DOSSIER 8.5: Notas sobre la Insurgencia estudiantil en Ocumare del Tuy: Un planteo desde la memoria 1989 -1992

Por: Arturo Lev Álvarez

Intrôdûcere

En cuarenta años de democracia representativa en Venezuela (1958-1998) se vivió un proceso continuista de violencia política “anticomunista” en el discurso y acción política, como imposición desde la política exterior estadounidense después de la Segunda Guerra Mundial, haciendo del “estado de excepción”(1) la regla contra la insurgencia de la sociedad venezolana, tanto de manera física como ideológica (simbólico) en sus medidas de fuerza para el control de mujeres y hombres que conforman la república.

Ese continuismo viene dado no sólo de las políticas implementadas en la dictadura del General Marcos Pérez Jiménez (1952-1958) con apoyo del gobierno de los Estados Unidos de América(2), sino desde inicios del siglo XX, durante la dictadura de 27 años de Juan Vicente Gómez (1908-1935), y en la llamada “transición” de López Contreras (1936-1941), destinados a “(…) contrarrestar la influencia del marxismo-leninismo por diversos medios entre los cuales se contaba la represión policíaca y las formulas legales para sancionar a los ciudadanos venezolanos o extranjeros que ingresaran al territorio venezolano las doctrinas antes dichas” (2014: 34)(3). Prueba de ello fue la Ley Lara de junio de 1936 que perseguía la finalidad de controlar manifestaciones de la oposición y reprimirlas de ser necesario, con derecho a “capturar” a los revoltosos políticos y expulsarlos del territorio.

Movilización del 14 de febrero de 1936 desde la U.C.V. hasta Miraflores en protestas contra el continuismo Gomecista. año 1936

Entre esos gobiernos que enfrentaron a los primeros hombres y mujeres con ideas y discursos anarquistas, socialistas, socialdemócratas y comunistas, con nuevas formas de organización diferenciadas del siglo XIX (formación moderna de los partidos políticos), y, por otra parte, los gobiernos de la “democracia representativa pactada”, hay un hilo conductor, que es el discurso “anticomunista” impuesto en ambas épocas y amparados por la política exterior estadounidense en algunos casos, donde el “otro”, que se opone al poder soberano estatal dominante, se encuentra automáticamente fuera del orden político-jurídico establecido, y es convertido en un enemigo del Estado y del pueblo, es allí donde las medidas de fuerza se tornan legitimas, además del trabajo propagandístico desde el Estado para obtener una “subjetividad normalizada y legitimante” del poder soberano estatal.

Es así como observamos violencia de Estado o “estado de excepción” contra los partidos políticos de izquierda, movimientos sociales obreros y estudiantiles militantes, persecuciones en su contra, desapariciones, creación de campos de internamiento(4), hasta empujarlos a la clandestinidad, emergiendo de esta forma la lucha armada(5). Una lucha que no prospero por las medidas represoras del Estado y su trabajo propagandístico que iba desde las instituciones, medios de comunicación impresos, radiales o televisivos, hasta llegar al sistema educativo, con impacto en las masas populares donde al movimiento guerrillero le falto trabajo político de formación en las bases, además de no ser aceptada por la mayoría de los sectores populares ciertos métodos subversivos.

Finalmente, el movimiento guerrillero decide dar un “viraje táctico” al ir a la lucha política en la legalidad de la democracia pactada durante la llamada “pacificación” del gobierno de Rafael Caldera (1969-1974), que encubría métodos represivos, y quien, en palabras del Centro Nacional de Historia (CNH), “(…) terminaría por desarticular las últimas raíces del movimiento guerrillero; principalmente el núcleo juvenil fuente del combate insurreccional radicado en los liceos, escuelas técnicas y universidades públicas del país” (2012: 87). La insurgencia del movimiento estudiantil emerge nuevamente con fuerza es a finales de la década del 80 y los 90 del siglo XX, tomando el “testigo” dejado por el movimiento guerrillero. La represión continuará…y la lucha también.

