El patriarcado y sus perversiones

Por: Isaloren Quintero Bernal

     En ocasiones he sentido que el patriarcado es un ¡sistema perfecto! Son esos momentos en los que una siente que la lucha va por un lado y los avances estructurales por otro. El patriarcado es un sistema que ha logrado mantenerse por miles de años gracias a sus conexiones, engranajes y mecanismos con otros sistemas, como el capitalista por ejemplo.

     Patriarca proviene de la palabra griega árjo que significa ‘mandar’ y pater que significa ‘padre’. No cabe duda que el mandato del padre se instalo de manera omnipresente en la vida de todo ser humano y sobre todo en la vida de las humanas, quienes sometidas a procesos de socialización patriarcal reproducen el patriarcado y sus propias perversiones.

      Una de estas perversiones, quizás la más eficiente de todas, es hacer y mantener la creencia que entre mujeres nada funciona. Frases como: “las mujeres son conflictivas o chismosas”; “las mujeres no pueden ser amigas”; “reunión de mujeres, pelea en puerta”; y así infinitas expresiones de descalificación y desvalorización de los vínculos y afectos entre mujeres que no solo reflejan prejuicios y estereotipos de género, sino que tienen una delineada y clara intención, mantener a las mujeres extraviadas como género humano, separadas entre sí y de sí mismas, porque una es en la vivencia con la otra y la otra en el reflejo de lo que somos todas.

      Así pues, le conviene al patriarcado hacernos creer que entre las mujeres no es posible la solidaridad, el desinterés, la honestidad. Y mientras las mujeres alimentemos, como parte de la perversión, ese mito, éste seguirá extendiendo todos sus tentáculos y raíces que nos separa en nuestra realidad diversa y común de exclusión en el sistema patriarcal. Un sistema que ha demostrado su capacidad adaptativa durante siglos, desarrollando perversos mecanismos de reproducción y defensa para lograr su supervivencia en el tiempo.

       Una de las tareas del feminismo es romper con estas perversiones. Subvertir el orden patriarcal. El feminismo es conciencia, como mujeres, de las situaciones de vulneración en la que nos encontramos frente a ese orden patriarcal, pero sobre todo el feminismo es acción transformadora de ese orden. Por eso deseamos fijar postura frente algunas opiniones de compañeros y hasta camaradas que ven el feminismo como un mecanismo de “aburguesamiento” de las mujeres o como una estrategia para impulsar el “hembrismo”, otras trampas del patriarcado. En principio queremos aclarar que el término hembrismo no tiene asidero, pues si consideramos que este pretende ser mostrado como el reverso del machismo, no se tiene registro histórico, sociológico, antropológico, cultural, sexual, político, ni económico donde las mujeres hostiguen, dominen y controlen a los hombres, por tanto jamás ha existido el hembrismo como expresión de un sistema, pues tampoco existe registro alguno de la instauración de un matriarcado (i).

      En ese sentido, consideramos que quienes insisten en catalogar a las mujeres, que se definen feministas radicales, de “hembrista”’ lo hacen consciente o inconscientemente desde posturas machistas y como mecanismos de defensa del sistema de privilegios que sustanciosamente les proporciona el patriarcado; privilegios que no están dispuestos a negociar y mucho menos abandonar ante el avance de las reivindicaciones humanas, justas, éticas y necesarias que llevan adelante las mujeres a través del feminismo.

      Catalogarnos de “hembristas” es otra perversión del patriarcado para subestimar nuestras luchas, ridiculizarlas, tergiversarlas, en el fondo realmente expresan su temor ante el poder genuino de las mujeres que no se basa en la dominación del otro ni de las otras (ii). Son los mismos que nos piden que dejemos el radicalismo y que confunden radicalidad con extremismo.

      Igualmente nos ha tocado lidiar con comentarios o análisis simplistas que cuestionan la diversidad sexual de las mujeres dentro del feminismo. “Y ahora esa vaina que todas las feministas se meten a lesbianas”. Demás esta decir que ésta y otras expresiones de igual tenor, son cuando menos excluyentes y machistas perse, por no decir lesbo fóbicas, que como sabemos es una enfermedad. En el fondo lo que nos están expresando es el temor patriarcal frente a la capacidad de autonomía, ejercicio libertario y emancipatorio de las mujeres desde el feminismo. Es el miedo a que las mujeres seamos dueñas del espacio ontológico que ocupamos en el mundo.

      Ni todas las mujeres feministas son lesbianas, ni todas las lesbianas son feministas. La diversidad sexual es una opción para las mujeres como expresión de esa autonomía, logro del feminismo como movimiento político que irrumpe en la hegemonía heteronormativa, principal bandera del patriarcado.

      Que las mujeres decidan ser lesbianas no debería molestar, preocupar o afectar a los hombres. Si así ocurre es expresión evidente de cómo sienten vulnerados sus intereses de género al perder poder frente al cuerpo de las mujeres, territorio de dominio exclusivo del patriarcado.

      Es entonces el cuerpo de las mujeres lo que esta en juego. Los hombres (usamos el genérico para generalizar a todos los del género masculino socializados en el patriarcado), asumen que el cuerpo de las mujeres les es de su propiedad y por ende pueden disponer de éste para la satisfacción de sus diversos intereses, así cuando las mujeres, levantan su voz y encaminan con pasos libertarios sus cuerpos hacia la emancipación tomando decisiones como su opción sexual, tener o no hijas o hijos, sexualizar de acuerdo a sus deseos y placeres, chocan con las protestas patriarcales de tipo ‘las mujeres de ahora son’ y se desata la sarta de acusaciones e inculpaciones hacia las pérfidas mujeres que han osado atentar contra el orden milenario, hegemónico, dominante, excluyente y omnipresente que es el patriarcado.

      Solo desde la conciencia de nuestros cuerpos, de su inmanente fuerza liberadora, las mujeres podremos hacer frente al patriarcado, sus perversiones y múltiples aliados.

Notas:

(i) (…) la instauración del patriarcado ha sido precedida por una larga fase de civilización primitiva, signada por la iniciativa social de las mujeres, que ha demostrado una superioridad del género femenino que no ha significado dominación. [En ese sentido,] prefiero hablar de principios matristas que regulan la socialización cooperativa primitiva. En Morace, Sara. Origen Mujer, 1999:14-15. Subrayado nuestro.
(ii) Las pesadillas de los hombres y sus representaciones simbólicas, refleja el poder femenino como algo terrible y destructor, lo que justifica la necesidad de ejercer el poder masculino sobre las mujeres.” Coral Herrera, 2011

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