Apuntes sobre las actividades comunistas y anticomunistas en tiempos de Gómez y López Contreras

Por: Antonio Delgado

      Desde los tiempos del general Juan Vicente Gómez, se venían desarrollando las actividades de las primeras organizaciones políticas venezolanas de filiación comunista, anarquista y socialdemócrata, que después dieron paso a los nacientes partidos políticos modernos del siglo XX. Es importante destacar que estas actividades se llevaban a cabo, tanto fuera como dentro del país; lo que llevó a los gobiernos de la Rehabilitación y de la Transición Democrática, a contrarrestar la influencia del marxismo-leninismo por diversos medios entre los cuales se contaba la represión policíaca y las fórmulas legales para sancionar a los ciudadanos venezolanos o extranjeros que ingresaran al territorio venezolano las doctrinas antes dichas.

manifestacion-del-14-de-febrero-de-1936-en-caracas-imagen-tomada-de-independencia-200-1936Manifestación del 14 de febrero de 1936 en Caracas, imagen tomada de Independencia 200, 1936.

I. Las actividades comunistas entre 1923 y 1936.

      Entre 1923 y 1936, se desarrollaron un conjunto de actividades de agitación y propaganda, vinculadas a grupos que desde el exterior se organizaban con el propósito final de implantar el programa comunista en Venezuela. Desde París en 1923, circulaba un documento que auspiciaba cierta propaganda patriótica para instalar en Venezuela la “República Burguesa”, en una curiosa y ambigua asociación comunista-capitalista y que tenía como objeto final la realización completa del programa comunista. Tres años más tardes, en 1926, se constituía en Nueva York la primera célula del Partido Revolucionario Venezolano (PRV), de tendencia comunista y de la cual formaban parte integrante Salvador de la Plaza, Gustavo y Eduardo Machado, Pío Tamayo, Ricardo Martínez y Julio César Martínez, entre otros. Llama la atención el dinamismo con el que se movían los comunistas venezolanos en el exterior y la conexión que tenían con organismos internacionales, tales como la Liga Antiimperialista de las Américas, en el Comité “Manos fuera de Nicaragua” y en las asociaciones de solidaridad internacional. Otro ejemplo de lo descrito anteriormente, fue la actuación del PRV en la ciudad de México, donde lograron trasladar la sede del Partido dirigido por el Dr. Carlos León. Curiosamente, este personaje recibía pagos por sumas de hasta 10.000,00 Pesos Oro Nacional, y cuyas órdenes se hacían a cuenta de los gastos secretos de la Presidencia de la República de México.

      Pero la situación tampoco les resultaba fácil a los revolucionarios criollos en el exterior, al parecer la actividad comunista era fuertemente perseguida por los gobiernos latinoamericanos y de Europa occidental, dirigentes como Salvador de la Plaza, Gilberto Gil, Gustavo Machado, Pedro A. Juliac y J.A. Silva, fueron acusados y perseguidos como comunistas organizadores de complot contra los gobiernos; obligados de esta manera a huir de Cuba (1927) y de México (1928), Igual suerte corrieron los comunistas venezolanos residenciados en Estados Unidos, Francia, España, Costa Rica y algunas islas del Caribe, Gustavo Machado probó nuevamente el sabor de la expulsión en Francia en 1928, Rómulo Betancourt y Juan José Palacios fueron desterrados de Costa Rica en 1934, mientras que en España, Gustavo González era enjuiciado ante un Tribunal Militar y luego expulsado de ese país por estar vinculado con actividades comunistas.

      Todos fueron expulsados de esos países, precisamente por su condición política o por la realización de actividades conspirativas a favor del comunismo, las operaciones de los comunistas venezolanos se desarrollaban en el seno de los partidos comunistas locales de Cuba, México, Centroamérica, Colombia, o apoyados en medios como la prensa y la correspondencia clandestina.

      Tenían como órganos de publicidad algunos periódicos: en Nueva York “Libertad”, “El Antiimperialista”, “El Obrero Libre”, “Vida Obrera”, “Acción Cívica”; en Cúcuta: “Pío Gil”; en Panamá: “La Chispa”; en Medellín: “La Defensa”; en Cuba: “Bandera Roja” y “El Relator”, entre otros.