Relatos desde la memoria de un estudiante ocumareño

Es difícil crecer en un ambiente militante y no ser un luchador comprometido en algún momento de la vida. Los símbolos juegan un papel predominante en la vida de cualquier niño o niña. En casa se creció rodeado con un cuadro del Che Guevara, que le daba la bienvenida a todo el que entrará por la puerta principal, era el mismo cuadro ampliado de la famosa foto del Che fumando su habano del fotógrafo suizo René Burri(6).

En “el cuarto de los libros” se podía conseguir, entre otros textos y autores, desde los tomos de El Capital de Marx; el Diccionario sociológico de términos marxistas de Roger Bartra; el Manifiesto Comunista; Los conceptos elementales del materialismo histórico de Marta Harnecker; La revolución traicionada de Lev Davídovich Bronstein (Trotski); El Estado y la revolución de Vladimir Ilich Uliánov (Lenin); todos los tomos de la Historia económica y social de Venezuela de Federico Brito Figueroa; Bolívar de Francisco Pividal; a, las revistas Bohemia y el diario Gramma de Cuba que le llegaban a mi padre mensualmente.  Pero para un niño es complicado hacer esas lecturas, así que se comenzó por literatura, Corazón de Edmundo De Amicis; Un cuento de navidad de Charles Dickens; y, las historietas de Elpidio Valdés que aparecían en esa revista cubana que le enviaban a mi padre y dibujado por un tal Juan Padrón.

Los domingos en casa era para leer “todos” los diarios y no se exagera en eso, se compraban “todos” los periódicos, era de lectura y observar a mi padre poner sus discos de acetato (vinilo) en el “pico” (tocadiscos) Sony, deleitándose con la Sonora Matancera; Bola de nieve; Justo Betancourt; Barbarito Díez; Benny Moré; la Sonora Santanera; Silvio Rodríguez; Pablo Milanés; Carlos Puebla con su Hasta siempre; Soledad Bravo; Mercedes Sosa; y, otros tantos de la música cubana, caribeña o de otro género o idioma como Bella ciao por Milva o la versión de Quilapayún. Un ron Pampero acompañaban los ratos, a veces se colaba algún obsequio como el ron cubano Varadero junto a algún disco de los Van Van. De vez en cuando se ponía atención a los discursos del Che, Fidel o Allende que llegaban en discos pequeños de 45 rpm.

En varias elecciones presidenciales acompañe a mis padres, que eran miembros de mesa por el Partido Comunista de Venezuela (PCV) o el Movimiento al Socialismo (MAS), y realmente era un problema defender los votos ante los adecos y copeyanos. En otras ocasiones participaba junto a mi madre en sus luchas por conformar mediante la colaboración de Argelia Laya, la asociación de costureras del Tuy en defensa de sus derechos ante el patrono, además de sus luchas dentro del Comité vecinal, al rescate de la casilla policial o de las instalaciones del Colegio “Rosa Peña”, todo en Parosca, urbanización Cristóbal Rojas. También se participaba de las reuniones y actividades del Movimiento Ecológico y Cultural “Simón Rodríguez” fundado en casa, donde se escuchaban discursos que iban desde la conservación ambiental pasando por la cultura popular hasta llegar a los debates políticos.

Era fascinante prestar atención a Teobaldo Alvarado, Johan Balabuch o Justo Estrada en sus intervenciones cuando iban de visita a casa. Hasta se fundó un programa de radio insurgente e irreverente en Radio Valles del Tuy, llamado Tiza, pizarrón y plomo, con la conducción de Luis Graterol, donde a veces, acompañaba en la participación a mi padre y conocía a otros compañeros de él como Roger León o Miguel Ángel Chacón. 

