera autor Ygnacio Guzmán

     La presencia africana en el territorio llamado Venezuela comienza a partir del período de conquista, cuando llegan en barcos los primeros esclavos provenientes de África, de ese contacto deviene la importación de su cultura, sus raíces, su cosmovisión y su visión mágico religiosa. Existen muchos aportes culturales del continente africano que hoy en día están vigentes en la cultura venezolana. La investigadora Angelina Pollack-Eltz indica lo siguiente:

“(…). En el campo de la música y de los bailes el aporte africano es considerable también puesto que a los europeos gustaban más los ritmos africanos que la música monótona de los indígenas. Por otra parte, los negros fueron incorporados totalmente al sistema económico capitalista de la época colonial y expuestos a los bienes materiales de origen español, así se perdieron todas las tradiciones en el campo de la cultura material, así como también la artesanía africana.” (Pollack-Eltz, 1978: p.10)

     Así se evidencia que sus bailes perduran hasta hoy día, y que junto con la influencia material de los españoles desemboca en fiestas como la de San Juan, celebrada los días 24 de junio, caracterizado por ser el día más largo del año perteneciente al solsticio de verano, y alargándose hasta el 25 de junio,  siendo esta celebración uno de los vestigios de la herencia africana más importante en lo largo del territorio venezolano. Baile, tambor, magia y religión se mezclan para rendir culto a San Juan, y en los valles del Tuy  su permanencia es un hecho hoy por hoy. Está se celebra en varias localidades, en donde diversas familias, vecinos y amigos aún rinde culto a San Juan.

     Es importante destacar una particularidad, y es que el baile de tambor redondo, es decir, con las piernas en forma de círculo, es diferente al baile desarrollado en otras localidades del Estado Miranda, Aragua y Vargas,  el baile de tambor redondo sitúa a una variante dentro de las celebraciones perteneciente a las realizadas en el Tuy.

     Las personas que le rinden culto San Juan, buscan que exista prosperidad, salud y esperanza para el resto del año, y que siga la continuidad de esta tradición que evidencia la diversidad que existe en nuestros valles tuyeros.

Saignes señala: “La historia del proceso de la formación de la cultura venezolana es, en parte, la historia de la indigenización y de la africanización del español en nuestra tierra” (Saignes, 1955: p.13)

Fuentes Consultadas:

Pollack-Eltz, A. Aportes indígenas a la Cultura del Pueblo Venezolano. Instituto de investigaciones Históricas. Caracas, UCAB, 1978.                                           

Saignes Acosta, M. Elementos Indígenas y africanos en la formación de la cultura Venezolana. Caracas, Ediciones de la Biblioteca, 1955. 

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DOSSIER 2.2: SAN JUAN BAUTISTA: EL PARRANDERO DE OCUMARE DEL TUY

Por: José Ismael Lozada

San Juan Parrandero, hecha de madera. Foto de Victoria Fajardo tomado del blog www.victoriartesanias.blogspot.com

     Como muy bien lo señala  Jesús “Chucho” García en su obra  “Caribeñidad” (2007): “El San Juan Bautista traído por los españoles que impusieron la religión católica a punta de látigo y cruz, fue reinterpretado  y creado por los negros, en nuestras tierras  Mirandinas donde convergieron  diferentes aspectos de la vida y cultura indígena, europea y africana.” (p. 89) Esta Trilogía parió una cultura plena  de creencias, de hermosos cantos, de rebeliones extraordinarias  encabezadas por esclavizados y esclavizadas.

