La revolución mexicana. Transformación y legado del estado mexicano moderno

Por: Antonio Delgado

     La revolución mexicana fue un tumultuoso y peculiar movimiento político y social que sacudió los cimientos de la sociedad azteca. Dicho acontecimiento, que se remontaba a varios siglos de incubación, encontró en la postrimería del siglo XIX y en los albores del siglo XX el momento preciso para su estallido. México fue escenario de un inédito cambio político, económico y social, que sin duda, influyó sobremanera en la transformación del Estado y por ende, marcó un hito en la historia mundial en general, y de América Latina en particular. A su vez, la revolución mexicana puede catalogarse como un hecho trascendental latinoamericano por las características que adquirió y dado también por la situación en la que se encontraba México en comparación con el resto de los países latinoamericanos.

    Durante la primera década del siglo XX, México presentaba una situación muy distinta a la de los demás países de la región, sobre todo, los ubicados en Centroamérica y en los Andes: un gobierno dictatorial, una muy desequilibrada distribución de la propiedad territorial agraria, y un notable crecimiento económico que contribuyó al desarrollo urbanístico e industrial de la nación con la consecuente aparición de una incipiente clase media y proletaria. La combinación de estos tres elementos, hizo de México, un país con condiciones explosivas revolucionarias.

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Francisco (Pancho) Villa y sus Dorados, imagen tomada de Wikimedia Commons.

I. La crisis del porfiriato. Genuflexión hacia los inversionistas extranjeros y mano dura hacia los connacionales.

     Porfirio Díaz nacido en 1830, tomó el poder a raíz del triunfo de la Rebelión de Tuxtepec en 1876, y su prolongado régimen se extendió hasta 1910. La primera etapa de su gobierno estuvo definida por un período de ascenso y consolidación en el poder (1876-1890), en el que imperó el lema de “orden y progreso”, se apoyó en el sector militar y logró la pacificación del país y el control del ejército, con lo que se obtuvo cierta estabilidad política, a través de prácticas conciliatorias e incluyentes, aunque también acudió a la represión de sus enemigos y adversarios. En el ámbito internacional contó con el reconocimiento del gobierno estadounidense y se restablecieron las relaciones diplomáticas con Francia e Inglaterra. La segunda etapa (1890-1904), se distinguió por el perfeccionamiento del control político, apoyado por sus partidarios “científicos” y “reyistas” y un destacado crecimiento económico: saneamiento de la hacienda pública, reducción de gastos militares, renegociación de la deuda externa, modernización de los códigos minero y comercial, creación de bancos modernos y tendido de vías ferroviarias, líneas telefónicas y telegráficas. Arribaron al país inversiones extranjeras norteamericanas y europeas, obras de infraestructura y se modernizó la agricultura y los cultivos de exportación. Fue un período definido con el lema “poca política y mucha administración”.general-porfirio-diaz-imagen-tomada-de-www-elheraldodetoluca-com

General Porfirio Díaz imagen tomada de http://www.elheraldodetoluca.com

      La tercera y última etapa del porfiriato (1905-1910), devino en un proceso de crisis y decadencia, motivada sobre todo al problema de la sucesión presidencial. La longevidad del régimen político, el envejecimiento de Díaz y la camarilla gobernante, no daba para continuar con los mecanismos tradicionales de reelección. Díaz rompió su imparcialidad y eligió como virtual sucesor, mediante la figura de la vicepresidencia a un miembro del “grupo científico” Ramón Corral, y redujo la fuerza y las cuotas de poder del grupo reyista (Bernardo Reyes), de modo que el rompimiento entre la clase gobernante no se hizo esperar. El gobierno de Porfirio Díaz resultó a la postre inadecuado para representar y defender los intereses de las clases emergentes; en México no había sindicatos, partidos e instituciones como en los países del Cono Sur (Argentina, Brasil y Chile), y muy al contrario de lo que sucedía en estos países sudamericanos, el gobierno de don Porfirio reprimió duramente los reclamos de las clases trabajadoras. En cambio se mostró flexible a los capitalistas e inversionistas extranjeros, otorgándoles concesiones mineras y agrícolas. Política comparativamente similar a la llevada a cabo por su homólogo positivista Juan Vicente Gómez, el “gendarme necesario” de Venezuela.

General Juan Vicente Gómez 1857 - 1935 Militar y Dictador Venezolano, Presidente de Venezuela.General Juan Vicente Gómez 1857 – 1935 Militar y Dictador Venezolano, Presidente de Venezuela.