Y para ponerle la guinda al pastel en casa se hizo campaña por el candidato a la presidencia de república en 1983, José Vicente Rangel, por el partido Nueva Alternativa, quien estuvo compartiendo con nosotros en casa.  Ante todo este capital simbólico y cultural era innegable que en cualquier momento estuviera inmerso en mi propia lucha. Esa lucha llego con los meses previos al 27 de febrero de 1989, el mal llamado “Caracazo”. Los estudiantes del liceo más antiguo de los valles del Tuy, la Unidad Educativa Nacional “Juan Antonio Pérez Bonalde”, protestaban constantemente pero de manera desordenada contra el alto costo de la vida, los aumentos del transporte público o por solidaridad con los compañeros universitarios de Caracas.

El 27 de febrero la protesta en Ocumare comenzaba desde los pasillos del liceo, el ambiente estaba muy cargado, se sabía que se venía algo en el país, pero no se sabía cuando. Las protestas, bien canalizadas o no, eran continuas. Ese día me toco junto con Mario, esconder un arma de fuego de unos amigos de Nueva Cúa que estaban en 5to año y que me enseñaban a manipularla. Acompañe la protesta desde mi conocimiento de lo que pasaba en el país pero quede paralizado al ver a estudiantes y transeúntes entrar al abasto Guarenas frente a la gallera la Neveria en la calle Miranda y tomar alimentos y enseres de todo tipo, ya no era una simple protesta era la ira acumulada del pueblo. Me dedique a observar y correr ante la represión de la policía y la guardia nacional. La vida cambio después de eso. Ya las lecturas de diarios eran constantes, ver los programas de opinión de televisión, leer las leyes y libros de tendencia revolucionaria era parte de la nueva vida. Había que comenzar a formarse. En el liceo “Pérez Bonalde” era director Raúl Vicente Vegas Gómez, adeco, y quien no permitía la creación del centro de estudiantes en el liceo alegando que desde el gobierno del copeyano Luis Herrera Campins se había prohibido la creación de tales centros(7), a la par que no atendía a los representantes y hacía burla de ellos en las reuniones del liceo donde participaba mi madre. Carmen Abreu, mi madre, termina siendo mi confidente en la lucha estudiantil. Cuando mi padre, Arturo Álvarez D’Armas, se va a descansar, ella se queda conmigo discutiendo las leyes, enseñándome y ayudándome a hacer panfletos para entregar en el liceo. Ya corría inicios de 1991.

El grupo de estudiantes cada vez se organizaba mejor y discutía asuntos de interés como la lucha por la formación del centro de estudiantes, el medio pasaje estudiantil, el alto costo de la vida y la reincorporación de estudiantes expulsados o suspendidos de sus exámenes de lapso por participar en las protestas estudiantiles. Los estudiantes de secundaria nos uníamos, participaban activamente del liceo “Pérez Bonalde” la compañera Zulay Caraccia; Farías; Bonilla; Jhonny; y por el liceo “Manuel de Alesón” se recuerda a Borrego y los hermanos Luis y Ángel Montezuma, entre otros. Dentro del liceo “Pérez Bonalde” se contaba con los consejos políticos del Profesor Benjamin Aldana, militante de la Liga Socialista, y de la Profesora Yajaira García. Fuera del liceo se recibían orientaciones de amigos como Luis Graterol, Roger León, Miguel Ángel Chacón, Rufino Arellano, José Gregorio Matos, Manolo Peña, Hernán Canelo y Ana Elvira González. Eran ya los acercamientos con Bandera Roja y el PCV.

Las protestas iban y volvían, ya ahora más canalizadas, con un fundamento y un accionar mejorado, en abril de 1991, el director Vegas decide no recibir en una reunión a algunos padres y representantes de una manera muy grosera, diciendo que eran comunistas que junto a sus hijos atentaban contra estabilidad de la institución y contra la buena educación de los otros estudiantes. Profesores nos acusaban y señalaban delante de todos los compañeros, entre ellos estaba la Profesora Marla de Mijares y el Profesor Osorio.