     Nuestra adorada ciudad de Ocumare del Tuy, tuvo similares manifestaciones a la del resto del Estado Miranda con respecto a esta manifestación cultural, por esta razón,  todos los 24 de junio de cada año  la señora Cándida Machillanda junto con su hermana  Marielena Machillanda  se preparan para ir a la Iglesia a presenciar la misa en honor a San Juan Bautista Parrandero ,  el cual  parte de la población de Ocumare del Tuy, venera la imagen de un santo que tiene aproximadamente más de 300 años, hecho de madera, y  que dicha figura  ha pasado por familias ocumareñas de generación en generación. Las familias que tuvieron la bendición de tenerlo durante muchos años fueron: la Familia Orta, la familia Mijares  de Chaparral, Pedro Izquierdo  y ahora reposa en la casa de la Familia Machillanda. Más que una gran celebración en honor al cumpleaños del Santo, es el pago  de promesas por muchos feligreses por los favores concebidos, entre ellos la señora Cándida Machillanda  que dice que su amor a San Juan Parrandero  va más allá de una tradición afrovenezolana, para ella San Juan es un Santo milagroso,  que la ayudo a que saliera airosa  de una operación de la pierna. Para la señora Rosa  esta tradición es otra cosa, esta mujer considerada en Ocumare  como un saber del pueblo, dice que lleva  50 años bailando  a San  Juan Parrandero, y que este fervor lo lleva en su sangre africana al oír el repique del tambor  tuyero.

     Luego que San Juan  es sacado de la iglesia  hace un recorrido por todo el pueblo, es bailado al ritmo del tambor tuyero, el primero, segundo y tercer tambor  como son llamados , el venerado  es llevado a la Plaza Bolívar donde se le rinde honores y luego al son de los tambores es trasladado  al sector  Chaparral en casa de la familia Machillanda donde se le recitan versos improvisados al grito de “AJE”, allí se reparten arepitas dulces típicas de la región y hervidos  que regala esta familia a todo el que está presente.

     Esta tradición en Ocumare se remonta al año 1749 fecha en que se levantaron  los negros esclavizados de la Sabana de Ocumare un  24 de junio, día de su santo patrón, San Juan Bautista, que habían previsto su libertad. Muchos  años pasaron  y  solo a partir de 1915 se tiene referencia  que   cuando se festejaba a San Juan Bautista ningún comercio  abría en Ocumare del Tuy, el primer toque de campana se hacía en la iglesia y de allí el cura sacaba a San Juan para dárselo la gente del pueblo donde parrandeaban con él  e iban de casa en casa de algún promesero o algún hombre llamado “Juan”, también era llevado al río Ocumarito, hoy tristemente contaminado, para ser bañado  en  sus aguas.

     Actualmente se lucha para que la tradición de San Juan Parrandero de Ocumare no desaparezca, para ello han surgido fundaciones y cultores que han trasmitido sus conocimientos a las nuevas generaciones  en las escuelas y así poder conservar  este valioso aporte de nuestra amada África, a esta zona de los Valles del Tuy, territorio afro-indígena.

Fuentes consultadas:

García, J. Caribeñidad. Caracas, Fundación Editorial El Perro y La Rana, 2007.

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DOSSIER 2.1: CACHEO: GENTILICIO DE ORIGEN AFRICANO EN OCUMARE DEL TUY (SIGLO XVIII)

Por: Arturo Álvarez D´ Armas

     Los navegantes portugueses fueron los primeros europeos en bordear la costa africana buscando una vía más corta para llegar a la India y China. Dionis Dias alcanzó el río Senegal y Cabo verde, igualmente lo hace Nuño Tristao al fondear el río Grande en la actual República de Guinea Bissau en 1445. Por aquella época se conocía toda la región de Guinea ubicada al sur del Cabo Bojador como Genahoa, territorio de Senegal visitado por los lusitanos en el siglo XV.

O Brasil de Rugendas. Colección Archivo Audiovisual de la Biblioteca Nacional

     Procedentes de la Guinea portuguesa son trasladados al “Nuevo Mundo”, nativos de la “etnia” Cacheo. Esta palabra se deriva de Cacheu, río y punto de embarque de negros trasladados forzadamente a lo que hoy es territorio venezolano a partir del siglo XVI. La ciudad portuaria de Cacheu es fundada en 1588. Los portugueses crean el 3 de febrero de 1675 la Compañía de Cacheo. La misma se encargaría de introducir esclavos en América durante seis años entre el 7 de junio de 1696 y el 7 de marzo de 1703.

    Los primeros asientos y factorías en las costas de África occidental donde se almacenaban los esclavos para ser vendidos en América, eran controlados por los portugueses. Lo más seguro es que esos cautivos provenían de regiones lejanas a la desembocadura del río Cacheu, sitio de salida de las naos negreras. El Padre Alonso de Sandoval escribe que en el Puerto de Cacheo eran embarcados hombres, mujeres y niños de las etnias banunes, branes, biafaras, balantes,  nalúes, zapes y cocolíes entre otros.