      A los problemas de carácter político-social que padecía la sociedad mexicana, se le sumaron ineludiblemente los problemas étnicos y territorial agrario. En México no se dio como en Sudamerica la coexistencia entre los diversos tipos de propiedad agraria. Habían pocos pero extensos latifundios en pocas pero muy poderosas manos, en contraste con los pequeños y medianos propietarios que habitaban ciertas regiones del país (Norte y Oeste), sinterizando de este modo, una marcada distribución desigual de la propiedad territorial agraria, razón por la cual, creció en número las comunidades campesinas que sufrían la pérdida de su tierras; en iguales condiciones paupérrimas sobrevivían las tribus indígenas. No obstante, estos sectores mantuvieron su capacidad de lucha, su organización y su memoria, por lo que eran consideradas políticamente conflictivas.

      Las causales económicas del derrocamiento de Díaz entre 1910-1911, se pueden resumir en los problemas estructurales y coyunturales de carácter nacional e internacional: un crecimiento económico desigual, la depresión económica de 1907 padecida por Estados Unidos, que provocó el encarecimiento de las importaciones, la disminución de las exportaciones, y el resquebrajamiento del sistema bancario con la reducción al mínimo de los créditos a industriales y hacendados. La disminución y paralización de las actividades productivas, trajo consigo la reducción de la jornada laboral y el aumento del desempleo. Lo mismo puede decirse de la producción agrícola y su impacto en el aumento de los precios de importantes rubros como el maíz. En síntesis, todos los sectores del país se vieron afectados por el aprieto económico: industriales, oficinistas, rancheros, obreros, medieros, jornaleros y peones. Todos, todas las clases tanto del campo como de la ciudad estaban sumergidas en la crisis.

      En el orden social, la crisis política y económica tuvo su expresión en el ámbito rural, con la pérdida de las tierras por parte de los campesinos e indígenas, que conllevó a un complejo proceso de politización de los problemas legales derivados por las luchas campesinas por la tierra. Las manifestaciones obreras tampoco estuvieron al margen del panorama conflictivo: los trabajadores mexicanos efectuaban protestas y reclamos ante las ventajas laborales de las que gozaban los trabajadores estadounidenses, a lo que el gobierno de Díaz respondió con la represión entre 1906 y 1907.

II. La borrasca revolucionaria de 1910-1915. De la presidencia reformista de Francisco Madero al gobierno reaccionario de Victoriano Huerta.

     Cronológicamente, la revolución mexicana tuvo una duración de 10 años, desde sus inicios en 1910 hasta 1920. Durante este tiempo, la revolución pasó por varias etapas muy bien definidas: la primera, caracterizada por un ambiente belicista y violento, en la que transcurrieron la presidencia de Francisco Madero (1910-1913) y la dictadura derechista de Victoriano Huerta (1913-1915); una segunda etapa (1915-1917) denominada preconstitucional; y la tercera etapa constitucional y posrevolucionaria. Las dos últimas etapas estuvieron bajo la influencia y liderazgo de Venustiano Carranza.

Francisco Ignacio Madero González, presidente de México 1911 - 1913Francisco Ignacio Madero González, presidente de México 1911 – 1913

      La primera etapa de la revolución mexicana estuvo liderada por Francisco Madero y un grupo de íntimos que redactaron el Plan de San Luis Potosí (octubre, 1910). En dicho documento, se desconocía al gobierno de Porfirio Díaz, se declaraba el Sufragio Efectivo – No Reelección y se hacía un llamado abierto a la insurrección armada para derrocar al gobierno. Al principio la lucha armada no encontró eco en las diversas clases del país por carecer de las condiciones mínimas de organización, pero a partir de febrero de 1911, ya había grupos armados operando en diversos puntos del país. Se ha dicho ya que la revolución tuvo una apreciable participación pluriclasista, porque la crisis política, económica y social afectaba a todas las clases sociales. Por otro lado, el proceso militar implicó la transformación de la naturaleza del movimiento antirreeleccionista, dado que cambió de oposición electoral a rebelión armada, de tal manera que la lucha se tornó más rural y popular con la incorporación de nuevos líderes más aptos para la lucha armada, entre estos notables personajes figuraban: Pascual Orozco (orozquismo), Pancho Villa (villismo) y Emiliano Zapata (zapatismo).

Emiliano Zapata Salazar 1879 - 1919, líder militar y campesino mexicano.Emiliano Zapata Salazar 1879 – 1919, líder militar y campesino mexicano.

      Una vez derrocado el gobierno de Porfirio Díaz, se puso en marcha los llamados Tratados de Ciudad Juárez (21-05-1911), y se acordó que Díaz sería sustituido, de acuerdo con la Constitución, por su secretario de Relaciones Exteriores, Francisco León de la Barra, cuya misión principal en el gobierno interino era el desarme y desmovilización de las fuerzas maderistas y convocar a nuevas elecciones. Del mismo modo, el Tratado preveía el fin de las hostilidades, sin embargo, los bandos de las fuerzas revolucionarias representadas por el orozquismo y el zapatismo, que inconformes con los resultados de los Tratados y con los exiguos beneficios recibidos, se negaron a disolverse y a entregar las armas.