La protesta no se hizo esperar, se expuso ante el diario La prensa del Tuy los reclamos de los estudiantes, se procedió a encerrar al director con cadenas y candado dentro de su oficina hasta que recibiera a los representantes, se converso con los concejales del municipio sobre la situación para que mediaran, fuimos amenazados por la policía cuando se mostraban las pancartas realizas la noche anterior en casa que decían: “Los alumnos del liceo Pérez Bonalde reclamamos la organización estudiantil” y la consigna “Por los estudiantes muertos. Por el medio pasaje estudiantil. Por la organización estudiantil. LUCHEMOS”, para al final desencadenarse la lucha entre estudiantes y policías, entre botellas y piedras contra balas y perdigones, la indignación y la ira tomaba de nuevo la calle Padre Arroyo.

Protestas estudiantiles en Ocumare del Tuy, por estudiantes caídos y el medio pasaje estudiantil, Foto de Diario La Prensa, Ocumare del Tuy, año 1991.

Algunos compañeros incendiaron un camión que se encontraba en un terreno donde se pretendía hacer planes habitacionales. Cantábamos canciones de Alí Primera, consignas y el himno nacional, firmes frente a los policías cuando la reyerta llego al centro del pueblo frente al Parque Junín y, el irreverente y desafiante Luis Montezuma orinaba ante los escudos policiales, después del himno la persecución continuaba. Se hizo presente por primera vez las televisoras nacionales para transmitir tales hechos de violencia en Ocumare del Tuy, RCTV y Televen se acercaron a hacer entrevistas y grabar lo que sucedía. Nos confundíamos entre capuchas para no ser identificados por los cuerpos represivos del Estado ni las autoridades del liceo. El ser identificado significaba ser perseguido, encarcelado y golpeado por la policía o por la Dirección de los Servicios de Inteligencia y Prevención (DISIP), quienes eran “expertos” en combatir la subversión.

En mi caso, ese día se apersono la Guardia Nacional al liceo, los estudiantes manteníamos las puertas cerradas, ellos decían que sólo pedían que les entregaran a un estudiante, lo dijeron con nombre y apellido, Arturo Álvarez, quede impactado que supieran mis datos, la sorpresa fue tal que me encontraba cerca de ellos y no reaccione, los demás compañeros me fueron apartando de los efectivos hasta que quede detrás de una fuerza estudiantil que me protegía, pero la Guardia Nacional no soporto la burla, y con la ayuda del Profesor Osorio violentaron las puertas del liceo y entraron a perseguir y disparar contra los estudiantes. Mis datos se lo había dado el director del liceo desde dentro de su oficina. Nunca me agarraron pero si vi caer a compañeros como Vladimir “camionero” a quien le dispararon a quema ropa y lo marcaron para toda su vida. Mi madre asustada por lo que me sucediera se dirigió al liceo mientras un Dionisio enfurecido  le gritaba que “tú hijo es el cabecilla”.

Cuerpo de Bomberos del Estado Miranda apagando las llamas de un vehículo incendiado por los estudiantes en medio de las protestas de Ocumare del Tuy del año 1991. Foto del Diario La Prensa, año 1991.

Después de eso, la unión fue más fuerte entre estudiantes y representantes afectados, otros por el miedo a las medidas tomadas contra sus hijos no se involucraron. Se realizaron denuncias en diarios y radio sobre los hechos acaecidos esos días. Uno de los programas donde realizábamos denuncias era en Radio Valles del Tuy y lo conducía Julio César Marcano. Por otra parte mi representante se enteraba que ciertos profesores estaban acudiendo a Fiscalía a denunciarme en dado caso les sucediera algo a ellos o a sus automóviles.