      A la par que se desarrollaban las actividades comunistas de venezolanos en el exterior; en Venezuela, desde 1928 hasta 1935, no cesaron los movimientos y manifestaciones promovidas por dirigentes comunistas y socialdemócratas. En 1928, bajo la dirección de Pío Tamayo, se inició y fomentó el primer brote comunista en el país. La celebración de la Semana del Estudiante, fue el escenario propicio, para llevar a cabo la algaraba en la que se hizo célebre el famoso discurso de Jóvito Villalba ante la estatua del Libertador. Pero no bastaba con la organización de actividades de calle, era necesario la fundación del Centro de Estudios Comunistas de Caracas. No fue sino a partir de 1931, que empezó la división e implementación de un radio de acción concreto de la propaganda, a señalar y planificar actos de índole comunista. Una de esas acciones fue una sorprendente protesta de 300 obreros sin trabajo en la Plaza Bolívar de Caracas con carteles que decían “Viva Gómez”, “Queremos Trabajo”.

      La reacción del gobierno gomecista, ante las campañas y manifestaciones de estudiantes y de miembros de los incipientes partidos comunistas o socialdemócratas, estaba acompañada de los horrores y la brutal represión. Muchos presos llevaban grillos en los pies, a menudo de sesenta libras de peso, por lo cual los llamaban sesentones. Aquella violencia desplegada por los funcionarios policiales y allegados del gobierno, también era ejercida por los Jefes Civiles de cada pueblo. El jefecivilismo como se denominó la práctica abusiva y el atropello ejecutado por los Jefes Civiles fue considerado un azote nacional por la oposición al régimen. El gobierno también llevó a cabo una campaña de captura y detenciones contra militantes políticos asociados a organizaciones de izquierda o comunistas. No en balde, hay una extensa documentación relacionada con las declaraciones de prefectura, en las que los detenidos eran sometidos a una serie de preguntas e interrogatorios, que tenían que ver con el tipo de actividades políticas planificadas, la organización del movimiento comunista, las reuniones, la propaganda y el financiamiento monetario. Los declarantes, quizás para evitar mayores complicaciones penales, afirmaban que sólo se limitaban a conversar con los obreros y estudiantes sobre la necesidad de constituirse en gremios. A menudo, evitaban hablar acerca del comunismo porque no todas las experiencias habían sido positivas, sobre todo, con algunos sectores del movimiento estudiantil que eran completamente reaccionarios a dicha corriente política y la mayoría de los obreros no entendían aquellas ideas de origen marxista-leninista.

II. Las organizaciones, las contradicciones intercomunistas y los programas.

     Entre las organizaciones que preludiaron los partidos políticos modernos, para la época de los gobiernos de Gómez y López Contreras, básicamente se encontraban dos: el Partido Revolucionario Venezolano (PRV) y la Agrupación Revolucionaria de Izquierdas (ARDI), el primero fue el germen del Partido Comunista de Venezuela, dirigido por Salvador de la Plaza, Gustavo Machado, Pío Tamayo y Rómulo Betancourt, por mencionar a los principales líderes que luego ejercerían la dirección de los partidos surgidos durante los gobiernos de la Transición. No obstante, y a pesar de que en la izquierda venezolana no habían diferencias en cuanto a la ideología, la doctrina y los propósitos, estaban presentes los desacuerdos en cuanto a los métodos y tácticas, que se extendieron al denominado Bloque del Caribe, órgano sometido a las directrices de la Internacional de Moscú. De estos desacuerdos surgió la formación del grupo ARDI, liderado por Rómulo Betancourt y cuyo propósito premeditado y firme era atraer simpatizantes, adherentes, colaboradores y propagandistas comunistas, dentro y fuera de Venezuela.

      En el Libro Rojo del General López Contreras, se señalan los objetivos de ARDI como una oferta engañosa, que bajo una campaña democrática pretendía cautivar a las clases trabajadoras, pero a las masas analfabetas, a los estudiantes poco dados al lenguaje marxista, a los exiliados moderadamente radicalizados, a los empleados de comercio más o menos preparados y a las mujeres venezolanas.

participacion-femenina-en-la-manifestacion-del-14-de-febrero-de-1936-imagen-tomada-de-memorias-de-venezuela-no-10-agosto-2009Participación femenina en la manifestación del 14 de febrero de 1936, imagen tomada de Memorias de Venezuela Nº 10, Agosto 2009.

