Encuentro con la antropología y la historia prehispánica de mesoamérica.

Por: Jesús Silva Yrazabal.

     Hay lugares que no se pueden dejar de conocer al llegar a un país: Panamá y su canal inter-oceánico, en Florida la Nasa, o en México el Museo de Antropología, donde encontramos probablemente el monolito más antiguo que se conserva de la cultura prehispánica de América, la Piedra del Sol o Calendario Azteca. El Museo Nacional de Antropología de México es una obra magistral que no sólo aporta conocimientos sobre la cultura mexicana, sino que orienta en el conocimiento de las culturas de nuestra América indígena.
     En un recorrido de 12 salas pasamos de paleontología, estudio de la vida prehistórica animal y vegetal mediante el análisis de restos fósiles, a la arqueología donde mediante los restos materiales hacemos la reconstrucción de la vida de los pueblos antiguos, hasta llegar a la antropología, donde vemos al ser humano en su perspectiva biológica, social y humanista.
     Como institución debidamente organizada iniciamos nuestro recorrido por la sala de introducción a la antropología, mediante reproducciones se puede observar la evolución de la vida en la Tierra, desde los primeros seres que vivieron en el mar hasta el hombre moderno con sus características físicas.
     El poblamiento de América, mayoritariamente procedente del norte y noroeste de Asia y en menor grado de Oceanía y África, se muestra en la sala correspondiente junto a instrumentos de piedra de cazadores prehistóricos.
     El preclásico en el Altiplano Central Mexicano muestra el desarrollo y florecimiento de las sociedades agrícolas mediante el uso del maíz y otros vegetales entre 2500 a 100 a.C.

Profesor Jesús Silva en la Sala Méxica, al fondo el calendario solar. año 2012

     Teotihuacán se nos presenta en una sala con los objetos más importantes descubiertos durante las excavaciones de aquella ciudad, que también visitamos al norte de Ciudad de México y donde en el presente continúan las excavaciones de los antropólogos mientras los visitantes nos embriagamos con la brisa y la visión desde lo alto de la Pirámide del Sol.
     La época tolteca muestra en su sala uno de los atlantes originales tallado en piedra del templo de Tlahuizcalpantecuhtli y otras esculturas monumentales.
     Hasta llegar a la sala central o Mexica donde se presenta el Calendario Azteca, es la síntesis de los conocimientos cosmogónicos y calendáricos de los antiguos pueblos prehispánicos. Las piedras cerámicas de esta sala recuerdan la vida cotidiana y ceremonial y las joyas de oro puro. Hablan de la elegancia del vestido de los mexicas.
     En nuestro recorrido nos encontramos con las culturas de Oaxaca: la Zapoteca con sus ciudades más importantes como Monte Albán, sus recipientes con figuras animales, hombres, sacerdotes, dioses, entre otros y la cultura Mixteca que rescataron su memoria histórica mediante la producción de códices históricos a manera de libros y sus artesanos crearon extraordinarios objetos de oro, plata, jade, azabache y el cristal de roca.
     La cultura de la Costa del Golfo creó las cabezas colosales, se destacaron el juego de pelota y utilizaron las conchas y caracoles para su vistosa joyería.
     Y así llegamos a la sala de los Mayas con su diversidad de figuras que muestran la práctica de la deformación craneal, la inducción del estrabismo, la escarificación del rostro; esta cultura se desarrolló entre 1000 a.c. y 1521 d.c. en toda la península yucateca, en Guatemala, El Salvador, Honduras y Costa Rica.
     En las últimas salas encontramos la Cultura del Occidente mexicano con fuertes tradiciones funerarias, sus jugadores de pelota, su destacada orfebrería y sus armas y herramientas de cobre de gran superioridad bélica. Y la cultura del Norte que nos muestra cestos, sandalias, y tejidos de fibra vegetal, así como sus armas de cacería.
     En la planta superior encontramos la etnografía: descripción de razas y pueblos mexicanos a partir del siglo XVI, donde se mezcla de religión católica con elementos del culto prehispánico; observamos la arquitectura de madera, paja y lodo; la vestimenta multicolor, las máscaras, la cerámica del arte popular mexicano que aún existe en el presente.

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