     La trata significó  la destrucción de culturas ancestrales al sur del Sahara y la llegada masiva de más de cincuenta millones de africanos de diferentes tribus para trabajar bajo el sistema esclavista de producción.

   Don Nicolás de Ovando, Gobernador de la Española, obtuvo la primera concesión para introducir negros en las tierras “descubiertas” por Colón. En el año 1518 se regulariza el tráfico de esclavos. Mediante un Memorial del 18 de febrero de 1518, los Padres Gerónimos informan a las autoridades metropolitanas que se pueden traer negros bozales de Cabo Verde y Guinea. Dos años después, el 19 de mayo de 1520, el Padre Bartolomé de Las Casas solicita la entrada de esclavizados desde el propio continente. Esto es para salvaguardar a la población indígena. Su Majestad Carlos V, autoriza el envío de cuatro mil negros a las Antillas por mercaderes genoveses. Con el Almirante Colón en sus distintos viajes vinieron algunos africanos entre ellos esta Pietro Alonso. El africanista Jesús Guanche dice: “El desarrollo del comercio de esclavos estuvo impulsado por la cambiante situación en América que iniciaba la demanda de fuerza de trabajo para fomentar la economía de plantaciones y extracción de minerales.

    A Gerónimo de Ortal se le otorga el primer permiso del cual se tenga noticia en la Provincia de Venezuela para llevar cien negros a la costa de Paria. Los primeros esclavos arribaron a la ciudad de Coro, alrededor de 1550 procedentes de las islas del Caribe, para trabajar en las minas de Buria, cerca de Barquisimeto; fueron los mismos que se alzaron en 1552, capitaneados por el puertorriqueño Miguel y su esposa Guiomar.

     A la Sabana de Ocumare llamada hoy día Ocumare del Tuy (Estado Miranda), llegaron a la fuerza hombres y mujeres de ébano para trabajar en las plantaciones de caña de azúcar, añil y oficios domésticos ente ellos; Pedro Cacheo, Francisco Cacheo, María Cacheo, Francisca Cacheo, Josefina Cacheo, Dionisia Cacheo, María Eugenia Cacheo y María Lucía Cacheo.

    Por información del investigador José Obswaldo Pérez (2006) encontramos que en los testamentos de Don Juan de Ascanio (1704), que en su posesión de Las Cañadas (actual Municipio Ortiz del estado Guárico) tenía un esclavo Juan de 40 años y de nación Cacheo, quién cumplía funciones de mandador.

     En el año 1671 vivía en la Obra Pía de Chuao (estado Aragua) Cristóbal Cacheo.

  Los cacheo junto a los yoruba, carabalí, luango, congo, mina, arará, mandinga y angola pasaron a formar parte de nuestra afrovenezolanidad.

Fuentes consultadas:

Álvarez D´ Armas, Arturo. “Africanismos en los Valles del Tuy”, en El Pregonero del Tuy, Ocumare del Tuy, Nº 4, 4 de agosto de 1993.  Pp. 20-21.

Álvarez D´ Armas, Arturo. Apuntes de la historia de África; Desde la antigüedad hasta la trata negrera. Manuscrito.

Archivo Arquidiocesano de Caracas. Libro Parroquial Matrícula Ocumare. 1758.

Archivo Parroquial Ocumare del Tuy. Libro Primero de Bautismos, matrimonios y Entierros, 1700-1701.

Brito Figueroa, Federico. El problema tierra y esclavos en la historia de Venezuela. Caracas, Universidad Central de Venezuela, Ediciones de la Biblioteca, 1996.

José Obswaldo Pérez, vecino de San juan de los Morros, entrevista 23 de agosto de 2006.

Mané, Mamadou. “Algumas observaçoes sobre a presença portuguesa na Senegambia até ao séc. XVII, en Revista ICALP. Vol. 18, Dezembro de 1989. Pp. 117-125.

Arturo Álvarez D’Armas: Bibliotecario, fotógrafo, poeta e investigador de las culturas afroamericanas. Este trabajo forma parte de una investigación denominada “Los gentilicios de origen africano en Ocumare del Tuy en el siglo XVIII”.

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