     Desde el punto de vista ideológico y programático, la incipiente izquierda del siglo XX venezolano, se apropió de teorías radicales que proponían la toma del poder político por vías revolucionarias, y en cierto modo, se justificaba ante la ausencia de una alternativa electoral, pues el régimen gomecista ya tenía más de veinte años gobernando con mano de hierro al país. Consustanciado con esos postulados, el máximo líder de ARDI, Rómulo Betancourt, ya distanciado del Bloque del Caribe y de la Internacional de Moscú, publicó un folleto que concluía con la siguiente síntesis: destrucción del despotismo y la alianza capitalista-caudillista. Por ello, se declaraba enemigo irreconciliable de la burguesía imperialista internacional y su aliada nativa, la clase nacional de latifundistas, de grandes comerciantes de la agricultura y del caudillaje militar.

      Una primera iniciativa política de ARDI y de los comunistas venezolanos fue la creación de un Frente Popular para fomentar el movimiento revolucionario que acogiera personas de las más diversas corrientes del pensamiento. Figurando como los máximos organizadores del Frente Popular estaban, entre otros destacados dirigentes, el Doctor Luciano Mendible, Manuel Felipe Rugeles, Raúl Leoni y Rodolfo Quintero.

      Dada las consideraciones y el análisis de la situación política nacional, la naturaleza del régimen gomecista, los comunistas venezolanos diseñaron el Plan de Barranquilla y el Proyecto del Frente Popular. Ambas propuestas tenían coincidencias en sus princsello-del-partido-comunista-de-venezuelaipios que justificaban la liquidación de la tiranía. Llama la atención que el primer punto del plan definía el problema de las relaciones civiles-militares, por cuanto advertía que hombres civiles debían estar al frente del manejo de la cosa pública y excluía a todo el estamento militar del mecanismo administrativo. Los otros elementos inmersos en el plan lo integraban: la libertad de expresión y de pensamiento, la confiscación de los bienes de Gómez y sus allegados, la creación de un Tribunal de Salud Pública para sancionar los delitos del despotismo, campañas de alfabetización, revisión de los contratos y concesiones celebrados por la nación con el capitalismo nacional y extranjero y la convocatoria en un lapso no menor de un año de una Asamblea Constituyente. Otros aspectos de interés para una política transitoria hacia la democracia venezolana lo constituían la lucha por la reducción de la jornada laboral a ocho horas, la libertad absoluta para la organización de los partidos políticos, la abolición del reclutamiento forzoso y la defensa de la autonomía universitaria y una educación pública que incluía la creación de las escuelas técnicas de artes y oficios, como función del Estado.

     Para 1936, se había ampliado y consolidado el proceso organizativo de la clase obrera venezolana con la aparición de los sindicatos de obreros petroleros en el Zulia y de Choferes y Artes Gráficas en Caracas. Lo verdaderamente significativo de este proceso y su importancia se debió al trabajo realizado por los dirigentes de los partidos políticos y la existencia de una fuerza laboral que se había convertido, independientemente del número de trabajadores, en el soporte del aparato económico e industrial venezolano.

      Desaparecido Gómez del escenario político venezolano, el gobierno de López Contreras lanzó su famoso Programa de Febrero de 1936, sobre la base de la continuidad del Proyecto Nacional. Mientras tanto, el recién creado Partido Republicano Progresista (PRP), en cuyo seno también habían comunistas, urgía porque se adoptaran las siguientes medidas: a) la soberanía reside en el pueblo; b) garantía efectiva de derechos políticos y ciudadanos; c) sufragio universal; d) mandato revocable y representación proporcional; e) autonomía municipal y sustitución de los Jefes Civiles; y f) creación de la carrera administrativa como garantía de la funcionalidad y transparencia de las instituciones del Estado, además de garantizar la libertad política de los funcionarios públicos.