      El breve gobierno de Madero (1911-1913), impulsó las transformaciones políticas significativas como la libertad electoral, el cambio en la correlación clasista de la pirámide de poder; pues llegaron al gabinete jóvenes de los distintos estratos sociales, hubo un nuevo equilibrio de poderes. Del mismo modo, tomó decisiones relativas a la conversión del Partido Nacional Antireeleccionista en Partido Constitucionalista Progresista y el cambio en la fórmula electoral, ambas decisiones causaron el alejamiento de importantes colaboradores y grupos populares en la lucha armada. En el orden económico, el principal problema a resolver era el de la distribución de la tierra; no obstante, para Madero este problema era importante pero no grave. Aunque no se puede negar que hubo intentos por ejecutar avances en materia agraria y obrera, además del respeto por la actividad sindical, el gobierno maderista no satisfizo las demandas de los trabajadores urbanos y rurales y subestimó la importancia de llevar a cabo una reforma agraria efectiva. En el plano internacional, el gobierno estadounidense se había distanciado de Madero porque no benefició a las compañías petroleras norteamericanas. La vacilante política abrió el camino a un largo período de inestabilidad, por lo choques que tuvo que afrontar el nuevo gobierno con sectores revolucionarios inconformes, y que dieron lugar a nuevas insurgencias armadas como la de Zapata en el estado de Morelos y la tentativa restauradora del general Félix Díaz. Madero empleó el ejército para sofocar esos levantamientos; pero en 1913, un antiguo general a su servicio, Victoriano Huerta, en un aparente acuerdo con Díaz y el embajador estadounidense, se rebeló contra él y lo derrocó. Madero murió asesinado, al igual que su Vicepresidente José María Pino Suárez.

      Con el derrocamiento fatal de Madero, arribó al poder Victoriano Huerta, cuyo gobierno fue considerado usurpador, dictatorial y reaccionario. El régimen huertista estuvo apoyado por inversionistas extranjeros, antiguos exporfiritas integrados en la alianza de felicistas, reyistas, científicos, evolucionistas, católicos y orozquistas. Sin embargo, el pueblo no estaba dispuesto a renunciar a la democracia y a la libertad lograda con el derrocamiento del porfiriato. En marzo de 1913, se alzó en armas el entonces gobernador del estado norteño de Cohauila Venustiano Carranza, quien invocaba los principios del constitucionalismo y la legalidad, en el estado de Sonora el movimiento antihuertista liderado por José María Maytorena y Álvaro Obregón, entre otros, tenía la fuerza, la capacidad militar y la experiencia de haber combatido al orozquismo. En Chihuahua, Francisco (Pancho) Villa, miembro de las clases bajas, desplazaba al malogrado Abraham González y a Pascual Orozco como líderes revolucionarios antihuertistas. Su mayor contribución fue dotar al movimiento constitucionalista de un enorme y protagónico contingente de origen popular. Los zapatistas participaron en la lucha sin reconocer el liderazgo de Carranza; de igual modo, procedieron los hermanos Cedillo en San Luis Potosí entre 1913-1914. Las posiciones adoptadas por los diferentes contigentes revolucionarios aumentó la complejidad sociopolítica de la rebelión armada, con lo que la revolución mexicana adquirió otra singularidad.

      Si bien, geográficamente, la revolución y el movimiento antihuertista no fue uniforme, la dictura inestable de Huerta no tardó mucho en caer. Las causas de su caída muy bien pueden explicarse en los aspectos económicos, militares e internacionales. Desde el punto de vista financiero, los ejércitos rebeldes desarrollaron estrategias diferentes para mantener a las tropas: mientras en Chihuahua se procedió a expropiar ganado y cultivo de las familias oligárquicas, en Sonora se mantenían con la economía normal de la región. En Cohauila se emitió papel moneda y no se procedió contra los intereses y vidas de ciudadanos estadounidenses, con el fin de evitar conflictos con el gobierno norteamericano y cuidar el abastecimiento militar. Por su parte, la dictadura de Victoriano Huerta padeció un constante deterioro institucional.

