DOSSIER. 5.3: Las mujeres de Ocumare del Tuy y sus faenas…

Por: Isaloren Quintero Bernal

 

     A estas alturas de la historia no está en discusión el aporte y trabajo de las mujeres. Sin adentrarnos en las profundidades teóricas de las categorías marxistas, las mujeres desde siempre han trabajado; han trabajado muchísimo y sigue siendo poco el re-conocimiento de las características, formas y modos de realizarlo, tanto como del reconocimiento de sus aportes a la construcción de humanidad.

     En Los Valles del Tuy, así como en la mayoría de los pueblos de nuestro país a finales del Siglo XIX y principios del Siglo XX ya las mujeres trabajaban respondiendo al rol de tareas “tradicionales” asignadas social y culturalmente. Este trabajo podía ser en áreas de la pequeña manufactura (tejer capellá, atarrayas, sombreros, cestería en general), el comercio (venta de dulces, comidas, coronas de flores) y servicios (lavar y planchar a domicilio, cuidar niñas, niños, adultas y adultos mayores).

Faenas Diarias tomado de yezidarteta.wordpress.com

Faenas Cotidianas imagen tomada de yezidarteta.wordpress.com

     Se mantenía así la división de tareas, siendo la reproducción y mantenimiento de la vida doméstica la principal responsabilidad asignada a las mujeres, lo cual no la eximía de “ayudar” en actividades más pesadas como la agricultura, matar ganados, criar pollos y cerdos. 

     Muchas de estas faenas si bien las realizaban las mujeres solas, cada una en sus confines domésticos, muchas tareas como lavar, pilar el maíz y tejer alpargatas las realizaban juntas, no como colectivos (lamentablemente nunca ha sido generalizado el concepto de trabajo colectivo para aliviar nuestras cargas domésticas, por ejemplo lavanderías comunitarias, masificación del cuidado de niñas, niños, enfermos), pero sí congregadas en espacios comunes.

     Así pues, era usual que grupos de mujeres se reunieran a lavar en el río Ocumarito o en la quebrada de Aragüita, en el paso que llamaban Los Nísperos, a la altura del puente de la actual avenida Miranda. En estos espacios las mujeres se concentraban con sus energías, sus fuerzas transformadoras y sus cuentos. Cada quien en sus espacios pero juntas en la solidaridad de la pregunta – ¿y cómo sigue Doña Juana? – y me enteré que la hija de Misia Ana parió ayer; – ¿fulana, y te prendió la mata e’ sábila que te lleve?.

     Mujeres, jóvenes, adultas, mayores, casadas o solteras, diferentes y diversas, igualadas en la desigualdad.

     Son incalculables las horas de trabajo y faena de las mujeres. Desde las 5 de la madrugada, antes del despertar los sueños, ya las mujeres estaban ‘ajilaítas’ y en ‘volandillas’ para tejer capellá, cocinar dulces capaces de enamorar los paladares más exigentes, amasar el ‘pan de horno’ o para ir a comprar el maíz ya molido o el nepe para los cochinos en alguno de los pilones que existían para la época, el más antiguo era el de Marcelino Alba, ubicado en Sabana de la Cruz, el de Narciso Barroso ubicado en Los Mamones, hoy calle El Calvario o el de ‘El Gordo’ Betancourt ubicado en la llamada ‘bajada de la máquina’, hoy avenida Miranda.

Mulata Frutera, imagen tomada de Elias Pino Iturrieta y Pedro Calzadilla La Mirada del Otro Viajeros Extranjeros en la Venezuela del siglo XIX Caracas, Fundación Biggot 1987.

     Siendo las mujeres las principales beneficiarias de un molino, llama la atención que en Ocumare del Tuy, los que habían estaban en manos de los hombres y los ‘piloneros’ todos eran hombres. He allí una característica de la pobreza, su rostro femenino evidencia los determinantes sociales que siguen presentes aun,  hoy en pleno Siglo XXI:

     El 70% de las personas que viven en pobreza extrema son mujeres (…) y es que el sistema patriarcal y la perpetuación de roles en función del género fomenta unas desigualdades sociales en las que las mujeres cuentan con mayores dificultades, especialmente en los países del Sur, para desarrollar una vida digna.

     Las mujeres no pretendemos martirizarnos ni victimizarnos, nos reivindica nuestro trabajo, permanente, sistemático, constante. Son muchas, infinitas mujeres laboriosas y afanadas que con su trabajo cotidiano y hacendoso fueron construyendo este pueblo. Rendir homenaje a estas mujeres y a sus faenas es aún una deuda con la historia contemporánea de nuestra región. Necesario es la sistematización en cada pueblo de estas mujeres. Sabiendo del riesgo que supone dejar a muchas por fuera, humildemente y gracias a la memoria de mi padre el ‘Niño’ Quintero que guarda los recuerdos de los cuentos de su madre Ysabel Ramona Panza y de su abuela Ysabel Patricia Segunda Panza Castro me atrevo a recordar en este momento a estas mujeres de Ocumare del Tuy…

Mujeres de Ocumare y sus Faenas o actividades  diarias, datos de Isaloren Quintero

Mujeres de Ocumare del Tuy y sus faenas o actividades dirias, datos de Isaloren Quintero. 2013

     A todas ellas, que entregaron sus fuerzas, gastaron sus huesos y nos dejaron su sabiduría, a ellas nuestro reconocimiento, algunas aún viven y siguen tejiendo con sus recuerdos, nuestra propia historia…

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