III. Las fórmulas legales del anticomunismo 1928-1936.

      Hacia 1928, se incrementaban las actividades de los militantes comunistas en Venezuela, pero la reacción gubernamental contra los seguidores de las doctrinas de Marx y Lenin, también se agudizó incluso en el ámbito de la legalidad. Pedro Manuel Arcaya, entonces Ministro de Relaciones Interiores, propuso un apartado constitucional que prohibía la propaganda comunista. En sus memorias, Arcaya expresaba que preveía los grandes peligros que sobrevendrían si la propaganda comunista se infiltrase en Venezuela. De esa manera, logró que en el artículo 32 de la Constitución de 1928, se insertase el inciso sexto que rezaba textualmente de la siguiente manera: “Queda también prohibida la propaganda del comunismo”. Quedaba refrendado constitucionalmente el anticomunismo en Venezuela.

Propaganda Comunista, imagen tomada de independencia 200 1937, año 2011.Propaganda Comunista, imagen tomada de independencia 200 1937, año 2011.

      Posteriormente, en 1934, el Senado de la República aprobó un acuerdo en el que se le solicitaba al Ejecutivo Nacional, medidas más enérgicas y contundentes para evitar la propaganda comunista. El resultado de ese acuerdo fue una inmediata campaña feroz contra los activistas marxistas, en especial, hacia el Partido Comunista de Venezuela. Luego de la muerte de Juan Vicente Gómez en 1935, el general Eleazar López Contreras asumió de manera transitoria la primera magistratura del país hasta el 25 de abril de 1936, fecha en la que fue electo Presidente Constitucional de los Estados Unidos de Venezuela por el Congreso Nacional. El gobierno lopecista se inició con una inaugural movilización popular que incluyó la presencia femenina el 14 de febrero. Luego se llevaron a cabo las huelgas generales de mayo y junio, así como la huelga petrolera, todas bajo la consigna de mejoras en las condiciones laborales y salariales del incipiente proletariado venezolano.

      Mientras se daban estas acciones, el gobierno de López Contreras, que ideológicamente estaba influenciado por el Positivismo, fortaleció el aparato legal contra la penetración del fantasma del comunismo. Muestra de ello, fue la aprobación en el Parlamento de la Ley Lara en junio de 1936, con la finalidad de controlar las manifestaciones de la oposición y reprimirlas si era necesario. Además de la mencionada Ley, se propuso la ampliación del mencionado inciso sexto, que no sólo prohibía la propaganda bolchevique, sino que la consideraba “contraria a la independencia, a la forma política y a la paz social de la nación (…) y los que la proclamen, propaguen o practiquen serán considerados traidores a la patria y castigados conforme a las leyes”. Aunada a esa proscripción, la Ley facultaba al Ejecutivo Nacional a impedir la entrada al territorio de la República o expulsarlos de él, por el plazo de seis meses a un año si se tratase de venezolanos o por tiempo indefinido si se tratase de extranjeros. Si durante el gobierno de Gómez el comunismo se veía como una amenaza lejana que fue usada para reprimir al movimiento estudiantil que manifestaba en las ciudades; en tiempos del lopecismo, dicha amenaza era una realidad, con saldos organizativos en sectores populares, estudiantiles y obreros.

      Los preceptos legales dispuestos por los gobiernos de la Rehabilitación (Gómez) y de la Transición (López Contreras), sirvieron para extender las acciones represivas contra la oposición independientemente de su filiación ideológica, y cuyo punto culminante fue la expulsión en 1937 de un grupo importante de políticos venezolanos, entre ellos a Rómulo Betancourt.

Fuentes consultadas:

Battaglini, O. Venezuela 1936-1941: Dos proyectos democráticos. Caracas, Monte Ávila Editores, 2006.
Carrera Damas, G. Una nación llamada Venezuela. Caracas, Monte Ávila Editores, 2006.
Libro Rojo del General López Contreras 1936. Documentos robados por espías de la policía política. Caracas, 6ta Edición, Ediciones Centauro, 1985.
Mijares, A. Coordenadas para nuestra historia. Temas de historia de Venezuela. Caracas, Monte Ávila Editores, 2000.
Revista Memorias de Venezuela Nº 10, agosto de 2009. Fundación Imprenta de la Cultura, Caracas, Venezuela.

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