      Además, había perdido las aduanas fronterizas norteñas donde se localizaban las principales inversiones norteamericanas, situación que creó asperezas con el gobierno de Woodrow Wilson y que explica su posterior distanciamiento. Militarmente el gobierno de Huerta lucía debilitado ante el avance de los ejércitos norteños hacia la capital del país. Obregón por el occidente, Villa por el centro y Pablo González por el este, venían resueltos a desalojar a Huerta del poder. La derrota era inevitable. A esta situación, se le sumó la antipatía antihuertista del gobierno de Wilson, quien impidió cualquier préstamo o negociación comercial con el gobierno de Huerta y además le impuso un embargo de armas, que se tradujo en la invasión militar al puerto de Veracruz para impedir el embarque de armas procedente de Alemania y que acrecentó el nacionalismo mexicano. El derrumbe del huertismo se ubicó en abril de 1914.

III. Del constitucionalismo de Venustiano Carranza a la relativa estabilidad durante Álvaro Obregón (1915-1920).

      Derrocado Huerta en 1914, sobrevino un período de nuevas desavenencias, nuevos enfrentamientos y una nueva guerra, la Guerra de Facciones o de los Vencedores, en la que predominaron como jefes indiscutibles don Venustiano Carranza, Pancho Villa y Emiliano Zapata. De esta guerra resultó victorioso Venustiano Carranza, cuyo gobierno fue reconocido por el norteamericano en octubre de 1915. El gobierno de Venustiano Carranza dos etapas bien marcadas, una preconstitucional de 1915 a 1917, en la que dedicó los esfuerzos a consolidar el poder. El año 1916, se caracterizó por las dificultades arrastradas por la larga guerra civil, entre las cuales destacaba el problema militar como el predominante, no obstante, fueron derrotadas las resistencias del villismo y el zapatismo, ya que pasaron de ser una grave amenaza nacional a ser dos simples problemas regionales.

      El gobierno de Carranza allanó el camino hacia un proceso de institucionalización con la creación de nuevos organismos y la redacción de la Constitución de 1957, que dio paso al gobierno Constitucional de Carranza. La nueva situación política, fue el comienzo de un México posrevolucionario, que sin negar el hecho de que la lucha armada no había concluido, implicaba un proceso hacia la estabilidad y la adopción de nuevas prácticas y procedimientos que eran desconocidos en el país, como por ejemplo, la elección de todas las autoridades y cargos públicos, desde el presidente de la República hasta el presidente de un municipio. En el ámbito de las relaciones civiles-militares, los jefes castrenses debían obediencia y subordinación a las autoridades civiles.

      A pesar de estos avances, el problema militar seguía presente y el gobierno de Carranza tenía que continuar con la pacificación del país y a meter en cintura a varias regiones que se mantenían fuera de su control y de la legalidad. Para ello, ejecutó un plan general de campañas militares que tuvieron un gran costo político, social y económico para el país. Fueron campañas innecesariamente violentas en las que perdieron la vida destacados revolucionarios como Emiliano Zapata, víctima de una emboscada, y Felipe Ángeles, fusilado. El desprestigio del gobierno de Carranza creció notablemente. La necesidad del empleo de las fuerzas militares, conllevó a un constante enfrentamiento con las autoridades civiles, por el hecho de que la restauración constitucional ponía en entredicho las atribuciones políticas y extralegales de la que gozaban los jefes militares y que tenían que ceder al poder civil. En el orden social, se cometieron excesos contra la población civil, mientras que en el orden económico, continuó la destrucción de la riqueza nacional, en especial las zonas agrícolas y mineras. Los daños en las vías férreas fueron igualmente severos, y se complicó aún más con el estallido de la Primera Guerra Mundial (1914-1918), que impidió el flujo de comercio e inversión extranjera.

Mural “Del porfirismo a la Revolución”  del artista mexicano David Alfaro Siqueiros, Castillo de Chapultepec, en Ciudad de México, año 1958Mural “Del porfirismo a la Revolución” del artista mexicano David Alfaro Siqueiros, Castillo de Chapultepec, en Ciudad de México, año 1958.

      La dinámica de la nueva política del Estado mexicano posrevolucionario, evolucionaba hacia nuevos derroteros con la llegada a la presidencia de la República de Álvaro Obregón en 1920, año considerado como el inicio del Estado mexicano moderno. Después de 10 años de lucha armada, de enfrentamiento entre facciones, llegó al poder una importante clase media en alianza con sectores populares, políticos, sociales e ideológicamente distintos al grupo carrancista y sin vínculos ni postura con el denominado antiguo régimen.

Fuentes consultadas:

♠ Boersner, D. Relaciones internacionales de América Latina. Caracas, Editorial Nueva Sociedad, 1996.
♠ Garciadiego, J. Textos de la revolución mexicana. Caracas, Fundación Biblioteca Ayacucho, 2010.
♠ Halperin Donghi, T. Historia contemporánea de América Latina. Madrid, Alianza Editorial, 1972.

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