DOSSIER 4.2: Mopia una rica historia por contar

Por: Leonardo Delgado

    Esta tierra tereseña donde habitaba la nación originaria quiriquire, resguarda una fascinante y mágica historia, ansiosa por que la escudriñen y descubran. Es una historia que no está contada del todo y que pocos se han dignado a sacar a la luz indicios importantes para la construcción de esta historia local. Historia que sería fundamental para crear el sentido de pertenencia.

     En relación al origen del nombre de la urbanización Mopia es pertinente decir que existen varias versiones aún por definir, la que tenía más fuerza era que Mopia obedecía a las siglas de “Molinos Para la Industria Azucarera, pero esta aseveración se cae por su propio peso cuando vemos que el proceso de industrialización de la caña empieza a tener su mayor auge en la segunda década del siglo XX mientras que ya desde 1891 el historiador Telasco Macpherson en su diccionario del estado Miranda da cuenta de la existencia Mopia como caserío-hacienda del municipio Santa Teresa, distrito Paz Castillo, sección Bolívar, con 31 casas y 169 habitantes. También algunas personas dicen que han escuchado que Mopia es un vocablo indígena o africano, esto último no hay que soslayarlo si vemos que para 1808 ya la palabra Mopia existía, en documento que explica la lucha entre ganaderos y añileros en los linderos de la hacienda Mopia, según fuente de la colección privada Machado Zuloaga.

Ruinas de la Hacienda Mopia en Santa Teresa del Tuy, año 2013, autor Leonardo Delgado

     Pero yéndonos más atrás, en 1783, cuando el padre Mariano Martí hace su visita pastoral a estas tierras, en sus documentos se puede encontrar que este nombra a Mopia también, lo que quiere decir que es imposible que el nombre Mopia surgiera por las siglas de la industria azucarera, lo que sí pudiera decir es que la misma cuadró perfectamente como siglas al nombre que le quisieron colocar a la industria de la azúcar. Otro aspecto a tomar en cuenta y por seguir investigando es que este toponímico existe en Gabón, país centroafricano, como un lugar montañoso. Según datos de Manuel Díaz Freites esta hacienda abarcaba además de Mopia, otras haciendas como la Tortuga, Pueblo Viejo, La Guayana, y unas de gran extensión denominadas Corralito y Buena Vista, todo lo cual reúne una superficie aproximada de 780 hectáreas, pero sólola hacienda Mopia está comprendida dentro de los siguientes linderos: por el norte con la hacienda Las Monjas; por el sur con el rio Tuy; por el este con la acequia de las mismas haciendas y por el oeste con el río Guaire. La hacienda Mopia perteneció a Don Juan Martin Tovar Ibañez abuelo del famoso pintor en el siglo XIX (Martín Tovar y Tovar).

     Luego pasó a manos de un trujillano llamado Emilio Rivas, pasando luego a ser dueño de la hacienda el General Elbano Mibelli, otro trujillano que participó en la revolución restauradora y fue además fue Gobernador de Caracas y Ministro de Agricultura. Para 1963 los ingenios Mopia y Santa Epifanía, debido a su poca productividad, deciden unirse y formar la empresa Centrales del Tuy, que para 1965 perteneció al Grupo Vollmer, según datos de la historiadora Catalina Banko. Ciertamente la hacienda-trapiche Las Monjas data de los tiempos de la Colonia. “La producción del azúcar se llevaba a cabo en haciendas, donde se elaboraba azúcar moscabada, papelón y aguardiente para satisfacer la demanda de los mercados locales” (Banko, 2008). Esta hacienda fue el motor productivo y económico en esos años pero, ahora está sumida en ruinas y la gente olvidándose cada día más de lo importante y esplendoroso que llegó a ser.

     La urbanización Mopia actualmente llamada Gran Mariscal de Ayacucho desde que fuera refundada a finales de los años ’80 del siglo XX, también tiene entre sus tierras a la hacienda Las Monjas y el Convento de Clausura de Las Monjas Concepciones, lugares que están olvidados entre ruinas y maleza, despojadas de sus pertenencias. Muchas personas ignoran que existen estas edificaciones y la vida del mopiense transcurre como si no tuviéramos una hermosa historia que defender para empezar a realizar un movimiento cultural y transformar la vida de la comunidad de una vez por todas. Esa es una tarea pendiente, al igual como lo es la consecución de la investigación de nuestra historia local.

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