Para finalizar, se fue restituyendo a los compañeros expulsados y a los compañeros suspendidos, se realizaron sus evaluaciones suprimidas. El director Vegas llamo a una reunión general de docentes y todos, menos Aldana y Yajaira García, firmaron un documento en el cual se me negaba la inscripción para el próximo año escolar por ser un “elemento perturbador” para el liceo. Mi salida dio paso a otras luchas más ordenadas políticamente dentro del liceo, obteniendo inmediatamente las elecciones estudiantiles. Para 1992 ya estaba en el liceo “Manuel de Alesón”, allí nos alcanzó el 4 de febrero de ese año y la insurrección de “los comandantes”. En la población civil de Ocumare y entre los estudiantes militantes de Bandera Roja había una preparación previa sin conocer la fecha exacta de tal sublevación armada. Me gradué de bachiller en humanidades y mi historia fue otra en la UPEL.

Referencias:
(1) Estamos profundizando en la categoría de la idea de “estado de excepción” desarrollada por Giorgio Agamben retomando la Tesis VIII de Walter Benjamin. Para Agamben es la forma legal de lo que no puede tener forma legal, la necesidad que crea su ley por encima de la vida de otro.
(2) El autor Leandro Morgenfeld (2011: 408-420) en su análisis a la Décima Conferencia Panamericana de Caracas en 1954, hace referencia a la “resolución anticomunista” de la Conferencia, en la cual el Secretario de Estado de los Estados Unidos, John Foster Dulles, impuso la tesis del “anticomunismo” para desestabilizar al gobierno democrático y nacionalista de Jacobo Árbenz en Guatemala, lo cual fue logrado, mientras que exigía a los gobiernos de América que se opusieran a todo peligro de origen extra continental, eso pensando en las ideas comunistas en expansión desde la URSS en plena Guerra Fría.
(3) Recomendamos la lectura del artículo “Apuntes sobre las actividades comunistas y anticomunistas en tiempos de Gómez y López Contreras” (pp. 34-37) por Antonio Delgado en Revista Matria Nº 7.
(4) Campo de concentración o internamiento conocido fue el de la isla Guasina en el Delta del Orinoco.
(5) La lectura del prólogo de Luis Britto García a la obra “La lucha social y a lucha armada en Venezuela” (pp. 11-14) explica tales causas de la lucha armada con la que estamos de acuerdo.
(6) Falleció hace poco, el 20 de octubre de 2014, Burri contaba que el Che estaba molesto ese día, discutiendo con una periodista estadounidense y no se percato que René le tomaba esas fotos.
(7) Recuerdo que veníamos agitando la formación del Centro de Estudiantes en el liceo, y un día, en pleno inicio del pasillo, en el primer bebedero entrando al liceo, me ha parado el director Vegas, y sale en mi auxilio el Profesor Benjamín Aldana, el director Vegas me dice tajantemente y muy seguro que se había prohibido los centros de estudiantes, mi respuesta era que muy cerca existía un liceo llamado “Manuel de Alesón” que tenía conformado uno, que sabía muy bien que si podíamos conformar el nuestro en el liceo, su vista fue directo a la mía, me reto y dijo que estaba a punto de ser expulsado e iba a firmar el libro negro, que me estaba convirtiendo en un estudiante problemático para la institución. Aldana tuvo que intervenir para que el asunto no fuera a más.

Fuentes consultadas:

Álvarez, Arturo Lev. Manual histórico institucional del Liceo Nacional “Pérez Bonalde”. En: Otras Memorias. Argentina, 2011. En línea: http://www.otrasmemorias.com.ar/archivos/noticias/69/Manual%20hist%C3%83%C2%B3rico%20institucional%20del%20Liceo%20P%C3%83%C2%A9rez%20Bonalde.pdf

Centro Nacional de Historia. De Punto Fijo a la Revolución Bolivariana 1958-2003. Caracas, autor, 2012.

Delgado, Antonio. Apuntes sobre las actividades comunistas y anticomunistas en tiempos de Gómez y López Contreras. En: Revista Matria, Nº 7, pp. 34-37. En línea:
https://revistamatria.files.wordpress.com/2013/05/matria-nc2ba-7.pdf

Morgenfeld, Leandro. Vecinos en conflicto: Argentina frente a Estados Unidos en las conferencias panamericanas 1880-1955. Buenos Aires, Continente, 2011.

 

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